MIJAIL GORBACHOV, MEMORIA DE UN POLÍTICO GRANDE QUE EVOCA POESÍA Y AMOR POR TODAS PARTES

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Mijail Gorbachov ha sido el Churchill del otro lado del muro, político irrepetible en la historia, de una trascendencia fuera de lo común, pues sólo un gigante ético puede lograr y liderar las grandes hazañas y solo un político romántico es creíble para trazar el rumbo que el pueblo pide. Aquel que escucha la sonoridad poética y se vincula a la historia literaria de su país, puede escuchar al pueblo. Hoy evoco a Mijail Gorbachov porque sólo un político sensible puede cambiar la historia y volverla del revés, y llegados aquí, hay que anotar que Mijail Gorbachov, ante todo y sobre todo, fue un hombre enamorado.

Mural

Parece mentira que uno de los hombres que mayor poder tuvo en el siglo pasado hubiera cambiado todo ese poder por conservar a Raisa a su lado, a la que amó profundamente y a quien ha echado de menos toda esa existencia última de viudo desarraigado y errante. El último documental que vi sobre él nos acerca a un hombre al que subir el tramo de escalera que le llevaba a la planta superior de su casa, le costaba una hora y media. Hundido en la melancolía, pero dotado de una excelente memoria, Gorbachov recitaba largos poemas rusos y cantaba canciones románticas dedicadas a su mujer. Sin ella no soy nadie —decía— ¿De qué vale la vida sin amor? —se preguntaba en voz alta alguien que había concentrado en sí mismo un poder impensable para cualquier otro ser humano—. Solo alguien así podía comprender que el pueblo ruso necesitaba la libertad, pues todo aquel unido al romanticismo y a la sensibilidad poética de su pueblo puede escuchar lo que el pueblo desea, solo aquel que ama está dispuesto a servir y alberga generosidad más allá del poder y de sí mismo para dar al pueblo lo que pide.

Cuando vamos a enterrar a uno de los hombres más grandes del siglo  XX, me emociona pensar que alguien tan grande haya existido. Recuerdo que me emocioné también y lloré cuando le vi bajar del avión tras su secuestro, lo celebré con lágrimas porque era consciente entonces de la envergadura de su titánica labor política y porque

 

mijail gorbachov entierro

Admiraba la decencia enarbolada como bandera en la acción pública. En este arte de lo posible, no es frecuente ver gente de esta pasta, porque el hombre político, al menos el occidental, gasta una textura que se acaba y se agota en el glamour, en aquello que se ha venido en llamar la erótica del poder, es decir, el político se agota en su mismidad, a la que alimenta como un Narciso mientras la sociedad se asfixia en derredor.

Mijail Gorbachov, esa excelencia de la inteligencia política, ese ser capaz de amar, algo por otra parte tan sutil destinado a la sensibilidad extrema, fue querido por Occidente más que por su propio pueblo y fue querido, también, por todos los países del este de Europa que el último imperio de la humanidad tenía secuestrados desde la práctica finalización de la Segunda Guerra Mundial. He dicho bien. Por el último imperio de la humanidad, Rusia. Estados Unidos, quizás porque fue colonia antes que fraile, nunca ha sido un imperio, sino tan sólo una hegemonía política que, desde su liderazgo tras la primera  gran guerra, renunció al reparto de los países vencidos iniciando un proceso de reconocimiento de la autodeterminación de las naciones.

Esa hegemonía política que sigue siendo Estados Unidos abrazó la figura de aquel libertador del pueblo ruso, que llegó a la otra orilla del Atlántico para ser cariñosamente llamado Gorby. Parece mentira que el pueblo ruso haya consentido que la encarnación de la expresión política de liberación suya, terminara publicitando hamburguesas en las cadenas televisivas americanas para sobrevivir, pero así solemos ser de mezquinos con los que más nos dan. Pasó  mucho tiempo para que el gobierno ruso pusiera una escalera mecánica en la casa de un héroe nacional incomprendido, que, como he referido, tardaba una hora y media en llegar a la primera planta de su habitación.

Ha muerto un hombre grande pero su último sucesor no irá a su entierro, un sucesor indigno enriquecido en el poder y empeñado en derribar todos los puentes que permiten la convivencia  razonable de la humanidad. Alega problemas de agenda pero todos los miserables ponen distancia entre ellos y la grandeza que les supera. Putin huele a muerte al lado de alguien tan vivo como Mijail Gorbachov, la muerte en determinados hombres solo es el primer peldaño para el reconocimiento y para el consecuente ascenso a la gloria. Gorbachov es vida porque es memoria del siglo XX y representa uno de los grandes logros de la historia política contemporánea de la humanidad. Hace tiempo que este gigante debería haber muerto, no sólo para que su figura se ensalce sino para reencontrarse con Raisa, hace tiempo que debería haber muerto porque hace tiempo que ya no tenía sentido una existencia que sólo era un bagaje entre melancólico y humillante, melancólico por un amor perdido y humillante porque su figura no ha sido comprendida por su pueblo. Quizás su muerte pueda servir como revulsivo frente a la nueva tiranía que aplasta la libertad del pueblo ruso, quizás su muerte pueda darnos esperanza y Rusia se alce contra quien ha marchitado el legado de un gran hombre enamorado. Gorbachov fue un hombre enamorado, por supuesto de Raisa, pero también de la existencia, de la vida, de su pueblo, de ese gran pueblo que, sin embargo, no se levanta contra los tiranos y los consiente. Gorbachov se va machadiano, desnudo como los hijos de la mar, pero su memoria reverdecerá el mundo y nos permitirá respirar pensando que de vez en cuando tenemos políticos de verdad.

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