MIEDO

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Que vivimos tiempos difíciles es conocido, no descubro nada al decirlo. La incertidumbre acecha, pasados los tiempos de burbuja prospera en que todos nadábamos con impune inconsciencia.

Hay precariedad laboral. La hipoteca pende sobre nuestras cabezas con  imágenes de desahucios, muebles en aceras, lágrimas y antidisturbios pegando palos. Los que tenemos trabajo, tememos perderlo; los que no lo tienen, temen no volver al mercado laboral y quedarse nadando en el limbo de la inacción por los siglos de los siglos. De acuerdo, hay miedo.

Miedo a vivir, miedo a enfermar, miedo a morir, miedo a quedar en la total precariedad que nos impulse a un mundo de mendicidad. No exagero, oigo a diario todos estos miedos expresados de diversas maneras. Hasta que el miedo se nos cronifica, se nos expande y nos invade hasta la intimidad. Y dejamos de comportarnos como personas sensatas para ser temerosos cobardes que tragan con todo.

La portada de Juan Luis Cebrián en Jot Down que nunca se publicó.
La portada de Juan Luis Cebrián en Jot Down que nunca se publicó.

Verán: tiene que ser miedo el que lleva a periodistas de talla a callar las tropelías de un jefe gañán que impele a dar la noticia en primera plana, de cómo están los supermercados en Venezuela (no es broma, miren el  País, del día 29 de Abril) y no dicen ni mu, de la expulsión de un compañero de tertulias de la Ser y de que se impida a cualquier periodista de PRISA participar en programas o artículo de los proscritos que se atrevieron a publicar que la ex señora del jefe, tenía ofshores en Panamá. Las noticias de corrupción que hasta la fecha ha dado el País han sido muchas y variopintos los acusados. Pero, el señor Ciudadano C. dispone de vida y hacienda de sus subalternos pasándose la libertad de prensa, por sus escasas gónadas. Y los periodistas, tragando, aunque algunos son estrellas rutilantes de radio y podrían vivir sin la SER, pero con cierta dignidad, una profesión que dicen amar: será por miedo.

Miedo deben tener tanto simpatizantes, militantes, votantes de los diferentes partidos políticos, de la vieja y la nueva política (¡ay! que se contagian bien pronto de las malas artes) cuando no chistan ante los desaguisados que los líderes/as, liderillos/as, barones/as, cuando interponen su voz de mando, al sentido común, hacen sus cuentas,  sumas y  restas e imponen una política que les lleva directamente al descabello. Miedo tiene que ser cuando callan, los votantes, simpatizantes del PP, viendo al simiesco Hernando sonreír ante las víctimas de Angrois y no digo nada sobre sus socios, esa oposición doméstica y domesticada que les apoya y les corea. Me niego a pensar que todos los que votan al PP, tengan esa veta siniestra y rastrera del portavoz Hernando. Los subalternos, lo ven,  lo saben, porque en petite comité, lo confiesan con dulce pena. Miedo. Por eso callan y propician el descalabro, aunque si se plantaran, si pusieran encima de la mesa la autoridad que como  ciudadanos/as, tenemos, no les quedaría otra, a los liderillos/as que hacernos caso. Somos más, les podemos, solo que no nos damos cuenta.

Hay silencio cuando nos vejan en ventanillas, hospitales, centros oficiales, de los que salimos voceando y boqueando como peces fuera del agua, pero sin reclamar, sin hacer valer los derechos de ciudadanía que poseemos. Y digo bien: poseemos. Porque no se nos concede, no se nos regalan los derechos. Son nuestros, pagados con el esfuerzo de ganar ese puñetero pan con el sudor de la frente y ellos, los que creemos poderosos,  nuestros asalariados. Miedo, otra vez.

«Hay silencio cuando nos vejan en ventanillas, hospitales, centros oficiales, de los que salimos voceando y boqueando como peces fuera del agua, pero sin reclamar, sin hacer valer los derechos de ciudadanía que poseemos.»

Miedo a cambiar el voto, a hablar: “no sea que…vengan los otros y nos quiten la nada que nos quitaron éstos hace tanto”. Miedo a probar, miedo a cambiar. Estamos instalados en nuestra zona de confort y no hay quien nos mueva. Solo ese miedo, ese anquilosante temor, puede explicar que sigamos votando a ladrones o/y a inanes, ineptos que nos han demostrado hace mucho que van a su puta bola. Solo el miedo puede hacer que callemos, o que viremos el rostro cuando alguien opina divergente y se chiste con urgencia, porque “hablar de política es feo,  no resuelve nada,  porque ser tan rebelde es anti sistema, y ya estás otra vez dando por el saco con la política”: Miedo.

 Miedo a perder lo que no tenemos, aunque sean migajas,  miedo a gritar lo que nos ahoga. Miedo a ser nosotros mismos, a tener el sacrosanto derecho de buscar una vida mejor, una incierta felicidad y dar a los nuestros lo que merecen. Y callamos. Nos convertimos en esas parejas  que se detestan cordialmente, apenas se hablan, ya ni se conocen por no mirarse, pero no se separan por miedo a estar solos.

Los que dimos la vuelta al miedo, forzados por circunstancias vitales ineludibles, sabemos, que no hay peor enfermedad que el miedo. Tenemos la certeza que el temor camina con paso raudo detrás de nosotros, nos alcanza siempre y nos aprieta el cuello, por mucho que huyamos. Sabemos que enfrentando los temores, mirándolo a los ojos,  hay cierta posibilidad de vencer. La derrota no nos la hace el enemigo, nos la propicia nuestra inquietud. Mi propuesta, (éste artículo está quedando auto ayuda, total) es que cada día saltemos la pequeña valla que nos puso el miedo. Haremos músculo, verán ustedes como en breve les cantan las cuarenta al alguien. Y se quedan tan anchos, oye. Incluso, hasta, si nos lo proponemos, damos una patada en mitad del culo al don Tancredo de la Moncloa. O similar.

BLOG LITERARIO MARÍA TOCA CAÑEDO
ESCRIVIVO

1 COMENTARIO

  1. Resulta evidente que el miedo tiene su inequívoca influencia… pero lamentablemente considero existen otros factores que contribuyen a hacerlo incluso más poderoso si cabe… factores como podrían ser, la ignorancia, la estupidez, la terquedad, la falta de criterio y capacidad para ser objetivos ante determinadas noticias y comportamientos de ciertos políticos con responsabilidades gubernamentales que salen a la luz…
    También esos son peligrosísimos y lamentables factores que impiden la regeneración y el progreso de este país… el don «erre que erre» que apoya incondicional e irracionalmente contra viento y marea las siglas de cualquier partido político haciendo oídos sordos y vista gorda a cuantos inadmisibles escándalos de corrupción puedan surgir una y otra vez…
    Resulta verdaderamente increíble que a fecha de hoy y después de sabido lo sabido y visto lo visto, todavía puedan publicarse encuestas que reflejen que cierto partido político sigue siendo el primero en intención de voto para las elecciones de Junio…
    Dónde podemos esperar llegar y qué esperamos poder alcanzar con semejante nivel intelectual y de terquedad entre el personal con derecho a voto…???

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