MI QUERIDO DIARIO. LA NIÑA

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Querido diario,

¡Cuánto tiempo! Agradecida estoy de este espacio maravilloso donde escuchas sin juicio, así, aplicando el oído para no perder palabra.

Yo, por mi parte, las voy acariciando a las palabras para que no traicionar el sentido que van cobrando a medida que caen sobre el lienzo en blanco. Pintan imágenes pobladas de matices mientras mis dedos osan cubrir el espacio de este diario con un cuentecito.

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La niña

Anduvo buscando por los cajones fotos de la infancia para mostrarlos a los amigos. Era la consigna del grupo, comenzar por ahí. No aparecían por ningún lado. Como si el destino la hubiera eliminado de aquellos álbumes de fotos desordenados, donde algunas fotos más recientes se habían comido a las antiguas. En cajones repletos de vinilos y llaves de puertas inextricables que nunca se llegaron abrir, hurgó como un ladrón en el baúl de los recuerdos.

Algo prohibido la llenó de rubor: vio a sus dos hermanos a distintas edades y también a sus padres en fiestas de boato. Y, aunque ella no aparecía, recordó cómo en tiempos su padre sacaba la cámara reflex, un tocho, y disparaba balas intrépidas tratando de captar su espera paciente impaciente en mil posturas: Sonríe. Así no. No sonrías tanto. Simplemente abre los labios. Entorna los ojos. Eso, una caída de ojos. Qué pestañas más largas… yergue el cuerpo, como si estuvieras orgullosa de ti misma.

Otras veces, los ajustes de cámara transcurrían sin comentario alguno, en un silencio pesado que caía sobre su cuerpo delgado. En todo caso, la niña se iba irritando, se le fruncía la cara, y su cuerpo ya temblaba de impaciencia. Papá, venga, date prisa, me esperan.

El luchaba con aquel artefacto pesado, astuto, incisivo, captando todos los estados de ánimo de la niña.

La cámara podía también con él: un día se le cayó al suelo y los vidrios se hicieron añicos…. la niña escapó ligera, sin mirar atrás.

Hoy sí que hubiera deseado verse en tantas instantáneas que, como abanicos chinos, ocultan esa cara única que las contiene a todas..

Hoy sí quería salir en la escena a toda costa. ¿Dónde estaba? Tanta paciencia de niña acumulada y ahora nada de nada.

Mejor, así comienzo de nuevo una niñez sin foto, sin velo ni desvelo.

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