MI PADRE ES UN SER MUY ESPECIAL

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Aunque debo reconocer que el lenguaje inclusivo es necesario puesto que su  finalidad es no discriminar a un sexo, género social o identidad de género en particular, evitando perpetuar estereotipos de género, utilizando para ello nuevas expresiones, sin embargo no entiendo  la manía de que con ello debamos cargarnos el idioma y el status quo.

Y, como el tema es muy amplio y no quiero distraerme con posicionamientos políticos que lo único que buscan es la confrontación, tanto dialéctica como política -donde determinados representantes o tal vez deba decir “representantas” de la izquierda radical se siente como pez en el agua-, es mi intención centrarme en un día muy especial, como es el día del padre -celebrado ayer- para la gran mayoría de las familias de este país, algunas  con capacidad de engendrar hijos y otras por adopción, todas ellas familias parentales, esto es, las de toda la vida, formadas por el padre, la madre y los hijos.

Aunque debo reconocer que tal celebración no es mucho de mi agrado, sobre todo por el aspecto marquetinizado con suculentos beneficios para el comercio que, tampoco viene mal para  sanear la maltrecha situación económica actual del país; debido a que se termina perdiendo la consciencia que la celebración de cualquier evento, circunstancia o causa, no puede distraernos de la realidad de que el año tiene 365 días y que, por lo tanto, el día del padre, el de la madre, el del orgullo gay, el del cáncer o, cualquier otro, debe serlo todo el año, no por la necesidad de la lucha incesante por lo justo con el fin de evitar que las injusticias se enquiste, sino también, por la necesidad de reconocimiento a esas personas que nos han engendrado, sin olvidarnos, por supuesto  de esas otras formas de familia entre personas del mismo o distinto sexo.

Una larga introducción, pero necesaria, no para demostrar que no tengo animadversión por aquello que pueda nacer del amor, de las relaciones humanas consentidas, de la manifestación personal de nuestra sexualidad; sino también, para dejar claro que mi lucha a favor del feminismo lo es desde la base del respecto a esas 14 manifestaciones o formas de familia, como  familias jóvenes, familias LGTBIQ+, familias múltiples, familias migrantes, familia reconstituida, entre otras variaciones de lo que ellos consideran que debe ser la familia, si bien, me plantea la duda si realmente responden a la necesidad de un lenguaje inclusivo, o se trata de imponer distintas formas de sustantivizar relaciones que utilizan la figura del niño como elemento de reconocimiento social más que como un deber de protección a la infancia y a las consecuencias de intentar llamar familia a lo que sustantivamente no lo es o no lo puede ser, entendiendo ésta como un conjunto de ascendientes, descendientes y demás personas relacionadas entre si por parentesco o sangre, pero también por lazos legales, con un proyecto de vida en común.

Sea como fuere, siempre desde el respeto, y el reconocimiento a todo tipo de relación que encaje en lo que por definición legal se entiende por familiar, así como, siendo consciente que la costumbre hace la ley y que no todo depende de cómo se denominen las cosas, sino de cómo son en la realidad, de ahí el status quo al que me he referido; no entiendo que en la lucha contra el machismo se tengan que eliminar determinadas figuras tan importantes como lo es la del padre, y por la misma razón la de la madre, intentando destruir  o cambiar de denominación el día que las celebra, día del padre o de la madre, por el del “día de la persona especial”, aunque,  tendiendo en cuenta que la polémica se ha suscitado sólo en relación al padre, me hace sospechar de la mala intención de esa parte de la lucha feminista que sigue viendo al hombre como un enemigo.

El padre y la madre existen, desde el momento en que se engendra a un ser humano y, también es cierto, que estas figuras pueden desaparecer en la vida del niño, apareciendo otras denominadas de acogida o adopción que pueden estar sustentadas en distintas manifestaciones de nuestra sexualidad y convivencia que, sin oposición a su consideración como familia en los  términos indicados, sobre todo  en el aspecto legal, se encargan del cuidado y desarrollo integral del niño.

Por ello, no entiendo que tiene que ver el lenguaje inclusivo con ese reconocimiento a los que tienen un padre de sangre o adoptivo, pero sobre todo porque no me imagino a un balbuceante niño que en vez de repetir “mamá” o “papá”, diga “ser especial”, como si de un extraterrestre se tratase. Por favor, un poco de orden y de respeto también a lo tradicional, al vinculo que une a muchas familias.

Basta ya de rivalizar por estupideces para poner en cuestión un patriarcado abusivo contra la mujer, porque no todos los padres son malos hombres y malos esposos, y porque la figura del padre, en sus amplias manifestaciones, es tan bella con la vida y el sacrificio abnegado por un hijo; vida dentro del tipo de familia que sea, siempre que haya un hombre en ella o haga su papel, a no ser que lo que realmente se persiga dentro de ese desorden y provocación que algunas ministras del gobierno de Unidas Podemos causan, sea también cambiar la denominación de los hijos en función del grupo de familia al que pertenezca, porque pasar a denominarlos también “seres especiales”, aunque todos los son, entonces no habrá nada que celebrar.

Dedicado a mi padre. Te quiero, ojalá estuvieses conmigo.

1 COMENTARIO

  1. Magnífico y necesario artículo, lo suscribo plenamente. Defiendo la libertad y el derecho a formar el tipo de familia al que nos sintamos inclinados; pero igualmente reivindico la familia tradicional como la más idónea, según mi forma de sentir y pensar.
    Los hombres y las mujeres de forma natural se unen y procrean, no porque lo diga la Biblia, sino porque lo dice la biología….
    La biología artificialmente puede cambiarse y es también un derecho; sólo que, para mí, la más pura fuente del derecho es la natural.
    Vivan los PADRES.

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