MI MIEDO FRENTE A TU MIEDO

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De marzo a marzo. Esperemos que no vaya mucho más allá este reparto de mala suerte. Estos «décimos» que no nos regalamos pero sí nos damos, aún a pesar nuestro. Un año entero de «lotería» de miedo y muerte que está en nuestra mano no repartir.

La RAE define miedo, del lat. metus ‘temor’, como:
1. m. Angustia por un riesgo o daño real o imaginario.
2. m. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.
Más miedo que vergüenza 1. m. coloq. miedo intenso.

El 8 de marzo estábamos como sardinas en lata en las gradas de la piscina. Los niños estaban compitiendo y nadie se lo quería perder. A las tres de la tarde llegamos; a las tres y cuarto entraron a los vestuarios y nosotros subimos a coger un asiento en un lateral de la piscina. Nos fuimos poco después de las ocho. Hay quien se pasó las cinco horas allí y hay quien sólo entró para ver competir a sus hijos, pero una hora, más o menos, todo el mundo estuvo dentro y rodeado de muchas personas.

Seis días después el peque tuvo algo de fiebre con moco durante tres días. Cuando él acabó, empezó la madre con un catarro que le duró casi dos semanas. Algunas noches le costó respirar y los sentidos del gusto y del olfato los tuvo algo atrofiados. Cuando pudimos salir a la calle, me pasé por el banco. Hablando con la apoderada de este tema, me comentó que a ella le había pasado algo parecido, pero apenas tuvo síntomas. Su médico le dijo que no saliera de casa en dos semanas. Era más que probable que tuviera Covid-19.

Hoy he quedado con un amigo que lo tuvo, él y su hija, pero su hijo y su mujer no. A lsu esposa le hicieron el test una vez por semana las tres semanas que estuvo en casa. Ninguna le dio positivo por Covid-19, a pesar de que todos hicieron vida normal en el hogar. También conozco el caso de una cuñada de mi abuela ,que lo contrajo con más de 90 años y consiguió superarlo. Desconozco la situación del resto de las personas del geriátrico, aunque supongo que lo habrían contraído casi todos.

En la otra cara de la moneda está el compañero de trabajo de mi tía de Barcelona. Llevaba cinco días buscando el cadáver de su madre y no conseguía que nadie le dijera dónde estaba. Estaba desconcertada y asustada. Supongo que este suceso le acercó a la gravedad de la situación. También un buen amigo enfermero, que cuida en la UCI a enfermos de Covid-19, lo pasó realmente mal en la «primera ola». Él y el resto de su familia, ya que conviven con una persona que combate contra el virus y que puede ser infectado muy fácilmente. En esta segunda ola, una compañera enfermera de la UCI se infectó, ¡menos mal que no se lo pasó al resto de compañeros!

He aquí el dilema ¿Salgo y vivo algo de vida normal o me quedo en casa para que las personas mayores o de riesgo se sientan más tranquilas y seguras? Salir tendré que salir, aunque sólo sea a la compra, a llevar a los niños al colegio y a las demás actividades con ellos. Lo de quedar con este amigo que lo tuvo y que ahora no, no parece muy peligroso. Ir al mercado con las colas y aglomeraciones es un riesgo que, aunque no guste, hay que asumir. Pasarme por casa de unos amigos que no veo desde el verano … pues no parece muy recomendable. Lo malo es que esas visitas relámpago de media hora saben a gloria.

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Cada vez que uno sale a la calle se expone, coge su «décimo de lotería» en el pomo de la puerta al cerrarla. Es una lotería que nadie quiere pero puede que te toque. Si tomas las precauciones indicadas y coincide solo una pedrea, tal vez puedas pagar ese precio, algo de salud tendrías ahorrada. La peor parte se la pueden llevar los que contigo viven, esos a los que besas al llegar.

A siete vecinos no llega el pueblo de mi madre. La mayoría celebraron una misa en la capilla por las fiestas, hablaron un rato después y luego una de las familias con sus invitados se fueron a comer. Una semana después supieron que uno que vive en la capital había «repartido décimos premiados» a casi todos. Los «afortunados» eran, en su mayoría, mayores de 70 años. Uno en concreto operado de hígado y páncreas al final de la primera ola.

Ahora el dilema está servido. Si nadie muere o queda con secuelas no pasará nada, pero y si sucede, si alguien no lo cuenta o queda enfermo o minusválido para siempre, ¿quién se hace responsable, aunque sea sólo moralmente? Los reproches no tardarán en llegar: ya te dije, estoy cansado de repetir, a ti todo te da igual. Las respuestas: yo qué sabía, en algún momento hay que salir, sólo me quité la mascarilla para…

Sé de una enfermera, muy apegada a su abuela, que ahora no puede soportar la idea de que quizá, fue ella misma, la que llevó a su casa el «boleto premiado» que se la llevó.

El final del túnel se empieza a ver, pero la parte que falta hasta llegar a la luz, la hemos de recorrer todos juntos, de forma segura, con tanto respeto como esté en nuestras manos. Por eso, en estas fechas, pensemos más en las navidades del año que viene que en éstas, así seguro que habrá más posibilidades de celebrarlas.

Para más información:

Información actualizada sobre el brote

Coronavirus – Servicio Gallego de Salud

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