META

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Entra en YouTube y busca el vídeo titulado “Test de concentración (subtitulado español) HQ”. Dura un minuto y nueve segundos. Cuando lo hayas visto, vuelve aquí y continúa leyendo.

 

 

Ya estás de vuelta, ¡gracias! ¿Has visto el vídeo? ¿Qué te ha parecido? ¿Te ha gustado? ¿Lo has flipado o ya lo conocías?

Lo que no es atendido, no puede ser experimentado. Aquello a lo que no se le presta atención, para uno, no existe. Si no se pone el foco de atención en algo, ni se observa ni se siente, por tanto, no se puede saber que existe. Si el propio foco de atención está saturado con respecto a ciertos temas con sus respectivas frecuencias de atención prestada, otros temas quedan exentos de atención prestada. Si la exención de atención prestada llega a ser total, tal o cual tema, hecho o circunstancia ignorada, para uno, no existe. Más allá, uno no puede alcanzar a plantearse si esto o aquello existe si su foco de atención jamás antes se ha posado ni lo más mínimo sobre cierto aspecto de la realidad o sobre alguno similar a este.

Conflictos bélicos por la disputa ilegítima del derecho al expolio y la explotación de ciertos recursos económicos con los que fabricar más armas, dispositivos móviles, máquinas de toda índole…; compra y venta de estas o aquellas acciones empresariales; asesinatos y genocidios orquestados y encubiertos; destrucción de tierras vírgenes; incautación de bienes privados; encarcelación de inocentes; salvoconductos a culpables; prácticas empresariales injustas e inmorales; operaciones psicológicas a gran escala; extrema vigilancia y control sobre la sociedad civil hechas realidad; programación predictiva; inmensas redes de trata de blancas, prostitución y pedofilia que van desde la pornografía hasta el secuestro y el crimen organizado; redes del mercado negro (desde drogas hasta órganos vitales infantiles)…

Hoy en día, conseguir acceso a fuentes de información que arrojen luz sobre algunos de estos temas, y/o sobre muchos otros, no es que solamente sea extremadamente difícil, sino que es verdaderamente peligroso. El distópico futuro orwelliano ya no se trata de un posible porvenir: ya lo estamos viviendo y ha venido para quedarse. A mi parecer, durante los dos últimos años, hemos vivido el terminante arranque de esta realidad a la que vengo refiriéndome. Lo de que Google “nos escucha”, aunque sea cierto, no es más que un juego de niños.

La frontera entre ser humano y máquina cada vez es más difusa. La distinción entre la realidad real, valga la redundancia (y tanto que vale), y la realidad virtual se hace cada vez más complicada. Diego Ruzzarin, en una entrevista en el canal “The Wild Project”, opina sobre la sociedad del espectáculo, entre los minutos cuarenta y uno y dos del vídeo: “un sistema de símbolos que intercambian valor (…) en el que el valor simbólico de las cosas siempre es mayor que su realidad”.

Las redes sociales, la realidad virtual, los videojuegos e incluso la televisión son los cauces tecnológicos a través de los cuales el flujo de intercambio de valor simbólico discurre principalmente. Actualmente, el consumo ilimitado, desproporcionado y voraz de los símbolos seduce y capta a muchísima más audiencia que el deleite producido por la comprensión de los símbolos atendidos y consumidos. En otras palabras: cuanto más, mejor. Dicho lo mismo de distinto modo: la cantidad es preferida a la cualidad y a la calidad. La metanarrativa y la especulación ensombrecen y distorsionan la realidad y la esencia.

No uso una aplicación para ligar, sino cuatro. No comparto cada aspecto de mi vida en una red social, sino en tres. No me hago una foto para el recuerdo, sino una sesión entera. Las generaciones de jóvenes venideras se están desarrollando en un ambiente en el que no existe ninguna línea que separe la vida pública de la privada. El teletrabajo y el telecole son un síntoma leve de este hecho. TikTok y Twitch son otro ejemplo sintomático.

El teléfono móvil es una extensión de la mano diestra. Sin él, hoy en día, la supervivencia se frustra terriblemente; aún más si cabe. La inclusión social no existe sin tecnología de por medio. Si no formas parte de las redes, no existes, pues nadie puede poner el foco en ti, y si nadie pone el foco en ti, para la sociedad actual no existes ni existirás. Esto tiene sus ventajas y desventajas; es un arma de doble filo, según desde qué perspectiva se observe. De todos modos, por cada individuo que no esté integrado en el mundo virtual, millones sí lo están; los que no, se tratan de una singularidad remota que tiene fácil solución. Tan solo basta un sistema de surveillance (vigilancia) y crédito social para cercar a todas las ovejas, carneros, cabritos y borregos entre las mismas cuatro esquinas. Meta (que en hebreo significa ‘muerto’), introducido por Mark Zuckerberg, es un proyecto base que persigue este fin. Recomiendo, si se tiene Netflix, ver el capítulo “15 millones de méritos” de la serie Black Mirror.

Digitalizar la vida es útil y cómodo, pero es forzado y antinatural. Los seres humanos, en especial el Homo Sapiens, despunta por su adaptabilidad al medio, o quizá, más bien por su capacidad de adaptar el medio a sí mismo; pero eso es otro tema. Que la adaptación al medio sea un punto fuerte de nuestra naturaleza no significa que los seres humanos no pertenezcamos a un medio natural definido. Ciertos niveles de oxígeno, vegetación, tierra, corrientes de agua pura y cielo abierto conforman gran parte del entorno natural para el ser humano. No es casualidad que centenas de estudios clínicos abalen empíricamente el hecho de que la vida en las junglas de asfalto, vidrio, acero y monóxido de carbono, entre otros elementos, producen efectos muy adversos y diversos en la salud y la vitalidad del ser humano.

Dicho lo dicho, procedo a apagar mi portátil, a respirar consciente y profundamente y a leer un poco. Hasta más ver.

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