MAALOUF Y EL CAMINO DE LA RAZÓN

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MAALOUF Y EL CAMINO DE LA RAZÓN

 

 

El año pasado, Amin Maalouf publicó ‘El naufragio de las civilizaciones’ (Alianza ed.), un ensayo de amor para el porvenir intercultural de Oriente y Occidente, sólo posible con el uso de la razón y con el rechazo del veneno de la identidad que excluye.

La humanidad se metamorfosea ante nuestros ojos, nos dice el escritor libanés, y hemos de atajar la ‘invalidez mental’ que impide ver a las personas más allá de su color o apariencia, de su acento o apellido.

Las políticas condicionan nuestro desarrollo social, a veces son fatales y sus perjuicios duraderos. Recordemos que Egipto se zafó del poder otomano hacia 1805, que en 1869 se abrió el canal de Suez y no tardó en caer en manos británicas, hasta que en 1922 se estableció la monarquía. En 1936, los británicos forzaron un tratado para tener tropas en el Canal. Tres años después de la derrota árabe ante Israel, el Parlamento egipcio derogó de forma unilateral ese tratado (octubre de 1951) y exigió a los ingleses retirarse.

Cuenta Maalouf que Churchill autorizó que sus tropas asaltaran los edificios de la policía egipcia, en Ismailía. Fue el viernes 25 de enero de 1952: “una batalla en toda regla que duró varias horas y cuyo saldo fueron más de cuarenta muertos egipcios y un centenar de heridos”. Cundió la rabia por el país. Al día siguiente, las calles de El Cairo se fueron llenando de manifestantes que empezaron a destrozar y a incendiar empresas británicas. Luego, se pasó al saqueo de bares, cines, grandes almacenes de estilo europeo; se dieron algunos linchamientos. “Al terminar el día, el balance fue de alrededor de treinta muertos, más de quinientos heridos y cerca de mil edificios incendiados. Seis meses después, unos oficiales derrocaron al rey Faruk”, un monarca joven que encarnaba la corrupción en Egipto.

Aquellos sucesos supusieron “la sentencia de muerte del Egipto cosmopolita y liberal”. Adiós al pluralismo y a la libertad de prensa; por relativas que fueran, existían. La decisión de Churchill tuvo un efecto devastador. El héroe inglés frente a los nazis también influyó, cuenta Maalouf, en el golpe de Estado que en 1953 derribó al primer ministro iraní Mosaddeq, por reclamar mayores ingresos del petróleo. En ambos casos emergería lo peor. El interés empecinado y sin escrúpulos por la ganancia inmediata, acaba por producir efectos negativos imprevisibles. ME

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