LXI

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«No echo de menos las ganas
de no tenerte;
ni tan siquiera espero que las décadas
rompan en tres,
o en dos,
o en la inconclusión
de un choque aleatorio de manos,
el comienzo de algo tan pluricelular
como lo nuestro.

Y desde aquello,
comparto tela y viento
con una araña;
ella comprende mi silencio y,
a veces,
yo entiendo sus ganas
de acabar aplastada
por un bonito amanecer
salido de un libro de viajes.

Es una simbiosis que nos destroza;
pues ninguno queremos sino
el goce prematuro
que nos rompió el pasado.»

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