LOTERÍA

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La principal diferencia entre la fortuna y la suerte parece radicar en la forma en que se adquieren.

Imagen: greatergood.berkeley.edu

¿Dirías que eres una persona afortunada? ¿Han surgido cosas inesperadas que mejoraron tu vida? No me refiero a algo tan extremo como ganar la lotería, pero ¿quizás conseguir un trabajo porque otro candidato mejor posicionado se retiró inesperadamente, o coger un tren a pesar de llegar tarde porque éste también se retrasó?

La suerte está estrechamente relacionada con el concepto de azar, pero no es exactamente lo mismo. Es cosa del azar que una moneda salga de cara en lugar de cruz, o que compres un décimo del gordo de los 1.720 entre los 100.000 números de la Lotería de Navidad española. El azar es la realidad objetiva de los resultados aleatorios en el mundo real, mientras que la suerte es una consecuencia del valor subjetivo que le asignas a esos resultados aleatorios.

La suerte, podríamos decir, es la casualidad con rostro humano. Tener buena suerte significa que eventos fortuitos que experimentados, tienen resultados positivos. Y la mala suerte es algo que no se espera tener. Lo que nos lleva a la siguiente pregunta: ¿hay algo que podamos hacer para tener más suerte?

Imagen: Marc Phares/Epic Studios

Algunos confían en supersticiones, por ejemplo, llevar su bolígrafo favorito a un examen. Desafortunadamente, hay muy poca evidencia de que tal cosa aumente las posibilidades de un resultado favorable.

Por otro lado, hay un viejo dicho, atribuido a Thomas Jefferson, que dice: «Cuanto más trabajo, más suerte tengo». Si entrenas duro tienes más probabilidades de ganar una prueba deportiva, pero claramente no lo explica todo. La gente parece ganar la lotería sin importar cuán disoluta sea la vida que lleve.

Louis Pasteur dijo algo similar: “El azar favorece a la mente preparada”; así pueden reconocerse y aprovecharse las oportunidades cuando surgen.

Un tipo de preparación es aprovechar lo que se llama la ley de los números realmente grandes. Comencemos con la obviedad de que existe una pequeña posibilidad de ganar la lotería si se compra un décimo y puede garantizarse que no se ganará sin comprar uno. Así que esa es una gran diferencia entre dos oportunidades, de nada a algo, incluso si ese algo sigue siendo muy pequeño. Pero luego podemos llevar esta idea más lejos: cuantos más décimos (con números diferentes) se compren, mayores serán las posibilidades de ganar.

Dicho de otra manera, si nos damos muchas oportunidades de que suceda algo bueno, podemos aumentar nuestras posibilidades de éxito. Esto está comenzando a parecer como si pudiéramos mejorar nuestra suerte… Pero ganar la lotería es menos probable que conseguir 15 caras seguidas lanzando una moneda.

Imagen: newsbinding.com

La clave de todo esto es darle al azar la oportunidad de producir un resultado a tu favor: darte la oportunidad de tener suerte.

Cuando Pasteur hizo su comentario sobre una mente preparada, no solo se refería a intentarlo hasta el logro, sino a que hay que estar listos para ver una oportunidad cuando surje y encontrar los vínculos y las relaciones que otros no perciben.

Pero ya sea que nos veamos como afortunados o desafortunados, el evento fortuito es el mismo. El hecho de que la suerte sea una construcción humana se hace patente cuando experimentamos una secuencia de sucesos fortuitos, uno tras otro. ¿Y adivinas qué? Dondequiera que estemos en la vida, podemos mirar hacia atrás e identificar la cadena de eventos que nos llevaron allí.

El azar, la imprevisibilidad esencial del mundo natural simplemente avanza, volteando las cosas de una manera u otra. Pero miramos los resultados, los relacionamos con nuestras vidas y los interpretamos de manera diferente: o no temos suerte o no tenemos mala suerte.

La suerte es nuestro intento de encontrar significado en un universo sin sentido.

Imagen: delawarepublic.org

La fortuna, puede referirse al éxito experimentado como resultado de las acciones y elecciones hechas por un individuo, o en otro contexto, a menudo puede referirse al resultado de eventos que rodean creencias espirituales o sobrenaturales. De ahí deriva una práctica común en muchas culturas y en formas diferentes, que intenta su “adivinación”: desde la lectura de cartas del tarot a la de la palma de la mano o incluso a través de galletas de la fortuna, que te regalan después de las comidas en algunos restaurantes chinos…

Si bien la buena suerte es a menudo un componente de la buena fortuna, no siempre es así debido a la posible intervención del azar divino o espiritual. Mientras que la fortuna puede atribuirse potencialmente a algo, la suerte es completamente aleatoria.

Muchas religiones también creen que la suerte puede ser controlada por una fuerza, o por la Divina Providencia, incluido el cristianismo primitivo que aceptaba presagios y sacrificios rituales como métodos para influir en el favoritismo o la voluntad de la divinidad.

Las antiguas religiones o culturas mesoamericanas, incluidos los aztecas, los mayas y los incas, también creían que los dioses podían influir en la fortuna, e incluso llegaban a ofrecer sacrificios humanos para lograr el favoritismo.

Las creencias tradicionales africanas, incluidos el vudú, también tienen un elemento supersticioso, en el sentido de que los chamanes y las brujas tienen la capacidad de causar buena o mala fortuna.

Las investigaciones han demostrado que «las personas afortunadas generan su propia buena fortuna a través de cuatro principios básicos». Estos individuos son buenos para crear y percibir oportunidades de azar, toman decisiones afortunadas escuchando su propia intuición, crean la profecía auto cumplida a través de expectativas positivas y adoptan una actitud resiliente que transforma la mala suerte en buena suerte.

Casa da Sorte, administración nº 14 de Loterías en Vigo, en quien yo confío este año…

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