LOS MISERABLES

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A lo largo de mi vida he comprobado que existen tres tipos de miseria, por un lado está la que se refiere a la situación económica, a la carencia de recursos de índole material que impiden llevar una vida holgada o al menos de supervivencia, por otro, la miseria intelectual relativa a la insuficiencia de conocimientos, o al menos de una formación básica como para saber de qué opinamos; y el tercer tipo es el que tiene que ver con la miseria moral, que nos lleva a actuar de forma incorrecta de acuerdo con un sistema de principios y valores aceptados por la colectividad.

No es que yo pueda presumir de abundancia en ninguno de ellos, sólo de la búsqueda adecuada de intentar vivir en un mundo donde cada vez impera más  el consumo abusivo de los recursos, lo superfluo a lo importante, el hedonismo frente a la solidaridad, y la moral del “postureo de quedar bien en vez de la implicación en construir un mundo más justo, donde todos tengamos las mismas oportunidades, con un reparto equitativo de la renta, una explotación equilibrada de los recursos naturales, de reivindicación frente a las grandes corporaciones y la banca que acumulan riqueza proveniente de la exploración de los trabajadores y de los beneficios fiscales ad-hoc del sistema.

“De la película El hoyo”. de Galder Gazrelu-Urritia.  Netflix

He conocido a hombres tan miserables en todos los estratos sociales que me cuesta discernir quién lo es más, si el de abajo o el de arriba, el que compra el esfuerzo o el que lo vende a precio de saldo, pisando a los que tiene al lado para impulsarse en su consideración social, laboral… o de cualquier otra índole.

He conocido a hombres tan miserables, que necesitan del sufrimiento ajeno para ser felices utilizando el recurso de la comparación, para única satisfacción del propio ego de sentirse situado en un escalón superior, alardeando de una moral intachable.

He conocido a hombres tan miserables capaces de hacer promesas a cambio de favores de dudosa moralidad, solapadas de chantaje y amenaza. Hombres procedentes del poder político y religioso, de traje de senador y sotana de parroquia, compradas con nuestro dinero.

He conocido a hombres  capaces de embarcarse en una zodiac llena de parches pagando como peaje todo lo que poseen, arriesgando su vida, huyendo del hambre y de una muerte segura.

De la película “Las Nadadoras” de Saly El Hosaini

He conocido a hombres tan miserables que son capaces de hacer propio el conocimiento ajeno, que llenan las estantería de sus casas con libros que no han perdido el olor a tinta. Hombres que enrevesan el conocimiento para parecer sabios con elucubraciones mentales que ni ellos mismo entienden.

Dos caras de una misma moneda, la miseria de los miserables, y la miseria de hombres sepultados por el egoísmo de otro hombres, por la miseria de otros, que meten la cabeza bajo tierra para no ver la realidad de lo que ocurre, de la autodestrucción del ser humano por el ser humano. Como siempre la dicotomía de la moral con distintos disfraces.

 

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