LOS MANDALAS: GEOMETRÍA, MÍSTICA Y FILOSOFÍA

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► «La Geometría nos obliga a contemplar la esencia […]. Es una ciencia del conocimiento del ser […]. La Geometría es una ciencia de lo que siempre es […].Conducirá al alma hacia la verdad y dispondrá la mente del filósofo para que eleve su mirada hacia arriba».

PLATÓN. “República” (526e–527b)

 

► «Dios siempre geometriza,…Todo el orden estructural del mundo se basa en la Geometría. Esta es perdurable como Dios y tiene por tanto el resplandor del espíritu divino».

JOHANNES KEPLER. “El secreto del universo” (1619). Alianza Universidad. Madrid, 1992. Pág. 96.

 

► «La Geometría es una audacia del espíritu, remolque del alma hacia la verdad e impulso al pensamiento filosófico».

BEPPO LEVI. “Leyendo a Euclides”. Zorzal, Buenos Aires, 2001, pág.49.

 

MÁNDALA o MANDALA es un término de origen sánscrito, que significa círculo, en especial círculo mágico, pero en sentido más amplio representa medios auxiliares de concentración y meditación, que son diagramas o representaciones simbólicas espirituales, utilizadas tanto en el budismo como en el hinduismo.

Los MÁNDALAS son construidos a partir del círculo y formas derivadas tanto del propio círculo como de polígonos, sobre todo las obtenidas a partir del triángulo, el cuadrado, el pentágono y sobre todo hexágono, por su estrecho vínculo con el círculo circunscrito a estos polígonos, pero en general los MÁNDALAS suelen incluir, de forma simétrica, una considerable distribución de varios de estos polígonos regulares.

En cualquier caso, es muy significativo el considerable despliegue espectacular de geometría que casi siempre luce cualquier MÁNDALA. 

Son muy habituales los círculos concéntricos en las figuras mandálicas, tal vez porque estas formas sugieren una idea de perfección, por la equidistancia con respecto a un centro y también porque el perímetro del círculo evoca el eterno retorno de los ciclos de la naturaleza.

Lo eterno y lo cíclico va unido, pero a su vez está vinculado a la forma circular. En efecto: si recorremos la trayectoria, es decir, el perímetro de una circunferencia, volvemos de forma reiterada, una y otra vez, al mismo punto. Este es uno de los motivos por los que el ser humano, desde la más remota antigüedad, ha podido asociar, de forma intuitiva, pero también lógica, el concepto de eternidad con la forma circular. Y quien dice “eternidad”, puede entender “permanencia”, “inmutabilidad”, y tal vez inmortalidad.

 

La circunferencia, además, como forma geométrica es totalmente homogénea, todas sus formas parciales son iguales (en realidad, por ello no tendría sentido hablar de partes). La circunferencia no tiene principio ni fin. Todos sus puntos se comportan idénticamente. Sólo responde a una ordenanza superior o ley de formación, que es «todos los puntos de la circunferencia equidistan de otro punto» que para más “INRI” esta oculto, es invisible, y se llama «el centro». La circunferencia son todos los puntos que se hallan a esa distancia del centro y en ella “están todos los que son”. Esta excepcional singularidad, confiere a la circunferencia un carácter de plenitud, de equilibrio, de perfección y de unidad

Si queremos construir un MÁNDALA, debemos tener en cuenta su esquema básico: un círculo y cuatro puntos cardinales. Pero esto no es una regla estricta ineludible, también se puede tomar como base un triángulo, un cuadrado o un octógono.

A partir de aquí se puede diseñar un MÁNDALA, con imaginación y creatividad, con la decoración de imágenes místicas como el símbolo del ying-yang, una cruz, la estrella de David o hexagrama místico, lunas, otras diversas estrellas, el sol, flores, aves, paisajes, nubes, y otras muchas figuras geométricas, que integran contenidos matemáticos que generan diseños que proyecten paz y tranquilidad. Por eso en los MÁNDALAS suelen aparecer círculos concéntricos y polígonos regulares en cuyas intersecciones se forman bellas figuras caleidoscópicas de gran hermosura para contemplar. Son imágenes para vislumbrar y considerar espiritualmente como centros de energía, equilibrio y purificación que ayudan a transformar el cuerpo y la mente. Incluso en la meditación a veces se utilizan como focos de observación y concentración que actúan como significativos estímulos visuales.

En geometría, los MÁNDALAS son redes medibles, exactas; composiciones de figuras enlazadas alrededor de un punto –que es su centro–, sobre el plano cartesiano, que también abarca el ánima y su revelación. Se fragmentan en circunferencias concéntricas a distancias definidas, que definen los estadios y estados mentales, y en polígonos regulares, que expresan significados personales, temporales o espaciales, de cuya integración brotan nuevas formas, el universo y su significado, donde rige la simetría perfecta.

Diseñar MÁNDALAS desde la infancia y a lo largo de toda la vida, es una labor que desarrolla la imaginación y la creatividad y estimula la autoformación, porque aúna elementos de la historia, la geografía, la matemática, la religión, el arte y la filosofía; hace necesarios el uso de instrumentos geométricos como la regla, la escuadra, el transportador, el compás; y habitúa con los conceptos de punto, línea, ángulo, figuras planas, medida de ángulos, de segmentos, secante, tangente,… Ilustra relaciones como la semejanza entre triángulos, punto medio, bisectriz, altura, mediatriz, bisectriz y mediana; y muestra trazos secuenciales para encontrar figuras de una misma familia, por ejemplo el triángulo, el hexágono y el dodecágono.

 

A medida que se avanza en la construcción de MÁNDALAS se estudian muchas formas geométricas olvidadas, que forman parte de la Geometría Sagrada o Geometría de la Naturaleza, formas que se encuentran por doquier, sin que haya intervenido la mano del hombre en su construcción, como lo estudió exhaustivamente Luca Pacioli, Leonardo da Vinci, Leon Battista Alberti, Alberto Durero y otros  eminentes artistas, geómetras y teóricos del Renacimiento.

Los MÁNDALAS como ruedas del conocimiento, dan un valor a cada elemento que los conforma. A título de ejemplo, el triángulo equilátero representa por su posición y detalle de construcción los cuatro elementos básicos de la naturaleza (aire, tierra, agua y fuego); mientras que los colores identifican estados: el blanco representa la tranquilidad; el rojo la seguridad y la alegría; el verde la prosperidad; el azul la renovación, el progreso y la libertad y el amarillo la esperanza y la motivación. Estos son solo algunos de los componentes con significados espacio–temporales que poseen los MÁNDALAS.

La geometría de los MÁNDALAS parece manifestarse, a veces, en el arte cristiano medieval tanto en ciertos laberintos del pavimento de las iglesias góticas, como en la decoración de los techos y desde luego en los bellísimos rosetones de los vitrales.

Dibujar y pintar MÁNDALAS se ha convertido, hoy en día, no solo en un divertimento para personas de toda edad y condición que quieran desarrollar su sensibilidad y creatividad artísticas, sino también en una importante terapia de salud, que se utiliza cada día con más asiduidad. Su diseño es libre y su significado depende de sus formas y colores.

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