LOS LAZOS DE LA DISCORDIA

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El título de este artículo podría haber sido otro cualquiera, desde el más heavy al más pedante que ustedes se quieren imaginar. Así utilizando las expresiones propias del primer grupo un título podría haber sido «los lazos toca c.».  

 

Prefiero dejarlo así por no entrar en decadencia lingüística, aunque tampoco habría que considerar como tal dicha expresión ya que nuestra rica lengua nos da la opción de elegir entre su basto contenido la que más se adecua en cada momentos a lo que se pretende expresar dentro de un contexto determinado, y aquí, se crea o no, hacer alusión a esa parte del aparato reproductor masculino que dejó plasmada en la más perfecta representación del cuerpo del hombre -es mi opinión, claro está- el escultor y pintor renacentista Michelangelo Buonarroti, conocido en español como Miguel Ángel. Pero teniendo en cuenta el contexto, en este caso una crítica política respetuosa, me abstendré de decir cojones, para referir a aquellos como «los lazos toca c».

Igual que en su día critiqué la absurda y, por otro lado, innecesaria confrontación entre españolistas e independentistas, que llega a ser molesta, pues todavía continúa en determinados lugares las banderas estatales o banderas españolas, como cada uno quiera llamarlas, algunas con mástil incluido, como una clara ostentación  de “a ver quien la tiene más larga”, que inundan muchos balcones, sobre todo en el centro de las ciudades. Y la estelada, que no la señera,  en el  otro lado, en una clara minoría fuera de su territorio madre. Confrontación, confrontación y puntos suspensivos hasta el infinito.

Me he llegado a plantear a ver si el que me equivoco soy yo, que es lo habitual. porque mis opiniones son mías y no tienen por qué ser de nadie más, si hay alguien que las comparta estupendo, sino, también, porque no trato de rivalizar con nadie, y… digo, que a lo mejor me equivoco, porque mi planteamiento inicial en contra de la confrontación, tal vez tenga que cambiarlo por el argumento contrario. Ello como respuesta a la pregunta ¿puedo influir o mi influencia es menor en el entorno si no utilizo la confrontación?, o dicho de otra manera ¿es buena la confrontación?·.

Como en casi todo me sucede, me cuesta posicionarme inicialmente, es por ello que la respuesta a la cuestión planteada sería la de: depende. Depende de que tipo de confrontación, del momento y el lugar.

A veces quedamos como auténticos idiotas quienes defendemos una idea en contra de la opinión mayoritaria, aunque la intención inicial es no ser un borrego, sin embargo parece ser que el número se ha convertido en un valor cuando lo que se trata es de luchar por algo que nos afecta a la mayoría, dicho de otra manera, cuando se trata de defender derechos o intereses que nos afectan a la mayor parte de los ciudadanos y ciudadanas de este país. Dicen que la unión hace la fuerza, y la fuerza, está claro que, aunque nada más sea gritando, se hace más audible y visible que una opinión expresada de forma individual, en cualquier medio o de cualquier manera.

 

«A veces quedamos como auténticos idiotas quienes defendemos una idea en contra de la opinión mayoritaria en contra, aunque la intención inicial es no ser un borrego sin embargo parece ser que el número se ha convertido en un valor cuando lo que se trata es de luchar por algo que nos afecta a la mayoría

Sí, inevitablemente las personas como seres sociales dependemos los unos de los otros y, cuando se trata de defender aspectos que nos afectan a la gran mayoría es necesario que nos unamos para que nuestros gobernantes nos vean, ya que con su miopía ideológica no ven más allá de sus propias narices, ahora bien, hay muchas formas de hacernos visibles, pero lo que es intolerante es el uso de la fuerza, y no sólo me estoy refiriendo a la fuerza bruta o física, sino también a la falta de respeto o el insulto de forma gratuita; como falta de respeto es que se quiten unos lazos amarillos como manifestación de la liberta de expresión, y menos utilizando la violencia o la intimidación para ello, tanto para ponerlos como para quitarlos los contrarios.

No todo es blanco y negro, existen muchísimos matices de grises. Por ello no puede tampoco afirmarse de forma absoluta que «confrontación no», ya que la confrontación, como forma de expresión de opiniones contrarias o de manifestación de ideologías también contrarias, es necesaria como hemos visto, aunque algunas de ellas tengan poco cabida o sean tan absurdas en un momento determinado,  como el absurdo patriotismo que independentistas y españolistas defiende cuando la tendencia actual es a la unión de los estados, y a nivel social la multiculturalidad.

Pero, indudablemente en España, y en ella incluyo todavía a Cataluña, parece que la confrontación pacífica es imposible,  como clara manifestación de que el  nivel democrático del que presumen unos y otros está todavía en pañales, o si no es así, todavía peor porque entonces es que somos más brutos que un arao.

 

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