LOS ESPERPENTOS TELEVISIVOS

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No estoy de acuerdo con mi anónimo y homónimo compañero Descartes, sobre un artículo publicado en este medio Los monigotes de tele 5, el 9 del pasado mes de octubre y, que a pesar del tiempo transcurrido aún conserva su actualidad por referirse a un programa concurso de los más vistos en este culto país y, me atrevería a afirmar  que también en algunos de nuestra hermana Hispano América, especialmente en uno que empieza por P y termina por U, por su representación en el susodicho espacio televiso, cuyo nombre ya todos habrán averiguado.

 

Me complace decirles que yo veo y sigo fielmente el programa de Gran Hermano Vip, tanto sus galas, directos, como el debate y «redebates» en otros programas del mismo canal televisivo, que no entiendo el porqué de llamarlo frívolo, telebasura, falto de nivel cultural, y un largo etcétera, dejando rienda suelta a la imaginación de quien se atreva a leer esto, en la honorable y despiadada tarea de criticar todo lo criticable, y más allá, si la cosa interesa.

Para no perder el hilo, les decía que yo veo ese programa y no me avergüenzo de hacerlo, como puedo hacer otras cosas en mi vida privada, de las que si me apetece compartiría con ustedes si el momento lo merece; no tengo ningún problema. Lo veo porque en tal programa se describe a la perfección la involución del ser humano cuando se les encierra en una casa y el objetivo es conseguir un premio que se traduce creo en cien mil euros, aparte de lo embolsado  ya en  su pecunio personal según el caché de los participantes, valorado al alza en función de lo más “choni” sea el personaje o más mierdas de su vida haya vendido en otro programa comodín, también con altos niveles de audiencia por compartir presentador y reavivar a las fieras telespectadoras, con sus amenos debates que llenan nuestros hogares  todas las tardes de lunes a viernes y la noche del sábado cuyo calificativo en este último caso es Deluxe; con sus sabios y sabias, y también despiadados y despiadadas  colaboradores y colaboradoras, o tal vez deba decir juzgadores y juzgadoras, y sabias y sabios entrevistados o entrevistadas. Vaya rollo esto del género.

Y lo veo porque me da la realísima gana, aunque la gente me tache de simple, maruja, aburrida, de barrio, poligonera e  incluso inculta, allá ellos y ellas, si haciéndolo son felices por un rato y, porque lo veo puedo opinar de su contenido, intervinientes, presentadores y satélites de éstos en distintos programas y franja horaria, de sus dignos directores, de sus jefes, patrocinadores, etc, etc. Etc..

En definitiva, si los programas referidos se convierten en amenos entretenimientos para ocupar el tiempo de quienes los vean, allá cada cual con lo que se entretiene. Cuestión diferente es la crítica de su contenido y de los personajes que intervienen en este tipo de programas y cómo actúan en ellos, en lo cual si estoy de acuerdo con mi compañero en este medio que, salvo excepciones, son personas que se ganan la vida a base de vender su vida privada, la mayoría de los casos, sus miserias, sin ningún tipo de rubor, sino con el único fin de hacer caja en los distintos programas televisivos mal denominados “del corazón”, por asemejarse más a lo que puede ser una prensa amarilla que una prensa informativa, sea de la naturaleza que sea.

«Y, lo veo porque me da la realísima gana, aunque la gente me tache de simple, maruja, aburrida, incluso inculta , si haciéndolo son felices por un rato…»


Es cierto que en este tipo de programas sus protagonistas son manipulados por sus directores y por un presentador, estrella de Tele 5, que se convierte en el mayor mete mierdas y censor de los comentarios de los concursantes y de sus defensores, así como de los colaboradores cuando pretenden hablar de esta manipulación programada con el único ánimo de sacar lo peor de ellos, lo cual no resulta muy complicado ante personas que, en la mayoría de los casos, carecen de valores como el respeto, la tolerancia y mesura en sus comentarios y que se amparan en que «yo digo la verdad»… ¿qué verdad?. Pero, debe entenderse que el fin último de tales programas es premiar con un buen premio de carácter económico a su vencedor por votación popular de quienes lo vemos y, es aquí, donde radica el problema, pues para ganar es lógico que sus concursantes utilicen la estrategia que estimen conveniente, no respondiendo éstas, la mayoría de las veces, a una estrategia que podríamos llamar deportiva, sino de descalificación y anulación del contrincante, sacando lo peor que hay en ellos mediante la provocación continua, valorando más esto el público que ve el programa que la calidad humana de los concursantes.

Dicho de otra manera, en GH VIP la casa donde conviven los concursantes se convierte en una trampa manipulada creando corrientes de opinión que hacen que la balanza se incline hacia uno u otro lado, es decir, a favor o en contra de quienes en él participan, lo que les convierten en monigotes manejados a su antojo. «En esto también estamos de acuerdo Descartes».

Pero, así es el programa y quienes lo vemos nos entretenemos, estando convencida que no sólo lo ven personas con bajo nivel cultural, sino de todos los niveles sociales, culturales o educativos o, acaso, ¿podemos calificar de inculto a una personas que va a ver una mala película?, obviamente no. Cada uno tiene sus gustos y sus preferencias. Cuestión diferente, es que lo que vemos en tales programas pueda convertirse en un ejemplo para el telespectador, pero aquí está el filtro que cada uno quiera o pueda darle, filtro que, obviamente, será diferente en virtud de la educación y formación que cada uno tenga, que al parecer es demasiado lasa, si tenemos en cuenta que no siempre los mejores concursantes desde el punto de vista humano, educativo o cultural son los que ganan.

Creo, que es hora de que respetemos los gustos de cada uno, sus preferencias televisivas, sin tener que llegar a calificar a aquellos que no coinciden con nuestros gustos de estúpidos, incultos o encasillarlos en un determinado nivel cultural, sin conocer cómo realmente somos. La crítica es buena, en el sentido que sea, pero el respeto a las opiniones y gustos de los demás, creo que no deben ser objeto de discusión y menos de juicio, aunque el programa en si, como en caso que estamos comentando se convierta o se traduzca en determinados momentos en un esperpento televisivo, o, acaso, ¿quienes leen el género literario calificado con el mismo nombre son también unos incultos?.

Basta ya de convertirnos en la vieja del visillo o censor oficial de los gustos de los demás, criticando conductas en cuanto al entretenimiento se refiere,  porque la opción de cómo pasar el tiempo, forma parte de la libertad e incluso posibilidades de cada uno. Tal vez alguien no pueda ir al cine todas las semanas a ver una buena película porque su economía no se lo permite, o leer un libro porque no tiene tiempo para ello, o hacer deporte o cualquier otra actividad. No todo el mundo tiene esta opción, y no voy a ser yo quienes los encasille por ello.

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