LLUVIA

Lluviacristales

 
 
 

Hace poco leí algo así como «No hay que sentirse vivo, sino humano».
Iván Ferreiro dice que en la tristeza hay belleza. Creo que piensa
que no hay nada de malo en estar triste, que no debemos aplacar
ese sentimiento, tan natural como la felicidad.
Podemos volver a ese «Es mejor haber amado…» del poeta inglés
Alfred Tennyson (no sabía quién lo dijo, lo he buscado en
Internet).
Es mejor haber sido humano que no un mero pasajero de la vida.
Es mejor tener grietas, ser imperfecto.

 
 
 

Lou Reed se mezcla con el sonido de la lluvia rompiendo en las
ventanas, algunas gotas de agua se cuelan curiosas en casa y
me preguntan qué me pasa. Intento sentirme humano, pero
cuanto más humano me siento, menos vivo estoy. 

 
 

Existe una felicidad vegetativa en las canciones tristes. Una luz
latente que asoma con determinados acordes y voces. La
ansiedad, los trastornos obsesivos compulsivos, el recuerdo
envuelto en óxido debajo de las uñas, la suave sensación del
dolor inyectado y su incorporación a la corriente sanguínea. Es
entonces cuando la respiración se ralentiza, cuando podemos ver
cómo nacen y se marchitan las hojas fotograma a fotograma,
cómo rompen kamikazes contra el cristal las balas, cómo el
tiempo se pasa y cómo pasamos  pasajeros infelizmente felices
por esta acera encharcada de vida.

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