CUANDO LAS MUJERES NO EXISTEN

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Con harta frecuencia, asistimos, aún, a las ironías y/o sarcasmos cuando se introduce el lenguaje inclusivo. El famoso miembros y miembras de aquella ministra olvidada, dio mucho de sí, en charlas cuñadiles. En ello seguimos, aún con el cansancio y la hartura de discursos desfasados y antiguos, que nos producen a las interfectas un cierto hastío, sobre manera si vienen de fuego amigo.

El lenguaje es la proyección de nuestras más ancestrales emociones. El lenguaje no es neutro, incide en nuestro comportamiento y razonamiento cerebral, me atrevería a decir, que conforma nuestros actos, o al menos, incide de forma muy importante. Todo lo que existe, se nombra, no nombrar algo o a alguien, es condenarlo a un ostracismo social, emocional y personal. Al nacer, nos ponen nombre, los objetos, las cosas, las creaciones, no son, hasta que no se les nombra.  Nos decía Vilá Matas, que el lenguaje, está hecho para entendernos, comunicarnos, ampliar el espacio de comunicación. Hacer del masculino, el género total, conduce inexorablemente, a la invisibilización femenina. Nuestro lenguaje es un producto social de percepción de la realidad, condiciona nuestro pensamiento, al expresarnos trasmitimos ancestros de realidad acumulada, a lo largo de siglos.

Nuestro idioma cambia constantemente, la RAE, acepta de forma periódica modismos, palabras que evolucionan o nacen, para denominar conceptos nuevos, o evolucionados. No escandaliza a nadie que se haya admitido: “amigovio”, “almondiga” de tan malsonante tono, o “asin”, “apechusque”. Completamos la lista de nuevos vocablos, con “culamen” y “pompis” Todos ellos, aunque les restáñenlos oídos, son los nuevos vocablos de la ínclita RAE. Tienen ustedes argumentos, más que fundados, para rebatir al cuñao de turno, que nos espeta, con sapiencia infinita, que la RAE no acepta el lenguaje inclusivo. Cosa, que a mi criterio, obedece a un concepto del lenguaje patriarcalista y arcaico, más que a limpiar y dar esplendor a la lengua, que, no olviden ustedes, nombra a hombres y mujeres.

«Creemos, firmemente en el poder de la palabra . Nuestro cerebro percibe  los vocablos como definición del medio, por tanto, cobra importancia grave cuando se evita el femenino, sobre manera de cara a la educación infantil.»

 

Creemos, firmemente en el poder de la palabra . Nuestro cerebro percibe  los vocablos como definición del medio, por tanto, cobra importancia grave cuando se evita el femenino, sobre manera de cara a la educación infantil.

¿Qué mundo trasmitimos a nuestras niñas, cuando de forma general las expulsamos del idioma al utilizar solo un género? Hacer  inclusión liguística, dentro de la educación primaria, es necesidad, si pretendemos hacer una igualdad real, de género. Mal podemos explicar a los chicos y chicas que son iguales si desde el inicio de la educación, se excluye al género femenino del lenguaje.

Hay palabras que no tiene género, como poeta, o poesía, periodista…Y más que pueden escapárseme, son bellas palabras que incluyen ambos sexos, incluso, puede haber alguna del género masculino, que no deba feminizarse, pero entendamos, que se tratará de excepciones a la regla de cuidar una inclusión real.

Antes de despedirme por hoy, quisiera contar la anécdota curiosa de un convento de clausura, que visité hace tiempo. Todas las oraciones, y cualquier liturgia se realizaba en femenino, dirigiéndose a una Diosa, en su genero. Ante la pregunta, un tanto malévola, de un piadoso visitante de porqué se hacía así, la digna superiora, respondió, que era para compensar el machismo imperante en la iglesia católica: “No celebramos misa, no somos papas, se nos relega de forma escandalosa, por tanto, nosotras, para compensar, oramos en femenino. Nadie sabe, con certeza el sexo de Dios, nosotras, que somos una pequeña isla dentro de la iglesia, pensamos, que por qué no puede ser mujer”

Tomemos ejemplo de la original monjita. Compensemos siglos de invisibilidad femenina, hagamos del género una forma de poder y hablemos más en femenino.

5 COMENTARIOS

    • No queda claro, José Antonio, si el horror se lo produce mi artículo, el lenguaje inclusivo, o el género masculino. Sea lo que sea, gracias por leer y opinar. Hacemos prensa libre gracias a gente como usted. Salud, Jose Antonio.

  1. Error. El uso del «masculino» (que no es realmente masculino, es un neutro inclusivo que a lo largo de la historia se ha asemejado al masculino por cercanía lingüística) no es sexista, el lenguaje no es nada más que lo que se quiera hacer de él. Y, si te hubieras molestado en comprobar las declaraciones sobre almóndiga* y otros términos tan cacareados, descubrirías que están registrados como términos en desuso, y que se mantienen en interés histórico. Así que menos quejas y más investigación.

  2. Ángela nadie discute, ni incluso la autora, que desde un punto de vista lingüístico sea correcto o no, aunque en el lenguaje, al igual que sucede con las normas jurídicas van por detrás de la realidad social del momento y, como usted debe saber los usos y costumbres hacen que las normas lingüísticas cambien. Hemos vivido, y todavía vivimos por desgracia en un mundo en el que impera el machismo, y creo no equivocarme que la autora del artículo lo único que pretende transmitir es el uso de un lenguaje inclusivo en el que se dé a la mujer la importancia que debe tener.
    Por otra parte, decirte Ángela, que tu comentario lo estropea tu prepotencia al decir a su término que “menos quejas y más investigación”, parece que como mujer dignificas bastante poco a tu género, y que en esta vida todo el mundo tiene derecho a quejarse y opinar, desde el respeto, cosa que hace María Toca Cañedo, y no tú. Posiblemente no te expreses ni la mitad de bien que lo hace María, mediante un uso adecuado, y diría hasta purista del lenguaje, te invito a leer su último libro, y tal vez aprendas cosas nuevas, señora.

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