LAVARSE LAS MANOS

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El 9 de mayo de este año del señor del 2021, hemos salido del estado de alarma, o, como gustan de decir nuestros próceres, ha decaído el estado de alarma, lo que no significa que haya entrado en depresión, que algunos sí, ni que se haya ensimismado, que algunos seguirán, ni siquiera que se ha puesto malito, que hay muchos que como lo son no tienen que ponerse, simplemente significa que ha dejado de estar en vigor.

En Román paladino, que se acabó lo que se daba. Que, con la ley en la mano, volvemos a recuperar ciertas libertades individuales  que nos habían sido suspendidas por el bien de todos, a decir de los que las suspendieron. Aunque bien mirado, sí pero no, porque seguimos con obligaciones peregrinas, a decir de los científicos, como el burka en espacios abiertos o la obligación de los desinfectantes, que a mí, personalmente, me preocupa porque he notado que me ha disminuido el tamaño de tanto darles sustancias extrañas que no siempre resultan recomendables.

Y a eso iba mi reflexión.

Una cosa es el decaimiento, insisto, que no depresión, del estado de alarma, que muchos, por mucho que decaiga, siguen alarmadísimos, y otra es que el gobierno y sus expertos, esos sin nombre conocido, van a seguir machacándonos con los diez mandamientos del terror:

  • El primero, temerás a tus semejantes como al virus mismo
  • El segundo, no te reunirás con nadie ni con causa justificada
  • El tercero, detestarás los bares
  • El cuarto, la salud es lo primero ( este viene de lejos y se aplica sobre todo el veintidós de diciembre)
  • El quinto, no tocarás a tus semejantes, de pensamiento, palabra u obra.
  • El sexto, no permitirás que te contagien, ni contagiarás (aunque no te hayas contagiado o te hayan vacunado)
  • El séptimo, te lavarás las manos, o te las desinfectarás, en cada lavabo, o dispensador, que encuentres a tu paso.
  • El octavo, ocultaras tu rostro como si en ello te fuera la vida
  • El noveno, respetaras la distancia social aunque no haya nadie
  • El décimo , no añorarás la caduca normalidad

Estos diez mandamientos se resumen en uno, vivirás con miedo el resto de tu vida, y preservarás ese miedo, como si fuera tuyo, para utilidades futuras.

Así que qué el estado de alarma deje de estar en vigor no viene a significar otra cosa que lo que antes se hacía con la ley en la mano, y dado que al gobierno central esa ley empieza a pasarle factura vistos los escasos resultados, ahora se va a hacer sin la ley en la mano, mediante la coacción mediática o, si el estamento judicial del lugar lo permite, a pesar de la falta de ley que lo respalde.

En otras palabras, y por si alguien no me ha entendido hasta este momento, se trata de quién tiene que hacerse un Poncio Pilatos, esto es, quién tiene que seguirse lavando las manos para que otros, el gobierno, se sigan lavando las suyas.

Casi año y medio después del inicio de esta pesadilla, seguimos manteniendo medidas que no avala ningún estudio científico (el contacto no contagia, claman todos ellos, a pesar de lo que seguimos siendo “obligados” a evitarlo. La transmisión es casi imposible al aire libre, pero seguimos con mascarillas por la calle. La transmisión se produce por aerosoles, pero sigue habiendo gente por la calle, en las terrazas, que te obligan a fumar con ellos). Casi año y medio después nos obligan a desinfectarnos en cada recinto al que accedemos, nos invitan a lavarnos las manos con una frecuencia rayana en lo obsesivo, sin que nadie acierte a explicarnos el fundamento de tal rigor.

Pero ese fundamento existe, el fundamento de que tales medidas se mantengan en vigor es puramente estético. Mientras nosotros sigamos teniendo que lavarnos las manos, por temor, ellos, nuestro gobernantes, podrán seguir lavándose las suyas, por absoluta incapacidad, o desidia.

Mientras los culpables de que la pandemia no remita seamos los ciudadanos, nuestras fiestas, nuestras aglomeraciones, nuestros botellones, nuestra indisciplina en general, nuestras desmedidas, y lesivas, ansias de libertad, no nos fijaremos en que los únicos culpables de una gestión lamentable, y la falta de gestión es una gestión lamentable, son los distintos gobiernos incapaces de ponerse de acuerdo en legislar soluciones inteligentes y proporcionales (siempre ha sido más fácil matar moscas a cañonazos), son los irresponsables incapaces de acomodar las infraestructuras a una emergencia, son aquellos que no han cumplido ni una sola de sus obligaciones porque encontraron la vía fácil del chivo expiatorio ( el mejor amigo de los políticos), el populacho inconsciente e indisciplinado.

Si alguien me preguntara, que nadie lo va a hacer, como le llamaría yo a este tiempo de pandemia, yo no le llamaría los años del coronavirus. No. Yo le llamaría los años de Pilatos. Los años en los que unos tenían que lavarse la manos, físicamente, para que otros se las siguieran lavando, ética, moral y políticamente.

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