LAS MISERIAS HUMANAS (VIII): El mejor amigo del hombre

 

 

#EnCasaconPLAZABIERTA

Está en el refranero popular español que el mejor amigo del hombre es el perro, y así ha sido siempre hasta que Carlos Rodríguez Braun, economista y tertuliano habitual de Onda Cero, explicó con gran acierto que realmente el mejor amigo del hombre es el chivo expiatorio.

Y yo estoy con Rodríguez Braun. No existe nada más socorrido en el mundo para afrontar un fracaso que señalar un chivo expiatorio, un culpable lateral que no tenga opción de defensa real y que asuma la culpa de otro, o que asuma una culpa lateral que evite al culpable del fracaso principal ser señalado.

Hasta tal punto me parece acertada la elección, la del pobre chivo como animal mejor amigo del hombre, que yo apostaría por convertirlo en unidad de fracaso. Esto es, yo mediría los fracasos en chivos expiatorios, en culpables alternativos para intentar desviar la atención de un fracaso palmario. La medida seguramente podría ser sociológica, y cumpliría una buena referencia de estudio, pero en el ámbito en el que sería fundamental sería en el político. Imagínense un debate parlamentario en el que el gobierno y la oposición se atacan evaluando sus gestiones en chivos expiatorios. Por fin podríamos comparar con cierto criterio quién tiene razón en el “y tú más”, que casi como argumentario único utilizan en sus enfrentamientos.

Pero, en este momento concreto, solo hay un análisis en el que podamos estar interesados, uno en el que las redes sociales se dividen en partidarios y detractores sin que les importe otra cosa que la ideología que profesan, uno en el que lo único que no se encuentra es un análisis riguroso y desapasionado de lo realizado, sin matices, sin pretender saber el resultado antes de empezar a hacer el estudio, uno en el que los datos sean rigurosos y fiables y se puedan utilizar fuentes sin contaminar por un interés previo. Así que en un alarde de unirme al disparate general de la falta de seriedad, que no de rigor por mi parte, y a la falta de voluntad de encontrar un resultado ecuánime, he decidido hacer un estudio de la gestión en chivos expiatorios.

  • Los chinos que por culpa de sus bárbaras costumbres alimentarias han sido el origen de la pandemia.
  • Los turistas que sin rigor y sin control han viajado de un lugar para otro con el bicho a cuestas.
  • Los comerciantes con tratos en China que han sido portadores interesados del virus
  • Los chinos otra vez porque nos han ocultado datos. Y encima han marcado tendencia.
  • Los primeros contagiados por morirse sin avisar que era de esta enfermedad concreta.
  • El fútbol, para los que no les gusta el fútbol, por celebrar partidos con contagiados en las gradas, y en el campo, y sin que las autoridades lo evitaran.
  • Los de Vox, para unos, por convocar una manifestación autorizada, cuando ya había indicios de que la enfermedad estaba entre nosotros.
  • Las feministas, para otros, por convocar una manifestación autorizada, cuando ya había indicios de que la enfermedad estaba entre nosotros.
  • Los ciudadanos que no habrían permitido una medida de confinamiento antes de lo que decidió, prudentemente, el gobierno que eligió el momento justo.
  • De nuevo los chinos, que primero te cobran y luego no te dan la mercancía.
  • Los turcos que después de cobrar retienen la mercancía.
  • Los persas, no nos olvidemos de los persas y su famoso mercado.
  • Los chinos, ya pesados, por insolidarios y cerrar sus fronteras a los demás países a la salida del material que ellos fabricaban y consideraban necesitar.
  • Los “madrileños”, por ejercer su derecho a pasar el confinamiento donde mejor les parezca por el simple hecho de pagar impuestos en ese lugar.
  • Las residencias de ancianos privadas, a las que incluso se les abren diligencias, y sin diferenciar, ¿por ignorancia?, las privadas de alto costo de las privadas de caridad, estas últimas normalmente de ONGs y religiosas, que además son las que más muertos tienen.
  • Los que no respetaban el confinamiento y ayudaban a expandir el virus en zonas aisladas y solitarias.
  • Los que se oponen al gobierno y a sus medidas, porque los ponen nerviosos y se equivocan más.
  • Amancio Ortega, por rico, solidario y comprometido. ¿Habrase visto?
  • Los niños y los padres. Los unos por ser niños e irresponsables y los otros porque no los controlan como dios manda, aunque dios no haya dicho nada al respecto.
  • Las estadísticas, por no decir claramente lo que el gobierno quiere que digan.
  • Los gobiernos anteriores por haber recortado la sanidad, aunque los informes más serios separen claramente el sistema sanitario de la gestión sanitaria a la hora de evaluar los resultados.
  • Los ciudadanos en general por su impaciencia y hartazgo con el confinamiento, y por hacerlo público con caceroladas.
  • Los alemanes, los portugueses y tantos otros países que, en un acto irresponsable, y curiosamente efectivo, no han hecho un confinamiento tan riguroso como los españoles, y dan mal ejemplo.
  • Los españoles en general, para los catalanes, porque lo hacen todo mal.

 

En fin, que, en definitiva, esta ha sido una crisis de, sin ser exhaustivos, 24 Ces (chivos expiatorios) de magnitud, que no está nada mal.

Para acabar de rematar la miseria humana que semejante disparate supone solo falta señalar a los muertos como cómplices necesarios en el fracaso del gobierno, pero los muertos no admiten bromas, ni sus familiares desesperados en la busca de los cadáveres de sus seres queridos sin que, en algunos casos, parezca que nadie controlaba a los fallecidos, y lleguen a tener la sensación de que entierran a muertos ajenos.

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