LAS MISERIAS HUMANAS (IV): Los parias de la tierra

 

#EnCasaconPLAZABIERTA

 

En toda guerra hay víctimas, y no solo entre los combatientes, no, también, y me parecen las más dolorosas, esas víctimas de retaguardia, esas víctimas no combatientes, que caen sin que en ningún momento se sintieran directamente combatientes. Y todos estaremos de acuerdo, si no basta con oír alguna rueda de prensa, en que estamos en una guerra. Una guerra declarada, la de la sociedad contra el coronavirus, otra guerra de inteligencia, la guerra comercial que posiblemente esté detrás de todo esto, y una tercera guerra, ni declarada ni reconocida, que algunos han decidido iniciar aprovechando la situación, la guerra del modelo económico.

 

 

La primera guerra tiene víctimas combatientes, los enfermos y los virus, y víctimas colaterales, los sanitarios y fuerzas de apoyo que acaban siendo enfermos.

Los combatientes de la, posible, segunda guerra son siglas y grandes corporaciones, tiburones ávidos de aumentar su hegemonía y que no reparan en medios ni en víctimas directas. La víctima colateral de esta guerra, en la que este episodio sería solamente una batalla más, será nuestro futuro, nuestros derechos y libertades.

La tercera es una guerra sucia, una guerra no declarada, una guerra por un modelo económico, la guerra de clases, la guerra que gane quien gane siempre tendrá la misma víctima colateral, la clase media de la clase media.

Las víctimas económicas de esta crisis,  son todos esos pequeños empresarios autónomos por la gracia de la ley, sin grandes recursos de supervivencia que no son empresarios para las organizaciones empresariales ni son trabajadores por los sindicatos, pero que componen la mayor parte del entramado económico español, y son la mayor fuente de empleo de nuestro país.

No tienen quién les represente, no tienen estructura que les permita representarse, si se   arruinan no perjudican a las grandes empresas, ni van a cobrar el paro si se quedan sin trabajo porque a pesar de pagar un auténtico atraco en forma de cuota no tienen derecho a desempleo, ni, en vacas flacas van a recibir apoyo de los bancos, que además, como en otras crisis, solo tendrán que alargar un poco su brazo para recoger los frutos de las hipotecas y préstamos concedidos, incluso con apoyo de dinero público, que impedirán toda posible salvación de esos auténticos ninis, ni empresarios ni trabajadores.

Los sindicatos, que representan a una minoría de trabajadores de este país, serán escuchados, pero jamás tomarán una iniciativa que no suponga favorecerse a sí mismos. Las organizaciones empresariales, que representan a una minoría de los empresarios de este país, serán escuchados, pero jamás tomarán ninguna iniciativa que no sirva para favorecer a las grandes empresas, suficientemente favorecidas ya.

Esa clase media media, de la que decía Mazarino a Colbert, con un cinismo que nadie ha desmentido en los siglos transcurridos desde que lo dijera: “Entre los ricos y los pobres hay una gran cantidad de gente,personas que trabajan soñando con llegar algún día a enriquecerse y temiendo volver a ser pobres. Es a esos a los que debemos de gravar con más impuestos, cada vez más, siempre más, porque cuanto más les robemos más trabajarán para compensar lo que les quitamos. ¡Una reserva inagotable!”

Efectivamente, a pesar de todos los obstáculos, esa clase que no parece pertenecer a nadie, que no tiene voz ni unión para que su voto los haga fuertes, esa clase que se arruinó con la crisis del 92, con la del 2008 y que ahora volverá a arruinarse, volverá a levantarse sin la ayuda de nadie, pero en medio, si nadie lo remedia, que no lo va a remediar, arrastrará en su caída un desempleo feroz, por cada uno dos, tres o más desempleados. Los pequeños bares, las tiendas de barrio, las casas rurales, los restaurantes, los feriantes, todo ese pequeño tejido empresarial a espaldas de los que se legisla, se toman acuerdos o se hace política, se va a derrumbar y arrastrará con ellos al país a una crisis feroz. A una crisis que no afectará a los realmente poderosos porque tienen recursos de sobra y no afectará a aquellos normalmente más desfavorecidos rescatados por un empeño social más interesado en la foto que en el fondo.

En eso consiste la derecha, en eso consiste el populismo de izquierda y en eso consisten seguramente los intereses del poder, que va más allá de la carnaza ideológica con la que nos distraen.

La miseria humana, cuando hablamos de tiempos de crisis, es propiedad siempre de aquellos que por no pertenecer a ningún grupo de presión reciben toda la presión del ninguneo económico, a los auténticos parias de las políticas de poder que siguen al pié de la letra las enseñanzas de Mazarino, de Maquiavelo y de tantos brillantes estadistas sin moral.

Y cuando vuelvan a levantarse, porque siempre se levantan, una vez más serán los contribuyentes, los paganinis del dislate, los ricos para los que buscan a los pobres y los pobres para los que protegen a los ricos, los eternos aspirantes a la zanahoria en el extremo de la vara.

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