LAS FÁBULAS MAL CONTADAS- LA CIGARRA Y LA HORMIGA

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El buen tiempo, entre finales de primavera y mediados de otoño, hace que la vida bulla en el campo, y que esa vida, un tanto apagada durante los fríos inviernos, recobre su pujanza. En este idílico escenario, con la vitalidad vegetal renaciendo, es en el que transcurre esta breve historia, tantas veces mal contada.

Imagen creada por IA

Entre tanta pujanza, y tanta belleza, nuestra mirada se va a fijar en un lugar concreto donde conviven diversos animalitos, casi todos insectos, que con el buen tiempo salen a cumplir con aquello que la naturaleza les ha encomendado. Un hormiguero, y un nido de cigarras, al pié de un árbol, llaman nuestra atención. El reguero de hormigas que sale por la boca del hormiguero discurre en continuo movimiento, yendo hacia una zona que las hormigas exploradoras han marcado, y volviendo con la carga que desaparece por la boca del hormiguero hacia su interior. La actividad es incesante, y nada parece cansar a las laboriosas hormigas.

En un momento dado, del pie de un árbol, sale una cigarra, ya con el sol alto, desperezándose, y con una guitarra claramente usada, en bandolera. Se encarama, sin demasiada prisa, a una rama del árbol, descuelga la guitarra, y hace unos breves acordes para afinar correctamente las cuerdas, mientras hace sonidos que acompañen a las notas de afinación.

  • Do,do, do, do. Re, re, re, re. Do re, Do re, do re. Mi, mi, mi, mi…

Y así, sucesivamente, va pulsando cuerda a cuerda, individualmente, luego de dos en dos, de tres en tres, hasta hacer un rasgueo completo, con el que muestra su conformidad. Luego hace unos sonidos guturales, y se arranca a cantar su cántico pertinaz,  monótono, continuo.

Al pasar bajo la rama en la que la cigarra estaba cantando, una de las hormigas se queda mirando embelesada por el cántico que escucha. Su pasmo dura apenas unos instantes, porque la siguiente de la fila la empuja mientras le recrimina que entorpezca la labor colectiva:

  • Si te molesta trabajar, quédate aquí con la cigarra, y canta con ella. Cuando llegue el invierno y no tengáis para comer, no vengáis a pedir que os alimentemos. Y, además, no estorbes a los que sí sabemos que hay que esforzarse para vivir.
  • Pero la música nos ayuda en el trabajo –respondió la hormiga que se había detenido- hace más ligero y alegre el paso, y alegra la tarea.
  • Bobadas, la música es para vagos como tú, y lo único que consigue es distraernos de nuestra tarea, que es fundamental para el trabajo
  • La vida no tiene por qué ser solo trabajo. La belleza que nos rodea, incluido el canto de la cigarra, hace que nuestro trabajo tenga más sentido, y se haga con mayor gusto.
  • Déjate de decir tonterías, y aparta del camino de los que sí queremos trabajar. Las obreras sabemos cuál es nuestra obligación, y toda la que entorpece nuestra tarea, no es más que otra cigarra disfrazada

Dijo la segunda hormiga dándole un empujón a la primera.

  • Y te voy a denunciar a los capataces, ojala te expulsen del hormiguero para que, además de la belleza que dices que ves, también disfrutes del hambre que castiga a los vagos.
  • Deja a esa amargada –intervino la cigarra cesando por un momento en su canto-, y vente conmigo a cantar. Verás que el mundo es algo más que trabajar sin descanso.

Pero ya las obreras, tanto la que se había parado a escuchar, como la que protestó, seguían la fila interminable de hormigas laboriosas en busca de alimentos para su hormiguero. La cigarra, prendada de su labor, pronto olvidó el incidente, mientras proseguía con su monótono cantar, que a unos gustaba, entre otros a ella misma, y a otros exasperaba por su monotonía.

Pasó el tiempo, el tiempo ese que siempre acaba pasando para poder ver cómo evolucionan los acontecimientos, y el tiempo de calideces, y de recolectas, deviene en uno de fríos y recoletos días. Ya nuestras obreras se afanan en el interior de su hormiguero almacenando y distribuyendo lo recolectado durante los tiempos estivales, mientras el frío y la lluvia azotan el exterior buscando cualquier resquicio para entrar en los lugares cálidos, al tiempo que la cigarra, cómodamente alojada en su nido, junto a las raíces del árbol en el que habitualmente canta, y de las que extre su alimento.

Cuando vuelva de nuevo el estío, cuando el sol devuelva la calidez al mundo, las hormigas volverán a salir de su nido, buscando una vez más, otra vez, como cada estío desde que son hormigas, alimentos y materiales para su hormiguero, y la cigarra se encaramará a su rama, para volver a atronar el paisaje con su cántico monótono y chirriante.

Salvo por el hecho de que cambiarán algunos individuos, porque el tiempo pasa, el paisaje será idéntico al del año anterior, y al del anterior, y al del anterior…

Pero toda fábula tiene moraleja, es la ley de la fábula, y esta no va a ser menos.

MORALEJA I

Si el mundo funciona, es porque las hormigas trabajan, mientras escuchan, aunque sea sin prestarle atención, el canto de la cigarra. Cada individuo tiene su vida, su destino, que no depende de la opinión de los demás.

MORALEJA II

Si el mundo es habitable, es porque hay cigarras que regalan su canto incluso a aquellos que no lo aprecian, y les recriminan su aparente desidia.

MORALEJA III

Si el mundo progresa, es porque de vez en cuando hay alguna hormiga que escucha.

1 COMENTARIO

  1. Magnífica narración y magníficas moralejas.

    Es un atrevimiento, pero me atrevo a una cuarta moraleja:
    Salirse de la alineación es lo mismo que salirse de la alienación. Es decir, cambiar el ritmo y la dirección de los pasos, porque has escuchado tu música.

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