LA VIDA EN NOSOTROS.

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¿Qué somos?  ¿De qué estamos hechos?  ¿Por qué sentimos y qué sentido tiene sentir? ¿Quién o qué está detrás de todo esto?

Sobre todo me interrogo:

La Vida… ¿qué es la vida?, ¿de dónde viene?,  ¿para qué o de qué sirve?,  ¿se terminará para siempre en nosotros?, ¿merece la pena la vida?

Esos interrogantes los llevamos todos dentro. Los humanos nos hemos hecho algunas o todas esas preguntas. Yo me las he hecho y unas veces he obtenido, buenas y divinas respuestas; otras veces, malas. Todo ha dependido, como me imagino que en vosotros, del momento vital en el que esas preguntas surgieron.

Pero he tenido ya bastantes “momentos vitales”;  tan intensamente vividos  o sentidos y pensados,  como para que mi opinión le diga a mi corazón y sólo a él lo siguiente:

La vida eres tú que mueves mi sangre con brío y valor a cada instante desde el día en el que comenzaste a latir en el vientre de mi madre. La vida eres tú mi fuerte corazón que no desfalleces aunque yo crea que todo se acaba. La vida eres tú músculo divino que te contraes y te expandes  no al son que te tocan, sino al  de tu libre albedrío;  porque sí, yo sé que tú tienes neuronas…y no porque me lo haya dicho la ciencia; es porque lo siento.  “El corazón tiene razones que la razón ignora”,  dijo Pascal.

Como todos nosotros, tengo  razones en ti y contigo, mi corazón, y esas razones son muchas; tantas que no cabrían en un tomo de mil hojas,  pero resumo aquí las que hacen que el ritmo de tu sístole y tu diástole sea de una frecuencia armónica que acompaña al resto del universo en la gran sinfonía, haciendo que mi sangre baile alegre por las venas.

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Gracias a ti, corazón, puedo sentir todas estas cosas de la vida; no de mi buena vida, pero sí de mi vida buena:

  • Recordar con pasión de madre a mis cachorros cuando eran niños y ahora mirarlos orgullosa cuando son hombres. Ellos, lo que más me importa.
  • Sentir la ternura de todos los demás cachorros humanos y no humanos de este mundo.
  • Escuchar música alegre, clásica o de cualquier estilo que me invite a bailar y despierte a mi alma de su letargo.
  • Contemplar amaneceres y atardeceres, mirar una rosa blanca bañada por la luz de la luna llena. Adentrarme en una dehesa  extremeña  en primavera repleta de lirios, margaritas de colores, amapolas…o en un bosque de castaños en otoño cerca de Hervás; hacer todo eso,  dando gracias a mis ojos sanos y vivos.
  • Cantar en medio de la naturaleza cuando sólo los animales, los árboles, las plantas y las piedras me escuchan.
  • Refrescarme en las aguas cristalinas de “la Vera” en verano.
  • Disfrutar del olor a azahar, jazmín, hierba buena, lavanda, albahaca, romero,  magnolias, rosas,  claveles…;  según la estación, en una noche despejada viendo las estrellas.
  • Devorar una jugosa, fresca y dulce naranja que calma mi sed.
  • Cocinar para los míos y comer con apetito nuestros  platos preferidos.
  • Cuidar de las plantas y ver como lo agradecen corriendo la savia por sus “venas”.
  • Caminar descalza sobre la arena de una playa vacía de gente al amanecer o al atardecer y también descalza caminar sobre una alfombra de césped recién cortado;  disfrutando del maravilloso olor que el mar y la hierba desprenden.
  • Un día de sol en pleno invierno y un día de lluvia en pleno verano.
  • Cuando hace frio en el cuerpo y en el alma, los leños de una chimenea ardiendo, un sofá, un buen vino y una buena conversación con otro corazón; ya sea humano, perro, gato, salamandra y hasta planta… alguien vivo, vívido y vivido.
  • Los baños calentitos y las duchas fresquitas, según al cuerpo le apetezcan.
  • Y como broche de oro, Leer a los más grandes desde alguna de mis atalayas, “enamorarme” de ellos e imaginariamente  

Sí,  así siento yo la vida.

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Y aunque cada uno a nuestra manera, según nuestra circunstancia comenzamos a caminar por este mundo  a veces  siendo amados, cuidados, admirados, necesitados;   otras veces,  odiados, envidiados, olvidados, despreciados, abandonados, maltratados;  porque  nada es para siempre, ni todo el tiempo;  al ser este un mundo sujeto al cambio y porque también cambia la vida que sobre él camina, repta, trepa, corre, vuela, nada o emerge de sus entrañas; Lo más importante, lo que debe quedarnos impreso en el alma, son las lecciones aprendidas y los gozos disfrutados.

Sé que es muy  fácil para los que vivimos con un techo y todas nuestras necesidades básicas cubiertas, aunque  tengamos que ganarnos el sustento, decir que “la vida es bella”; pero lo es también en todos los demás casos: en los que tienen mucho menos de lo normal y en los que tienen mucho más.  Al mirarla de frente y con valor, la vida nos da lo que podemos soportar  y  lo más duro es para quienes están más preparados, para los que obtendrán mejores notas; porque la vida es una escuela. La vida merece la pena,  no es un sinsentido,  tiene un porqué.

Yo no creo en el azar, ni en la buena o la mala suerte, me parecen  palabras vacías que no deberían existir en ningún idioma. Quienes creen en el azar ignoran las leyes de la JUSTICIA o lo que es lo mismo del EQUILIBRIO, que están presentes en todo aunque nos cueste tanto dolor reconocerlo cuando la “Noche Oscura” se nos ha instalado en el alma, cuando casi estás a punto de “poner los pies fuera del barranco”…

También estoy segura, porque así lo siento, de que todo no acaba aquí. Tanto esfuerzo no pone la naturaleza para nada; sería  total y absolutamente absurdo que todas las lecciones aprendidas, todos los gozos disfrutados, todo el trabajo y el entusiasmo murieran para siempre. Insisto, no existe una sola cosa en este mundo que no tenga  razón de ser o  sentido.

Nosotros somos de este mundo, pero también somos de otros “mundos” o “dimensiones”, como el resto de los seres y las “cosas”. Estamos, en último extremo,  hechos de lo mismo que todo lo demás, en nuestro interior vibran las mismas partículas subatómicas que vibran en “todo lo demás”, lo único que nos diferencia “de todo lo demás” es el orden de nuestra configuración;  la información que precede a ese orden para que se realice la forma de cada ser o “cosa” (entrecomillo “cosa”, porque ellas, “las cosas”, también tienen vida; eso será objeto de otra reflexión),  pero en esencia somos lo mismo; pura energía  y  ya sabemos  que ésa “ni se crea ni se destruye…” . Sepámonos  eternos como lo es todo.

Lo trágico es que nuestra continua transformación nos confunde, pensamos que esos huesos y esa calavera es lo que queda de lo que alguna vez alguien fue….¡No y  no! ¿Cómo se pude pensar y sentir así?; teniendo los  ojos del espíritu  para comprender  la belleza y un corazón para el amor ¿Cómo podemos creer que la belleza y el amor pueden no ser eternos?;  ¡claro que lo son!  Nada que ES puede ser destruido  ¿Cómo destruir un instante de sangre alegre y bailarina?, cuando sé que si divido el tiempo en… minutos, segundos, décimas, centésimas, milésimas de segundo… y así hasta el  infinito me encuentro con la eternidad de todos “los ahoras” incrustados en el “ ahora real”.

Es absurda la idea de la Nada después del Todo y qué pena me dan los que piensan que todo aquí se acaba. Yo pensé así cuando era muy joven y creía tener  mucho  tiempo por delante. También creí que no existía lo que  llamo Dios, pero sin embargo lo busqué desesperadamente; tuve que negarlo para ponerlo a prueba y poder creerlo.

Sí, creo que “la vida es bella”,  tan bella como nos parecen los colores de un caleidoscopio cuando, siendo niños, por primera vez los vemos y disfrutamos; tan bella como cuando nos sentimos correspondidos al enamorarnos;  tan bella como cuando olemos el aroma inconfundible de nuestro cachorro recién nacido y por ese aroma, ininteligiblemente,  lo reconocemos  nuestro…

Cuando siento la vida, yo no fui, ni seré; porque soy. Yo soy y lo sé.

Y cuando soy, también sé que soy  las estrellas,  el infinito y la eternidad;  porque me veo en todo, todo refleja mi mirada, como luz que penetra,  observa, engulle y quiere atrapar el ser de lo demás para fundirse con ello.

Que no se rinda mi interés, que la curiosidad se quede siempre conmigo…que una eterna búsqueda acabe no encontrando, más que por un instante; porque cuando ya esté todo resuelto ¿para qué seguir? Ahí se acabarían “la quimera del tiempo, el espacio, el movimiento y la materia”.  Será maravilloso acabar comprendiendo, entendiendo y conociendo al final de cada etapa;  pero es infinitamente mejor olvidar y comenzar de nuevo.

Por eso, VERDAD, si te encuentro y te tengo y te retengo…en la plácida contemplación del tesoro, en la copa llena; ya no hay lucha, solo paz;  paz eterna…y mi pasión ¿dónde queda?

Yo necesito crecer y crecer siempre, más y más y además contigo LIBERTAD, aunque casi siempre luchando por ti sea.

No te quiero poco, VIDA; te quiero tanto que me duele no poder llenar más tu copa porque ya esté llena.

Volviendo ahora al cuerpo,  aterrizando las ideas, sintiendo lo que hay bajo mis pies; como  me gusta decir: “Cuando una vida encuentre allá en la muerte que sea con ventanas hacia mi tierra”.

Lo dicho, es mi vida, la presente…la eterna.

 

 

 

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