“LA VIDA DESDE EL PATIO TRASERO…”

Lo hice por dinero. El amor no siempre es suficiente. Por mucha pasión que sientas hay que llegar a fin de mes. Además, debo reconocer que no la conocía en absoluto. Encontré una foto en una publicación, era en color,… no me gustó lo que vi.

La propuesta llegó más o menos por estas fechas y ya se sabe, los gastos de las fiestas, la cuesta de enero… En fin, acepté por que estaba bien pagado.

El lunes a primera hora (del 26 de enero de 1998) ya estábamos en la Fundación Joan Miró sacando de las enormes cajas de embalaje la obra Backyard. Cuando teníamos prácticamente todas las piezas fuera llegó ella. Tras las presentaciones se interesó por las condiciones de los segmentos de la escultura-instalación y, al estar todo correcto, fuimos a tomar un café.

Liza Lou, Kitchen, Deny and Repress, 1994. Solo Performance, California State University Art Gallery

Con una enorme educación, cordialidad y a veces timidez fue ella misma la que me explicó su proyectó, su obra.

Es difícil, para cualquiera, apreciar debidamente el impacto que causan las creaciones de Liza Lou a partir de fotografías. La escala, el color, realmente se pierden. Incluso la fuerte temática desde el punto de vista feminista (no dogmático, ni sometido a corrientes mayoritarias de opinión, ni militancias que fomenten su aceptación por parte de asociaciones activísimas –Liza no necesita que nadie le diga que es ni como debe ser una mujer-).

Evidentemente, su trabajo en esta época, tiene también que ver con la cultura de masas. En la fotografía de la revista de arte (no recuerdo cual) me había parecido kitsch, excesivo, un tanto vulgar… incluso mal hecho.

Lo cierto es que no podía estar más equivocado. La imagen del magazine era de su primera obra Kitchen (hablaré luego de ella). Backyard era la continuación lógica. Es una pieza a escala de un patio trasero de una casa norteamericana. “El sueño americano” que no todos pueden ¿podemos? alcanzar simbolizado por un pequeño espacio sin edificar donde se glorifica una forma de vida en 49 m2. Enteramente hecho, construido, con cuentas de cristal de diferentes colores. ¡250,000 hojas de hierba en diferentes tonos de verde y amarillo!, barbacoa, flamencos, flores, la necesaria manguera de agua para regar el césped… y la máquina para cortarlo

Backyard, 1996-1999. (670 x 731 cm)

Es el lugar de encuentro de la familia. Cada uno con su propio rol y cometido. El tendedero para ella, la barbacoa (quizás la única comida que prepara, para él). Se encontrarán en una mesa de jardín ya dispuesta. Un árbol (la única sombra de este humilde jardín). Flores enormes, de un colorido extremado, estridentes, brillantemente irreales… al igual que el rosa de los flamencos que alude a figuras artificiales y decorativas más que al animal.

Es la vida suburbana, en su más absoluta cotidianeidad, su materialismo y su vulgaridad… ¡es el reverso de la ensoñación del american way of live!

Ya en la sala de exposiciones comenzamos a ensamblar las distintas partes. Me explica como está elaborada cada brizna (una gran cantidad de cuentas enhebradas en un cable que, a su vez, se inserta en una superficie de papel maché). “Esta vez he usado menos objetos reales –me dice-; para la cocina, bueno,… para Kitchen ¡utilicé un estufa de cocina de verdad. Moverlo todo cuesta una barbaridad!”.

Sus carcajadas me despistaron un poco. Enseguida me di cuenta de la enormidad de trabajo que tenía delante. Debí quedarme con la boca abierta porque entonces me aclaró (casi con vergüenza y mirando al suelo,… aún no entendía porqué) que, en este caso, había contado con la ayuda de voluntarios que habían participado en talleres. De esta manera el trabajo de ¡cuarenta años se había reducido a dos…! y aún quería completarlo –cosa que efectuaría un año más tarde-.

Había utilizado más de 30 millones de cuentas para recrear ese mundo, un universo que, sin duda, nos ofrece una perspectiva diferente de nuestro entorno. La homogeneidad de estilos de vida (una tendencia a la que parecemos estar tristemente abocados) es denunciada con estridencia, casi de manera excesiva. ¿Y el material utilizado? ¿todo recubierto de abalorios?

Backyard (fragmento), 1996-1999

Un material tan poco frecuente, tan ligado a la artesanía (a la bisutería) pone en entredicho las fronteras entre lo que es arte y lo que no. Muchos se decantarían, como le ocurrió al principio de su carrera, por no considerar arte su obra: en parte por los elementos utilizados…, fundamentalmente por el tipo de trabajo (ensartar o pegar cuentas de vidrio) tan ligado, tan estereotipado como actividad femenina. Su labor se constituye, también, como un foco, un aviso, una exploración y finalmente reflexión sobre el papel que históricamente se atribuye a las mujeres, a su ámbito limitado (a veces exclusivo) de actuación: la infravalorada y restrictiva tarea doméstica.

Hablamos mucho aquellos días. Su inteligencia era avasalladora, desbordante,… adictiva. Su compromiso con el arte era definitivo, pero tal y como comprobaría más tarde (retroactivamente entendí esa mirada al suelo cuando explicaba, como justificándose que la habían ayudado voluntarios) su compromiso con “lo social” era, al menos, tan fuerte (no en lo teórico, esa creación de relatos en los que todos estamos para ser políticamente correctos y que nuestros hechos desmienten una y otra vez). En el sector del arte, la mayoría de las veces, cuando oímos “compromiso social”… “ayuda a colectivos”… mejor salir corriendo… ¡De lo que se habla realmente es de trabajar gratis a mayor gloria del artista, comisario e institución! Conozco muy bien el paño… ¡Mea culpa!

En la última charla que tuvimos, entre risas, me confesó:

«Tal vez no pueda cambiar el mundo, pero puedo construir uno que me resulte más interesante, más agradable»

Kitchen, 1991-1996

Evidentemente no se refería solo, que no es poco, al ámbito de lo estético. Se trataba, en aquel contexto de lo ético, de lo moral.

Tardé unos años en estar delante de la pieza con la que se consagró en este complicado mundo y que yo había visto en fotografía (inicialmente no me había gustado nada, aunque Liza me explicó durante horas cómo y porqué). Hablar de algo, ver una reproducción o contemplarlo directamente son cosas muy distintas.

En 1996, la directora de The New Museum of Contemporary Art de Nueva York exhibió la instalación de tamaño natural de Lou, Kitchen, una cocina suburbana en la que la superficie de la misma estaba cubierta completamente con cuentas brillantes. De esta manera, elevaba la decoración tradicional, humilde y barata (artesanal) al grado de las bellas artes.

Si nos detenemos a pensar hay algo del puntillismo de Georges Seurat, de Pop Art, incluso de minimalismo geométrico. Esos millones de pequeñas cuentas de vidrio de colores diluyen, difuminan cualquier distinción entre pintura y escultura. El lienzo imprimado por objetos reales, construye una imagen de una cocina a tamaño real, hasta el más mínimo detalle: las arrugas de las bolsas de patatas fritas, el periódico, los cereales sobre la mesa. Esta cacofonía sensorial nos mantiene a la expectativa… quizás vuelvan los habitantes de la casa… el agua del fregadero está aún abierta. Estamos ante una especie de pintura tridimensional espectacularmente luminosa, reflectante.

Lou pone todo en tela de juicio. Cuestiona ideas como “trabajo de mujeres”. Desborda los conceptos de arte masculino “serio” y artes y oficios femeninos.

Kitchen (fragmento), 1991-1996

Ella ya se había enfrentado a estos prejuicios durante sus inicios en el Instituto de Arte de San Francisco:

Decorativo. Demasiado feminista… me decían los profesores y compañeros”.

Estamos ante la guerra de la división del trabajo por sexos. Liza reventó este concepto convirtiendo el duro y pesado trabajo doméstico en un glamuroso país de las maravillas (aunque irónicamente, Alicia no aparecía en ningún momento). El resto está, el horno, la mesa dispuesta para el desayuno la nevera, y los platos aún por fregar de la noche anterior.

¡Cinco años de trabajo en solitario, miles y miles y miles… millones de cuentas de vidrio de colores… y unas pinzas para colocarlas!.

Muy joven (18 años) visitó Italia. Deslumbrada por las obras maestra de nuestro arte (muchas de ellas necesariamente con una participación colectiva), incluso vidas enteras dedicadas al logro de una sola pieza volvió a Estados Unidos decidida a encontrar una voz propia. La encontró:

«Soy una artista y voy a crear un mundo de cuentas de vidrio».

Pero si alguien esta aún confuso respecto a como interpretar el entorno al que nos remiten estos dos trabajos, quizás pueda ayudarle con una declaraciones que efectuó para The Artists’ and Writers’ Cookbook  (octubre de 2016). En esta publicación recuerda una importante lección de su madre sobre el feminismo y la independencia:

«Mi madre nos dijo a mi hermana y a mí que nunca deberíamos aprender a cocinar. «Ten cuidado con lo que haces bien, porque terminarás teniendo que hacerlo», nos dijo mi madre. A menudo entregaba instrucciones de vida concisa mientras esperábamos (…) Éramos una familia de chicas que se negó a desarrollar habilidades culinarias como una cuestión de honor. Mamá nos dijo que ser el ama de casa perfecta no era garantía de nada.»

The Damned, 2003-2004

The Damned supone mostrar lo que hasta ese momento había sido presencia intuida, pero no visible. El ser humano es mostrado en un momento de máximo dolor.

Expulsados del paraíso, la angustia y la vergüenza se apoderan de una pareja que avanza (marchan, en su doble acepción –de movimiento y abandono-) hacia lo desconocido. Y es justo en ese momento cuando su esplendor parece no conocer límite.

Brillan, literalmente… comienzan una aventura sin la protección divina. Expuestos a todo, y por tanto frágiles. Pero es nada más una sensación. Sus cuerpos refutan la debilidad sentida. El hombre, titánico, se tapa los ojos… pero como un niño (lo era aún en el Jardín del Edén) entreabre los dedos de las manos para mirar furtivamente, a caballo entre el juego y el miedo.

Ella grita, probablemente de rabia. ¿Acaso no es un pecado tener que esconder un cuerpo monumental, en el cenit de su belleza?

Liza no es ni atea ni creyente. Sus padres se convirtieron en Cristianos renacidos a mediados de los años sesenta. Su infancia estuvo rodeada de manifestaciones de fe extremas, excesivas, opresivas… abusivas. Desde luego la figura paterna no tiene connotaciones positivas en su experiencia personal.

La expulsión del Jardín puede que no sea tan mala, aunque sea injusta.

The Damned (fragmento), 2003-2004

Para Thaddaeus Ropac, su galerista en París:

“El trabajo de Liza es una imitación de la vida, donde nada es real. Al mismo tiempo, está tan presente que puede ser muy aterrador”.

Es muy posible que tenga razón… pero también es factible que contenga muchísima vida… o vidas. Mejor explico este punto.

En 2005 viaja a Sudáfrica para buscar un equipo de mujeres zulúes con las que trabajar. Son famosas por tener una larga tradición en el empleo de abalorios. Inicialmente forma un equipo para completar un pieza, Security Fence. Se trata de una estancia totalmente cercada, rematada con alambre de espino con un brillo cristalino.

Pensó que con tres meses bastaría y volvería… Liza se quedó en Durban diez años. Y esto cambió su obra de una manera definitiva. Podría añadir que a ella también… pero no creo que sea cierto. Su compromiso con “lo social” y con la problemática de ser mujer en este planeta… ya estaba ahí desde mucho antes. Al menos, cuando la conocí, ya eran sus vivencias y sentimientos ¡acciones cotidianas! en su vida. No era una narrativa política. No era un posicionamiento estético. No era una imposición social.

Muy lejos de ser una salvadora blanca en África, sentó las bases para el crecimiento personal y económico de sus 30 empleadas, con las que ha trabajado de igual a igual, desde el respeto, desde la humildad, juntas en su estudio.

Security Fence, 2005

Las obligó a abrir sus propias cuentas bancarias (en lugar de utilizar las de sus maridos). Ha posibilitado la necesaria medicación para el VIH y la tuberculosis. En su entorno el VIH no es un estigma. Ella no vive dentro de la preciosa valla de seguridad. Sus empleadas tienen becas para asistir a cursos de economía y a la universidad…  cobran una cantidad suficiente como para que a su vez contraten a empleados propios en el desarrollo de sus negocios. Al respecto del VIH declaraba en «Why Liza Lou Needs to Destroy to Create – ELEPHANT» (11 de octubre de 2018):

«La salud es un problema real para las mujeres con las que trabajo, pero la forma en que la tratamos es que todas tenemos el VIH, incluida yo misma, no existe una separación entre tú y yo, todas tenemos la enfermedad de una forma u otra».

No les da una limosna temporal. Les ha permitido crear una infraestructura económica propia e independiente. ¿Me entendéis ahora cuando establezco una enorme diferencia entre su forma –ética, responsable, generosa, INTELIGENTE-, de actuar y muchos de los comportamientos que observo en mi entorno?

¿Es artivismo? ES ARTE. PUNTO

Por cierto, buena parte de su equipo podía trabajar desde casa para poder cuidar a los niños.

La manera en que su obra ha cambiado es significativa. ¿Cómo no iba a cambiar? Sus experiencias vitales se han nutrido con una sociedad en la que las cuentas tiene una importancia cultural de siglos de antigüedad. En palabras de Liza: “La historia de la pintura palidece en comparación”.

Alrededor de Durban, en sus municipios, las mujeres vendían obras hechas con abalorios. Este pequeño elemento, un objeto al que no prestamos importancia significaba trabajo,… significaba… vida. Podías sobrevivir.

Aggregate: Primary, 2018

Para el historiador y crítico de arte Robert Pincus-Witten, estamos ante una síntesis única de cuestiones derivadas del conceptualismo, el arte pop y el feminismo. “Existe esa ambigüedad entre lo extremadamente lujoso y lo políticamente aterrador”, afirma. Es una definición un tanto simplista. Es como decir que una canción son unas cuantas palabras juntas insertadas entre sonidos de instrumentos.

Durante tres años su equipo en Durban, ese fantástico grupo de mujeres (de profesionales) africanas trabajaron en más de 600 piezas de tela con cuentas, machacadas por Liza con un martillo, dejando y potenciando las manchas que dejamos con las manos produciendo una pieza de más de 30 metros de longitud. Puede parecer una enormidad, pero el resultado es de una sutileza y una exquisitez envidiable.

Es sólo una parte  de la muestra “Clasificación y nomenclatura de las nubes”.

Liza Lou. Detrás, Clasificación y nomenclatura de las nubes, 2015-2018

Liza Lou parece seguir decidida a glorificar lo humilde y a embellecer lo horrible. Es una tarea admirable y enorme… casi imposible. Finalmente está consiguiendo cambiar el mundo… al menos aquel en el que trabaja… y el de las personas que lo hacen ¡con! ella. Sin duda ha logrado que la vida sea “más interesante, más agradable” –tal y como quería en 1998-.

Empecé mirando el suelo de un jardín trasero, de rodillas,… he transitado por el Jardín del Edén (expulsado, como lo hemos sido todos, pero he salido más fuerte, erguido, casi desafiante -al fin y al cabo hace mucho que convertimos el Edén en un patio trasero-) y he acabado mirando las nubes.

No lo hice por amor, lo hice por dinero.

Hoy si,… si lo haría por amor… al ARTE.

Quería hablar de arte. Quizás lo he hecho. No mucho. Pero el trabajo y el ejemplo de Liza Lou es importante.

“Nunca lo supe pero ahora dicen que nací en un patio trasero…”   

Lina  Zerón                                                                                                    

* Mientras escribía sonaba una y otra vez, desesperada y obsesivamente, Dress, PJ Harvey, 1992 (Podéis hacer lo mismo… o no)

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