LA VENTANA PINTADA

 

#EnCasaconPLAZABIERTA

 

Es extraño el mundo más allá de la ventana, ajeno, inconsistente en su luz no compartida, que parece contenido en un tapiz pegado a los cristales, y su profundidad no semeja mayor que el grosor de la tela en la que aparece pintado.

Es un mundo paisaje que desconoce el movimiento, la luz que ilumine, la brisa que agite la ropa tendida en terrazas lejanas, que mueva las nubes, solo dispuestas en el cielo para romper su imposible monotonía, esparcidas estratégicamente para simular una realidad irrelevante.

Sus colores, sublimes, detonantes, solo posibles en un mundo muerto, son irrealmente brillantes, rezuman aroma de paleta y sensación de acuarela densa por falta de agua, de oleo sin mezclar. Tan diáfanos, tan reverberantes, que no permiten la mácula de la vida, la discontinuidad del movimiento.

Por eso, porque mi mundo no está ahí fuera, me aferro a la cordura de no preguntarme como sería la vida en ese exterior ficticio, inalcanzable, solo visitable desde un discurrir poético. Ya, casi, sumido en la realidad de cada día, ni me asomo a la ventana.

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