LA TRUPE DE LOS IDIOTAS

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Vivimos tiempos de desafectos, tiempos de grises y nubes bajas. Vivimos de espalda al diferente, desamortizada ya la generosidad y el humanismo no alcanzamos a ver la realidad que los totalitarismos nos están poniendo delante. Ajenos a esa realidad cultivamos la estupidez y se abrazan, desde la ignorancia, discurso vacuos que simplifican la capacidad intelectual de quienes se sienten atraído por esa dinámica ideológica que pretende reducir la libertad a la mínima expresión.

fotocomposición plazabierta.com

Es complicado comprender como una sociedad puede haber desactivado las alertas que en otros tiempos nos avisaban de los peligros de una autarquía cultural que ponen en riesgo el desarrollo tecnológico, el conocimiento y el estado del bienestar. Esas alertas que mantenían fuera de nuestros circulos de confort las conductas a las que el derecho no llega, porque nos sentíamos protegidos por conceptos éticos que marcaban la convivencia.

No quiero asomarme a ese escenario distopico en el que la derecha y la extrema derecha pretenden situar al Gobierno de progreso, en un intento de proyectar imágenes distorsionadas de la realidad política de los últimos años. Sus argumentos son la negación de estas políticas, sin propuestas alternativas, su programa tiene un eje central, desprestigiar no solo las políticas sociales y de progreso del ejecutivo presidido por Pedro Sanchez sino al mismo Sanchez y hasta ahí llegan, lo extraño es como el electorado conservador es capaz de amortizar tanta soplonería negacionista y se conforma con una exposición tan mezquina de la realidad social de este pais, pais del que parecen no formar parte. No les importa el abandono de los compromisos sociales recogidos en la Constitución del que hacen gala formaciones que presumen de constitucionalistas como el PP.

La derecha española se ha unido a las estrategias de la extrema derecha en ese afán por implosionar el sistema, actuando como caballo de Troya de las políticas negacionistas de VOX y ante esta nueva forma de entender la política las alarmas siguen sin saltar en los sectores sociales más vulnerables y estos ciudadanos continúan desoyendo ese ruido de sables y otorgando el poder, por acción u omisión, de las instituciones a las políticas neoliberales y populistas.

Cada vez se normalizan más los discursos radicalizados de la extrema derecha y la derecha y esto es lo que hace que las diferencias se reduzcan. El nivel ideológico cada vez se inclina más hacía corrientes ideológicas asociadas a la extrema derecha y vuelven a surgir los populismos, los totalitarismos, los fascismos, los nacionalismos y sus políticas negacionistas. liderados por personajes que se postulan abiertamente como paladines de esas ideologías, Trump y Bolsonaro, Orban, Meloni, Salvini, Thierry Baudet, líderes capaces de generar una involución democrática que cada vez causa más desasosiego en las democracias liberales occidentales y ante cuyo avance los diques de contención son insuficientes o fácilmente salvables por esta marea, porque entre otras razones los partidos conservadores cada vez se escoran más hacía estos postulados populista en una lucha sin cuartel y en la que todo vale con tal de no perder espacio electoral.

Una de las consecuencias de esta aproximación es una desintegración del centro político cuyos fragmentos son recogidos mayoritariamente por la derecha y son las consecuencias de sus políticas neoliberales las que dan cobijo al desinterés. Los griegos denominaban idiotas a aquellos que no se ocupaba de los asuntos públicos, sino sólo de sus intereses privados, pues bien esta trupe de idiotas son, hoy por hoy, la gran baza electoral de las derechas, aquellos que piensan que todas las ideologías están cortadas por el mismo patrón y creen que la solución está en la abstencion y el desinterés. O lo que es casi lo mismo, en la idiotez y la ignorancia.

 

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