LA TRISTE CANCION DEL TIEMPO

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En el último tramo, pasada ya la media noche,
el callejón zigzagueaba entre sombras de luna.
Pasada la medianoche, el rictus y la tristeza marcaban arrugas en el columpio de su mirada.

Llegará la mañana por los ventanales de mirtos y
claveles, la luz filtrándose entre aromas de silencios
invernales. Llegará la mañana abrazada a la aurora,
mientras el tañido del broce despierta palomas torcaces.

El reloj va camino de las cuatro, volteado el mediodía,
como un tahúr con sombrero de copa el tiempo
oculta sus cartas. El reloj camino de las cuatro
desnuda al calendario de soles lunas y amapolas.

Anochece que no es poco, dicen los sabios, compañeros
de soledades, las de hoy y las de siempre y las mismas de mañana. Anochece entre besos de labios anónimos, fugaces, mientras bailan valses azules las mariposas.

Ya solo quedamos tu y yo, sin noches ni mañanas,
sin relojes ni mariposas. Tú y yo preguntándonos
donde se esconden los abrazos no dados, las miradas
perdidas, los silencios y las horas, el gesto y la palabra.

 

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