LA RESPONSABILIDAD

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Conceptos como responsabilidad y libre albedrío están profundamente arraigados en nuestra auto comprensión, pero están continuamente tamizados por la conciencia.

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Pero, ¿en qué consiste el libre albedrío? Cuando tomamos decisiones o realizamos acciones, por lo general percibimos hacerlo libremente. Pero hay situaciones en las que somos manipulados mental o emocionalmente, nos demos cuenta o no. Parece sencillo declarar que una persona actúa libremente si es cierto que podría haber actuado de otra manera, y podría ser una idea intuitiva de acción libre.

Sin embargo, las decisiones que toma una persona son el resultado de sus deseos, y sus deseos están determinados por sus circunstancias, sus experiencias pasadas y sus rasgos psicológicos y de personalidad: disposiciones, gustos, temperamento, inteligencia, etc.

Las circunstancias, experiencias y rasgos son el resultado de muchos factores fuera del control del individuo, incluida la educación y quizás incluso la genética. Entonces, ¿puede  el resultado del libre albedrío ser, en relación a las acciones de una persona, como el color de sus ojos?

El filtro, la conciencia, es un sentido personal del contenido moral, (valores y comportamientos más adecuados dentro de un contexto o sociedad determinada), de la propia conducta, intenciones o carácter con respecto a un sentimiento de obligación de hacer el bien o ser bueno. Suele entenderse que la conciencia, generalmente informada por la aculturación y la instrucción, aporta juicios intuitivamente autoritarios con respecto a la calidad moral de acciones individuales.

Fuera del contexto de la religión, filósofos, científicos sociales y psicólogos han buscado comprender la conciencia, tanto en su aspecto individual como social. Un punto de vista, el intuicionismo, sostiene que la conciencia es una facultad intuitiva innata que determina la percepción del bien y del mal. El empirismo sostiene que la conciencia es una inferencia acumulativa y subjetiva de la experiencia pasada que da dirección a la conducta futura. La visión científica del comportamiento, por otro lado, la observa como un conjunto de respuestas aprendidas a estímulos sociales particulares. Sigmund Freud propuso otra explicación en su postulación del superyó: el superyó es un elemento importante de la personalidad que se forma mediante la incorporación en el niño de valores morales, a través de la aprobación o el castigo de los padres. El conjunto resultante internalizado de prohibiciones, condenas e inhibiciones es esa parte del superyó conocida como conciencia.

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Son estados y procesos conscientes los que nos llevan a la acción, en concordancia con motivaciones, valores y rasgos de carácter, respaldados por un agente. La producción de acción consciente se considera mucho más importante para el libre albedrío que la concordancia con las motivaciones, los valores y los rasgos de carácter. La conciencia no es lo que generalmente pensamos que es. No es un acceso directo a nuestro mundo interior de pensamientos y juicios, sino un proceso altamente inferencial que solo nos da la impresión de inmediatez.

Podemos tener libre albedrío y ser responsables de nuestras acciones. Consciente e inconsciente no son esferas separadas; operan en tándem. No somos simplemente marionetas manipuladas por nuestros pensamientos inconscientes, porque la reflexión consciente tiene efectos en nuestro comportamiento. Interactúa con procesos implícitos y se alimenta de ellos. Al final, ser libre significa actuar de acuerdo con las propias razones, ya sean conscientes o no.

Entonces, ¿de qué somos realmente responsables? Somos responsables de nuestros propios comportamientos, estados de ánimo, elecciones, problemas, actitudes, felicidad, defectos de carácter, pensamientos, sentimientos, esperanzas, sueños, errores, la forma en que tratamos a los demás y si permitimos o no que abusen de nosotros, nos manipulen o maltraten.

No somos responsables de las elecciones, los comportamientos, las malas decisiones, las adicciones, las consecuencias de sus elecciones, las esperanzas, los sueños, los defectos de carácter, los pensamientos, los sentimientos, los problemas, las actitudes y los estados de ánimo de otras personas.

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