LA PEREZA DEMOCRÁTICA

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Aunque es ya una realidad contrastada, sigue sorprendiéndonos el auge de la extrema derecha en los países de la UE, favorecida, entre otros muchos factores, por la normalización institucional que supone el hecho de las alianzas que partidos conservadores van tejiendo en los distintos parlamentos no solo nacionales sino tambien  regionales y locales con partidos cuya posición ideológica abrazan ideologías ultraderechistas.

¿La cuestión es por qué ciudadanos con perfiles progresistas han virado hacia opciones de extrema derecha? ¿por qué entronizan los liderazgos de los Putin, Bolsonaro, Meloni, Orban o Abascal? ¿A qué se debe esta pereza democrática? Lo cierto es que se ha desactivado el llamado voto de clase, el voto obrero reivindicativo y  militante y este voto ha migrado hacia posicionamientos liberales en incluso neoliberales. La aparición de asalariados de cuello blanco, profesionales de la salud, ingenieros, docentes… que apenas hace cincuenta años conformaban una clase media heredera del mayo del 68 y protagonista de la transición española, y que hoy día viven inmersos en una precariedad laboral sin precedentes, unido a los avances tecnológicos y a la necesidad de profesionales cualificados, ha alterado el modus operandi de las reivindicaciones laborales y como consecuencia tambien la percepción sobre la intención de voto.

Por otra parte esta pléyade de trabajadores, fagocitados intelectual y económicamente por las grandes corporaciones tecnológicas o por la creciente privatización de sectores públicos como la salud, acumulan tal grado de frustración que les independiza de los patrones ideológicos a la hora de votar, propiciando una volatilidad electoral que termina favoreciendo la creación de nuevos partidos, tanto a la derecha como a la izquierda de las formaciones tradicionales.

Asi mismo los sindicatos de clases han perdido incluso su denominación reivindicativa, ahora son agentes sociales, en el mismo saco conceptual que la patronal. La lucha obrera  es ya un mito de los años setenta y ochenta. Hoy día predominan, en las grandes empresas y sobre todo en las públicas, los sindicatos corporativistas que defienden lo tribal frente a lo colectivo, con lo cual el principio de solidaridad ha desaparecido y este cambio de tendencia enlaza con las políticas neoliberales, propiciando una aristocracia obrera. La dispersión laboral, sobre todo a raíz de la pandemia, ha atomizado la reivindicación obrera hasta el punto de estar al borde de la desaparición.

Paradójicamente son los jubilados, antiguos militantes sindicales y con la conciencia de clase intacta y los colectivos feministas los que sobreviven con sus reivindicaciones a está alienación que las políticas neoliberales están expandiendo sin ningún a posibilidad de cortafuego.

La caída del muro de Berlín en el ochenta y nueve y la posterior descomposición de la UURSS supuso un antes y un después en la focalización de un nuevo frente de belicosidad política por parte de la extrema derecha europea, ya el comunismo no es el enemigo, en España sigue siéndolo, el relevo lo tomaron el multiculturalismo, la emigración, la deslocalización, la cesión de la soberanía a entidades supra nacionales, caso de la UE y cuyo ejemplo más flagrante fue el BREXIT, propiciado por el UKIP, partido euroescéptico liderado en aquellos momentos por Farage y por supuesto el negacionismo, el aborto o la abierta oposición a la legislación sobre la violencia hacía la mujer y los colectivos LGTBI.

Uno de los aspectos más preocupantes es la adscripción de los jóvenes a esta ideología ultra y ello, en parte, viene propiciado por la amenaza del desempleo y la visualización de políticas radicales en materia de emigración que no hacen más que aumentar la sensación de inseguridad laboral, lo que propicia el enganche ideológico a banderas autárquicas, caso de Trump en EE. UU o  xenofóbicas como el caso de Orban, Marina Le Pain, Meloni o Abascal en España.

No debemos olvidarnos del factor desestructurante que supone la brecha entre las grandes ciudades y el mundo rural, al que la economía globalizada apenas sí llega y con una oferta de servicios tanto públicos como privados precarias, privados del acceso a las nuevas tecnologías e inmersos cada vez más en un proceso involutivo que facilita el arraigo de la ultra derecha.

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