LA PANDEMIA DEL CAMBIO

 

#EnCasaconPLAZABIERTA

Nos creímos invencibles y jugamos a ser Dios. No hemos admitido que somos parte de un todo, de un multiverso,  del planeta azul que hemos convertido en un basurero, en nuestro basurero. No fuimos conscientes que el daño causado en nuestro entorno un día se volvería contra nosotros. No hemos sabido ver, peor aún, comprender, que todo lo que existe está interconectado.

Nosotros no fuimos colocados en este universo, somos una consecuencia natural de la existencia del universo. Somos el universo en sí. Las partículas de las que estamos hechos son las mismas que hacen brillar al sol. El 97% de nuestro cuerpo está constituido de polvo de estrellas. Somos sublimes en nuestra existencia.

Estamos acariciando el cosmos sólo por el hecho de existir, pero este romanticismo científico  se torna en una desesperante autodestrucción, no sólo de nuestros ecosistemas, sino también de lo más importante, del espíritu humano; porque convirtiéndonos en seres desalmados y egoístas hemos deshumanizado nuestra existencia, convirtiéndonos en fríos instrumentos de ese monstruo oculto, pero tan a la vista, que nosotros mismos hemos creado y alimentamos día a día, primero por nuestra ignorancia,  después por nuestra soberbia y, finalmente, por la ambición. La ignorancia de no querer aprender de nuestros errores, la soberbia de los dioses mezquinos y la ambición de dominar.

La fuerza destructora del hombre está cavando su propia tumba, no sólo la que albergará nuestros huesos, sino la que día a día da sepultura a nuestras mezquindades, sobre todo cuanto más cerca estamos de lo que consideramos el éxito, porque cuanto mayor es nuestro poder peor lo utilizamos.

Hemos avanzado en ciencia, en tecnología, pero hemos retrocedido en sabiduría. Nos hemos olvidado de fomentar el humanismo, las cualidades propias de la naturaleza humana que realmente dan un sentido racional a la vida en conexión con nuestros semejantes. Los  individualismos, el deseo constante de poseer en vez de disfrutar de nuestra propia existencia, asemeja al hombre a un gran engranaje del hierro oxidado cuya fuerza motriz mueven los demonios creados por nuestras ciegas actuaciones, porque vivimos de espalda a la luz de la razón y del sentido de la vida que, no es otro que nacer, vivir y morir. Vivir en la plenitud de una interconexión humana y morir con la satisfacción de nuestras acciones positivas, esas que crean y no destruyen.

Convirtamos al hombre depredador en el hombre evolutivo, con la consciencia cósmica de su propia existencia, de la de su entorno, de las leyes de materia, de la energia y de la información, no sólo en provecho propio sino de toda la humanidad.

Son muchas las ocasiones que a lo largo de la existencia del ser humano  se nos ha brindado la ocasión de un cambio, desde desastres naturales que han puesto de manifiesto un superpoder incontrolable, a veces auspiciadas por nosotros mismos,  hasta nuestra propia autodestrucción por el simple deseo de conquistar y dominar el mundo, a los demás, con  guerras y más guerras, tiranías y holocaustos en los que hemos participado o hemos permitido volviendo la vista hacia otro lado, pensando que es el poder político el responsable en dar soluciones, desaprovechado la oportunidad de una auténtica reconstrucción humana.

Estamos ante una nueva oportunidad, la que nos brinda esta pandemia, para replantearnos nuestra propia existencia, tanto a nivel individual como colectivo. Pensemos al enterrar a nuestros muertos que quizá mañana podemos ser uno de ellos. Pensemos si ha merecido la pena vivir de espaldas a la Vida que nos ha transformado en muertos vivientes cuya putrefacción tapamos con cal viva para que no nos quede el recuerdo que pudimos ser diferentes. Reflexionemos si ha merecido la pena vivir así, de cara a un consumismo destructor y de espaldas a lo que da sentido a nuestra propia existencia, que es trabajar en común, no con la intención de dominar sino de subsistir, pasado de una riqueza de explotación al más débil a una riqueza de recursos, en la que todos y cada uno de nosotros seamos el activo de una gran empresa. La humanidad.

Pongamos de manifiesto que no sólo somos héroes por sobrevivir a la pandemia, sino porque hemos sido capaces de comprender a dónde nos han llevado nuestras miserias y a dónde nos puede llevar una nueva existencia, de cambio y de progreso humano. Pero los buitres estarán al acecho no sólo para desenterrar a los muertos y usarlos como moneda de cambio, sino para impedir que avancemos, porque nuestro éxito sacarán a la luz sus miserias.

No es fácil, tendremos que renunciar a parte de nuestro bienestar en beneficio de lo común. ¿Estamos dispuestos?…. o sólo somos héroes de pacotilla, de los que hablamos, criticamos, aplaudimos, pero no hacemos nada… Es momento de reflexión… el cambio dependerá de cada uno, de ti, de mí… no de los políticos, a esos los elegimos nosotros y los podemos cambiar… no de los poderosos, porque esos buscan sólo su propio beneficio: sumar poder… Sólo, sólo de nosotros depende. Eso es el humanismo, 1+1+1+1… hasta el ∞. ¿Te apuntas al cambio o volemos a lo mismo?, es decir, seguir jugando a ser dioses… formar parte de un sistema que te utiliza, con ideologías, en vez de con aportación de ideas o suma de ideas, con informaciones sesgadas, manipuladas. 

 

 

 

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