LA NOCHE DEL OLVIDO

 

Se hace de noche y las sombras se acumulan en mi cabeza, recuerdos que no quisiera recordar, penumbras que no me dejan ver. Me arrepiento de no haberte dado lo que tú me diste, me siento culpable de tu destierro y hasta de tu enfermedad porque no supe escucharte cuando aún tu cuerpo estaba en sintonía con tu mente. 

 

Hoy no has levantado la cabeza, caída sobre la mesa, no se si no me querías ver o es que no me veías. Tu cuerpo cansado se revela, quiere levantarse de esa silla en la que estás postrado, preso de esa enfermedad de la que no puedo aliviarte.

Sí, soy culpable de tu retiro forzoso, y tal vez de tu falta de memoria, quizá para olvidar aquel día que te dejé allí.

 Pasan los días… Cinco años desde que empezaste a perderte en ese mundo vacío, años en los que no he podido sentirte como antes te sentía, en los que ya no estás conmigo. 

Ahora siento el cansancio de la vida. Cansado de no poder hacer nada.

Oigo tu lamento y veo tus lagrimas buscando camino entre los surcos de tu cara. ¿Por qué sufres si tus recuerdos ya no existen?.

Padre perdóname, si es que aún me puedes perdonar.

No puedo contener mi llanto, pero quiero que el tuyo cese.

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