LA MANIPULACIÓN COMO SÍNTOMA DE LA IGNORANCIA: LA ILUMINACIÓN COMO ÚNICO CAMINO DE RESISTENCIA

0
45780
102
1

 

 

¿Somos los seres humanos manipulables?, por supuesto que sí. Y mucho. La cuestión está en cómo evitarlo.

Manipulación Plítica

Desde una perspectiva antropológica, el ser humano es un ser influenciable por naturaleza. Nacemos seres independientes, aprendemos imitando y construimos nuestra identidad en relación con otros. Esta apertura necesaria para la vida social, es también el terreno fértil, donde la manipulación puede arraigar. Sin embargo, no toda influencia es manipulación. La diferencia esencial reside en la intención y en el grado de consciencia del sujeto influido. Cuando la influencia se ejerce de manera opaca, explotando carencias emocionales o cognitivas, y cuando el individuo no es consciente de ello a influencia se convierte en manipulación.

La manipulación así se convierte en una de las formas más sutiles y persistentes de dominación que atraviesa la historia humana. La necesidad, la dependencia emocional, la presión social,  entre otros, son los principales elementos en los que se sustenta la manipulación, cuya mejor forma de combatir es mediante la iluminación, entendida como un proceso de toma de consciencia y, por lo tanto, también de conciencia en cuanto nos permite distinguir entre lo que está bien y mal.

Dicho de otra manera, la ignorancia es el principal caldo de cultivo para que la manipulación extienda sus tentáculos, aunque no la única .La dependencia en cualquiera de sus manifestaciones, emocional, económica y funcional, pueden convertir a la persona en manipulable, incluso el amor cuando se entiende como posesión de la persona amada.

La manipulación emocional es quizás la expresión más cercana y cotidiana de este fenómeno. Quien no se conoce a sí mismo, quien no reconoce sus heridas o carencias, se convierte en altamente vulnerable frente a discursos o creencias que le prometen seguridad, o amor o sentido a cambio de sumisión. En este contexto, el manipulador no crea la debilidad; la detectan y la explota.

Centrándonos en la ignorancia que posibilita la manipulación no solo viene referida al desconocimiento de datos objetivos. Una persona puede estar altamente instruida y, aún así, ser fuertemente manipulable. Se trata más bien  de una ignorancia estructural, es decir, basada en el desconocimiento de uno mismo, pero también en una confianza pueril en las estructuras y sujetos a través de los cuales se ejerce la manipulación, esto es, del funcionamiento del poder y de los mecanismos que moldean la conciencia. En este sentido, la manipulación no es solo un acto externo ejercido por otros, sino un fenómeno que se sostiene gracias a una oscuridad interior.

Como acto externo, cuando la influencia se ejerce de manera opaca, explotando carencias emocionales o cognitivas, y cuando el individuo no es consciente de ello, la influencia exterior de la que todos dependemos para forjar nuestra propia estructura personal y social se convierte en manipulación.

Históricamente, los sistemas de poder han comprendido bien esta dinámica. La manipulación colectiva rara vez se sostiene solo mediante la fuerza; necesita legitimación simbólica. Religiones dogmáticas, ideologías totalitarias, sistemas económicos deshumanizantes y medios de comunicación masivos, han utilizado la ignorancia como herramienta de control, ocultando o fragmentando la información, y distorsionándola hasta llegar a saturar al individuo de modo que pierda la capacidad de discernir.

Frente a este panorama, la iluminación aparece no como un estado místico o inalcanzable, sino como un proceso ético e intelectual. Siendo así, que iluminarse significa en primer lugar reconocer la propia ignorancia y, a continuación combatirla, recordando que la iluminación empieza con la duda,  y con la incomodidad de cuestionar lo que se ha dado por sentado, de manera que quien se cree completamente informado e inmune a la manipulación ya ha cerrado la puerta al pensamiento crítico. Asimismo, la iluminación requiere una alfabetización crítica del mundo simbólico. Aprender a leer discursos, a detectar intereses ocultos, a distinguir hechos de interpretaciones y a tolerar la complejidad es una forma de resistencia.

No se trata de desconfiar de todo de manera paranoica, sino de ejercer una vigilancia lúcida sobre aquello que pretende moldear nuestra percepción. Siendo así, podemos afirmar que la iluminación no elimina la influencia externa, pero sí transforma la relación con ella, dejando de ser el individuo un objeto pasivo para convertirse en un sujeto activo.

Asimismo, conviene indicar que la iluminación no siempre garantiza la inmunidad absoluta frente a la manipulación. La vulnerabilidad, el cansancio y la duda siempre estarán presentes, lo que cambia es la dirección del movimiento: en lugar de una oscuridad que se profundiza, hay una consciencia que tiende a expandirse.

Por último, la iluminación tiene una dimensión ética colectiva, siendo así que, una sociedad que fomenta el pensamiento crítico, la educación integral y el autoconocimiento es una sociedad menos manipulable. Por el contrario, cuando se desincentiva la reflexión, se premia la desobediencia ciega y se castiga la duda, la manipulación tiende a normalizarse. Es por ello que, debemos tener en cuenrta que, en un mundo como el actual saturado de discursos, estímulos, promesas, y de dogmas de tinte político, ideológico y religioso, iluminarse no es un lujo intelectual, sino una forma esencial de resistencia y dignidad humana; en nosotros está la solución.

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí