LA LUCHA POR RESTAURAR LA DEMOCRACIA EN CATALUÑA.

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El Miércoles, 9 de diciembre, en la explanada frente a la estación de RENFE de Sant Andreu Arenal y convocados por la plataforma “MERIDIANA SIN CORTES”, nos concentramos casi 400 vecinos reclamando el final de los cortes que diariamente se realizan desde hace más de un año, con la complicidad y connivencia de la Generalitat y el Ayuntamiento, en la que es una de las principales vías de acceso rodado a la ciudad de Barcelona.

Estábamos convocados para las 19:30, pero a partir de las 19:00 ya empezaron a reunirse vecinos. La policía autonómica, los mossos d’esquadra, montaron una especie de jaula para aislarnos de los secesionistas que habitualmente cortan la avenida. Ese día llegaron antes, según sus propios eslóganes para contrarrestar a los “violentos ultraderechistas” que pretendían impedirles su derecho a manifestarse “pacíficamente”. Su llamada no produjo el resultado esperado, aunque es cierto que doblaron la presencia habitual de 20 o 30 manifestantes.

Hubiera sido más sencillo para los mossos d’esquadra enjaular su concentración ya que eran menos, pero parece que su pretensión era facilitarles la movilidad y ayudarles, como cada día y desde hace más de un año, a interrumpir el tráfico. También habría sido más fácil trasladarlos hasta la amplia acera de la Meridiana, se podrían seguir manifestando y no molestarían a la ciudadanía, pero ya sabemos que las órdenes es facilitarles todo.

Mantener viva el ascua del Procés y del lazismo amarillista es muy importante para los mandamases del actual Govern de la Generalitat, en unos momentos de negociaciones con el Gobierno Español ─bajamos la tensión pero mantenemos los cañones y la mecha presta─ de los que parece claro obtendrán grandes contrapartidas (blindaje inmersión lingüística, rotura caja única Seguridad Social, posibles indultos y cambio código penal en el delito de rebelión y sedición, etc.) a cambio de la aprobación de los presupuestos.

Llamaba la atención en el lado secesionista una pancarta en la que rezaba: Nou Barris será la tumba del fascismo.

Es terrible la perversión del lenguaje. Lo que caracteriza al fascismo es su pretensión de imponer una manera de pensar uniformizada donde el ciudadano desaparece devorado por valores como la nación, la raza o la lengua. No hace falta profundizar mucho para concluir que es el nacional-secesionismo, el que nos obliga a soportar cortes desde hace más de un año, el que adolece de tics fascistas, aunque, eso si, pretende vestir ropajes democráticos.

El desarrollo de la concentración vecinal fue pacifico y festivo, algo agresivo verbalmente con los secesionistas y con la Generalitat, ciertamente, pero no hubo ninguna agresión física, ni saludos fascistas, ni cánticos franquistas, ni banderas inconstitucionales. Se reclamó libertad y democracia y se gritó contra la opresión y las molestias que los cortes de la Meridiana producen en el vecindario; especialmente, contra los perjuicios que dichos cortes causan en los distritos de Nou Barris y Sant Andreu, distritos mayoritariamente de clase trabajadora y castellanohablantes ─aunque a alguno ¿muchos? de los lazis les moleste─, pero que también afectan a vecinos de toda Barcelona.

Una de las grandes bazas para desacreditar a la plataforma “MERIDIANA SIN CORTES” es acusarla de que detrás está Vox u otros partidos de extrema derecha. Algunos periódicos ha informado de la presencia en la concentración de algún miembro de Vox, pero parecen ignorar que hubo también presencia de representantes de la izquierda no nacionalista. Javier Marín, que recientemente salió del PSC (Líneas Rojas), y yo mismo estuvimos presentes. Esa acusación retroalimenta a ambos nacionalismos y finalmente desactiva a la sociedad civil.

La izquierda acomplejada sigue sin entender dónde está la clase obrera. En el Ayuntamiento de Barcelona está Comuns y PSC y parecen mirar para otro lado ante unas concentraciones, los cortes secesionistas, que no responden a reivindicaciones obreras.

Un inciso.

Recibo en un Chat republicano el siguiente meme:

Contesto:

─ Yo no creo en la multiculturalidad. Sí en la interculturalidad… es un debate para largo…. En realidad, esa es la trampa de la plurinacionalidad y del derecho a la autodeterminación.

Y añado:

─Sobre sanidad, pensiones y educación, los quiero públicos y únicos: es decir, en administración única en un estado integral, con autonomías pero sin federaciones como en la 2a República.

Entra a animar el debate Jordi:

─Si ser rojo es respetar la multiculturalidad de nuestro país, también debería ser respetar la multiculturalidad que hay dentro de sus diferentes territorios, y aceptar que los niños y niñas castellanohablantes puedan estudiar en su propia lengua en todas las CC.AA., por ejemplo.

Y remacha:

─Y si es reclamar más impuestos a quienes más ganan, y ayudar más a quienes más lo necesitan, entonces no debería aceptar ningún supuesto derecho de las regiones ricas a separarse para no tener que ayudar a las más pobres, ni tampoco regímenes fiscales especiales e insolidarios como el vasco.

El debate en la izquierda oficial no existe. No hubo respuestas. Entrar a matizar, especificar qué significan las posiciones, no parece ser importante. Es, la nuestra, una izquierda de eslóganes acríticos cual verdades reconfortantes. Es la estética vacía.

Concluyendo.

La ceguera de la izquierda y el miedo a ser contaminada por Vox dejan vía libre a la derecha como únicos posibles defensores de los trabajadores: es algo que ya sucedió en el proceso de ascensión del nazismo y del fascismo italiano. Es una estrategia bien urdida. El Partido Nazi, en nombre de la nación elegida, reivindica los derechos de los trabajadores, incluso haciendo críticas al capitalismo más feroz. La izquierda se anonada o se instala en la defensa de la diferencia, en el significante vacío, dejando abandonada a la clase que le da sentido. Y así estamos ahora.

Vencer en Meridiana, acabar con los cortes diarios al tráfico, es iniciar el proceso de restitución de la democracia en Cataluña. Es un principio, es necesario, pero no suficiente. Devolver a Cataluña a la senda de la democracia, de la igualdad, de la libertad y de la fraternidad precisa de la construcción de una nueva izquierda sin complejos, sin deudas con el nacionalismo, con un proyecto para España, donde Cataluña sea un motor de progreso y redistribución solidaria de renta para España.

Otra Cataluña es posible, si otra España es posible. Tanto monta, monta tanto.

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