LA IZQUIERDA CONFINADA

Este no pasear por las calles, este encierro, deja la mente embotada. Es este un país, un mundo embotado. Un buen momento para que los políticos y las oligarquías, tanto monta, monta tanto, nos laven, o cuadriculen, a su gusto y manera el pensamiento.

Tras apartar las brumas de la reclusión “coronavírica” me queda patente que los grandes problemas no resueltos de España siguen siendo los mismos. A saber:

  1. ¿Es o no es la Constitución del 78 un buen “contrato social” para la convivencia, desarrollo y permanencia de la nación española?
  2. ¿Existe realmente en España un debate sobre la forma del Estado: Monarquía o República? Hablemos del Rey y hablemos de corrupción… la del emérito y la de los partidos y las grandes corporaciones. El que la haga que la pague.
  3. ¿El sistema de organización territorial adoptado en el 78, es el que se buscaba o su evolución nos aboca a un parcelación en mini-estados? ¿El estado autonómico es un estado federal o asimétrico?
  4. ¿Federalismo supone soberanía de las partes o igualdad de las partes dentro de una soberanía única? ¿Tiene lógica profundizar en la descentralización o se necesita una recentralización de ciertas competencias?

Parecen cuatro puntos, pero son tres: Constitución, Jefatura del Estado y Organización Territorial. El problema es que todo ese debate se da únicamente en la izquierda. En realidad a la derecha le da igual y si en algún momento se aborda alguno de ellos, independiente de que democráticamente es necesaria –la derecha– para cualquier cambio, lo más probable es que fuera esta quien más se beneficiara de ellos.

O es que ¿alguien piensa que en una república la derecha no existiría, o no gobernaría? O tal vez la izquierda supone que si hacemos referéndum de independencia en todas las comunidades autónomas que lo soliciten, al día siguiente de la supuesta independencia ¿ellos gobernaran los nuevos mini-estados? Y que además ¿se confederarían libremente para volver a fundar una nueva España? –bueno seguro que ya no se llamaría así–

La ingenuidad de los que lo proclaman verborreicamente en redes y las de los que lo alientan, ahora ya, desde el poder, es palmaria por no decir vergonzosa. No es que yo sea un experto en historia española, pero la primera experiencia republicana y el cantonalismo que se desató debería hacerles pensar, o si repasasen lo que pasó en la Segunda República que rechazó frontalmente el federalismo y declaró España como un “Estado Integral”.

Tal vez si hubieran mirado, con ojos críticos, la evolución de los nacionalismos en España en los últimos 40 años, habrían observado la carga insolidaria de estos. Pero la venda en los ojos se llama “complejo de culpa impropia” al que me he referido en otras ocasiones.

Podríamos decir que el problema de España –no como problema consustancial para los ciudadanos, para la economía o para los derechos sociales– como concepto, como proyecto, es la izquierda.

La izquierda española, no solo la catalana y vasca, tiene vergüenza de ser española. Hay veces que lo anecdótico nos explica lo categórico, sobre todo cuando es una reiteración histórica: “Más Madrid” se tornó “Más País” al cambiar al ámbito nacional, perdón estatal, todo con tal de no poner España en su nombre.

Supongo que, como siempre, a ciertos entornos, cercanos, no les harán gracia mis reflexiones… siempre queda la posibilidad de achacársela al coronavirus o llamarme facha directamente… que no sería la primera vez.

En fin que prometo desarrollar los puntos apuntados, valga la redundancia o la cacofonía –no es que no haya antes hablado de ellos, lo he hecho y les he dejado algún enlace–. Pero en próximas entregas… que la clausura va para largo.

 

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