LA INSTRUCCIÓN ESCOLAR EN LA AMERICA CAPITALISTA

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Una lectura sociológica y crítica de la obra de Bowles & Gintis “La instrucción escolar en la América capitalista” Schooling in Capitalism America (Bowles y Gintis, 1976), que viene precedido de diversos artículos académicos, especialmente Bowles (1972), Bowles y Nelson (1974), Bowles y Gintis (1975) y posteriormente continuados por otros (Bowles y Gintis 2000, 2002).

                       

PREFACIO, O DE QUÉ VA ESTO

En la realización de este ensayo trataré de contextualizar las relaciones entre Educación y Sociedad a la luz de las teorías que tratan de dar cuenta de la vinculación entre ambas esferas y muy concretamente de las teorías en Sociología de la Educación que tratan la reproducción, entre las cuales se encuentra la obra de los economistas norteamericanos Bowles y Gintis, obra que nos sirve como modelo para la reflexión.

LA TEORÍA DE LA CORRESPONDENCIA DENTRO DE LAS TEORÍAS DE LA REPRODUCCIÓN O MÁS DE LO MISMO, PERO CON DIFERENCIAS

Dentro de las teorías de la reproducción pueden distinguirse:

  1. La Teoría de la Reproducción Social (Althusser)
  2. La Teoría de la Correspondencia (Bowles y Gintis)
  3. La Teoría de la Reproducción Cultural (Bourdieu, Passeron, Grignon, Lerena…)

Quizá hubiera sido una línea de trabajo el haberse planteado las diferencias y especificidades de estas teorías (de matriz fundamentalmente marxista) y que ponen el énfasis bien en la infraestructura económica, bien en la superestructura ideológico-política, por seguir el esquema althusseriano. En cualquier caso, puede decirse que hay bastantes similitudes entre las dos primeras.

Althusser señala que toda formación social al mismo tiempo que produce necesita para producir, reproducir las relaciones de producción existentes. Althusser, diferencia estas dos instancias: infraestructura (económica) y superestructura (política e ideológica), en la que la infraestructura determina en última instancia a la superestructura. En la superestructura diferencia los Aparatos Represivos del Estado (Gobierno, Administración, policía, tribunales, cárceles, ejército…) y los Aparatos ideológicos del Estado (A.I.E.): partidos políticos, sindicatos, mass media, culturales (deportes, literatura, cine, bellas artes… y la Escuela. A ésta le da una importancia crucial en la formación social capitalista.[1]

La tercera de las teorías adquiere matices diferentes (según autores), y desarrolla una explicación la función de la institución escolar como reproductora del orden social y cultural establecido. Parten de la que las sociedades humanas están divididas en clases y que esta estructura de clases se mantiene y se perpetúa a través de lo que llaman violencia simbólica (siguiendo a Bourdieu). Básicamente, por resumir brevemente: el poder, cuando es detentado por una clase social es utilizado para imponer una visión del mundo, tratando de legitimarlo a través de una ocultación de ese poder de que disponen y haciendo ver a todas las clases que esa visión coincide con los propios intereses de cada una de las clases. La institución escolar, en definitiva, procura legitimidad y reproduce el sistema de desigualdad (con el consentimiento de los dominados). Violencia simbólica, arbitrariedad cultural, la teoría del habitus, capital cultural, capital simbólico, etc., constituyen el corpus teórico de este modelo que también da cuenta de la reproducción, aunque no bajo la determinación en última instancia de la esfera económica. La obra de P. Bourdieu y J.C. Passeron La Reproducción, de difícil e intrincada lectura, expone los planteamientos generales de esta teoría.

A la Teoría de la Correspondencia me referiré posteriormente, a continuación de esta entrada que trata de contextualizar el proceso histórico del continuo académico en el desarrollo de nuestra disciplina, y el momento en que surge la Teoría de la Correspondencia.

UN POQUITO DE HISTORIA RECIENTE EN TORNO A NUESTRO OBJETO DE ESTUDIO… PICCOLA, MA NON TROPPO.

La impronta de la sociología funcionalista de Talcott Parsons ha sido constante desde mediados del siglo XX. Según la escuela funcionalista, la sociedad debe entenderse como un sistema integrado de funciones, donde las diferencias sociales se corresponden con los diferentes roles disponibles en la estructura social. A partir de esta teoría, la escuela es un subsistema social que cumple una doble función: la de socialización y la de selección y diferenciación social.

Así pues, la teoría de Parsons pone énfasis en el papel de la escuela respecto al orden social. Pues los valores dominantes de este orden social son transmitidos por el sistema educativo e interiorizados por los individuos, entendiendo por otra parte que la diferenciación social que existe es justa e indispensable para el funcionamiento de la sociedad. No existen conflictos: los propios individuos perciben la educación como un mecanismo adecuado de acceso a las vacantes de la estructura.

La educación es una institución de cohesión social y cumple la función de la construcción de la moral colectiva y la identificación de talentos. Bajo este prisma, el sistema escolar, y en dos palabras, serviría para: legitimar el sistema social y sería un factor que propiciaría la movilidad dentro de ese sistema social. A mediados del siglo XX, éste es el paradigma sociológico dominante, pero la aceptación de este no es casual, sino que viene marcada por condicionantes políticos, sociales y económicos del momento: la política de bloques, la guerra fría…

Para asegurar la hegemonía en el espacio económico y en el otro espacio: la carrera espacial. La cualificación de la fuerza de trabajo adquiere en esos tiempos (Nos referimos al período 1950-70) una importancia notoria. Son momentos de expansión: crecimiento económico, optimismo social, bienestar social. Estamos asistiendo a la generalización de los Estados del Bienestar keynesianos (es obvio que estamos hablando de determinada parte del mundo). En este sentido, la política educativa de los países occidentales no sólo se centra en potenciar las carreras técnicas para obtener los recursos humanos necesarios para el desarrollo económico, se aumentan de un modo impresionante las tasas de escolarización.

No es tampoco casual que, en esos tiempos, en la cresta de la ola de los Estados del Bienestar, surjan teorías que tratan de legitimar el estado de cosas existente, en el debate en torno a la igualdad de oportunidades, el funcionalismo tecnológico (Clark, Schultz, Beck…), encarnan el lado favorable a la consolidación del modelo vigente, no obstante, también surgen contestaciones que lo ponen en cuestión (Coleman, Jencks…).

La investigación de F. W. Jackson en su obra La vida en las aulas, que pone de manifiesto algo del sistema escolar, considerado como una «caja negra» (las famosas «black boxes»…), y que abre esta caja poniendo al descubierto el concepto de curriculum oculto. Este concepto pone las bases para la explicación de algo que ya se señalaba en la concepción de John Dewey, él lo denominaba «aprendizaje colateral», pero no tenía la especificidad que a partir de la obra de Jackson alcanzará como explicación de correspondencias entre la sociedad industrializada y la institución escolar.[2]

La obra de Jackson, si bien da cuenta de hechos de esta naturaleza, éstos no son examinados de manera crítica, no son considerados como algo controlable por las experiencias de docentes y discentes, de modo que el análisis político del conflicto es soslayado. El enfoque, básicamente funcionalista, no profundiza en las posibilidades de transformación que tanto unos agentes como los otros tienen para modificar el estado de cosas. Podemos concluir que el trabajo de Jackson es un notable documento etnográfico, con bastante menos valor como alternativa teórica.

Bowles y Gintis no van a desaprovechar este «filón» del currículum oculto como recurso para la reproducción, cohesión y estabilidad de las relaciones sociales de producción y distribución.

LA TEORÍA DE LA CORRESPONDENCIA MISMAMENTE

Nuestros autores, economistas, recurren a una metodología comparativa que trata de contrastar los cambios educativos a través de las transformaciones históricas en la formación social norteamericana de la estructura productiva y los cambios educativos que se han producido en el proceso. Más de la mitad de la obra se dedica a este menester. B. & G. estudian la tradición del pensamiento educativo liberal, el punto del debate centrado en dos tendencias: el pensamiento de John Dewey y la Escuela Democrática, por un lado, y por otro la que se fundamenta en la economía neoclásica y del funcionalismo: la escuela tecnocrática y meritocrática.

A través de un amplio despliegue de fuentes estadísticas, descriptivas e históricas confirman que la educación en las sociedades capitalistas actuales es una de las principales estrategias que se utilizan para la reproducción de este modelo de sociedad, para justificar la desigualdad. Constatan de paso, así, el fracaso de esta política liberal y de los modelos educativos que de ella se derivaron.

La intención básica de los procesos de enseñanza y aprendizaje en los colegios e institutos es preparar a los estudiantes para que el día de mañana, como trabajadores, puedan integrarse sin conflictos en la estructura jerárquica que define el modelo de relaciones laborales de la economía capitalista. Relaciones en las que subyace un modelo de desigualdad entre unos miembros y otros, según el lugar que se ocupe: dueño de los medios de producción o no, y el nivel de jerarquía que cada puesto de trabajo concreto tenga asignado en la estructura ocupacional. Este modelo de relaciones es fuente de permanentes conflictos, y en el que el sistema educativo juega un papel importante.[3]
Para B.& G. la desigualdad económica y los niveles educativos de desarrollo alcanzados por los estudiantes van a venir marcados en primera instancia por el mercado, la propiedad y las relaciones de poder que definen el sistema capitalista. Lo que hacen las instituciones de enseñanza es estructurarse de acuerdo con unas modalidades curriculares y a unas estrategias organizativas destinadas a jerarquizar y a distribuir meritocráticamente a cada persona en el interior de la red de ocupación, que también está diseñado jerárquicamente.[4]

Todo lo que ocurre en los centros de enseñanza está dominado y subordinado a la esfera económica. La economía determina qué habilidades, hábitos, valores, normas y conocimientos es preciso que adquieran (sean inculcados a) los alumnos en el sistema escolar.

En la teoría de la Correspondencia, para hacer efectiva la reproducción del sistema económico, no importan demasiado los contenidos de la enseñanza considerados de una manera formal, es decir, los contenidos que difunden los libros de texto, etc. sino que adquieren especial relevancia las experiencias cotidianas a través de las estrategias de enseñanza y aprendizaje que se viven en las aulas (el currículum oculto). Las capacidades cognitivas y afectivas desarrolladas, como las destrezas técnicas contribuyen a la construcción de imágenes de uno mismo, que implícitamente van a colaborar para legitimar y para darle un sentido de obviedad a la existencia de desigualdades sociales y económicas. Los modos de premios y castigos, de incentivar y de reprobar del sistema escolar van creando la impronta de características personales que requiere la esfera económica.[5]

La asistencia a un determinado tipo de institución educativa es decisiva en el etiquetado. No es lo mismo asistir a un centro público o privado, de escasos recursos económicos para su sostenimiento, o, al centro de reconocido prestigio, apoyado por instituciones privadas con un importante poder social, político y económico (centros de élites). Mientras que los primeros están reservados a las clases trabajadoras y los grupos étnicos más desfavorecidos, regidos por sistemas organizativos que ponen el énfasis en el control conductual y en el acatamiento de las reglas; las estructuras coercitivas de autoridad y las mismas expectativas de fracaso escolar del profesorado y de las propias familias, contribuyen a reparar a tales asistentes para los puestos de trabajo inferiores; los segundos están disponibles para los grupos sociales de mayor nivel de vida.[6]

Es también interesante señalar en este modelo teórico, cómo las modificaciones que el capital se ve obligado a realizar para mejorar e incrementar la producción, o adecuarse a las exigencias de sus trabajadores van haciendo, que se convertirán en los motores de las reformas educativas.[7]

El sistema escolar va a ir sufriendo modificaciones a medida que se producen los cambios en los procesos de producción, o la misma conflictividad laboral se incrementa. Echar mano de la escolarización es el medio más socorrido en las sociedades capitalistas, pues de otro modo también sirve para distraer la atención de aquellas esferas institucionales que tienen mayores culpas y responsabilidades.

NOS VAMOS CON UNA BREVE SÍNTESIS Y CRÍTICA

Por ir resumiendo y sintetizando de alguna manera, según estos autores, el sistema educativo no logra modificar, ni para bien ni para mal, los grados de desigualdad y de injusticia de las decisiones y actuaciones de la esfera económica. Para B.&G., las únicas vías de solución, y por consiguiente de actuación, se encuentran en un programa de eliminación de las relaciones de dominación y de subordinación en la esfera económica.[8]

No me paro a analizar la proclama socialista para superar este estado de cosas. Sí he de hacerme cargo de las críticas que esta posición teórica ha recibido, que han sido numerosas… de un sesgo de excesivo economicismo, y de algunas de ellas que se refieren al hecho de que tratando de superar las concepciones de Parsons acaban siendo víctimas del propio modelo que critican.

Los autores no aclaran la naturaleza de las interacciones entre otras esferas de la vida social, tales como la cultural, política, religiosa y las prácticas colectivas o individuales que tratan o al menos intentan superar las actuales estructuras.

A pesar de citar constantemente las dimensiones de género, raza, etnia, nacionalidad, etc., se omiten las referencias al papel específico de cada una de estas dimensiones, los movimientos surgidos, de reivindicación, sus estrategias políticas, etc.

También, y en este mismo sentido, el papel de los movimientos (pedagógicos, sindicales…) dentro de las escuelas, que tratan de superar este estado de cosas. Los profesores son caricaturizados como una especie de esbirros del sistema, que tratan de conformar el statu quo vigente

Quede, constancia de que, en mi opinión, en cualquier caso, la lectura de este libro no deja a nadie en la indiferencia. Puede provocar apasionados entusiasmos, así como suscitar fuertes críticas y enconadas animadversiones. Polémico. En suma, de lectura obligatoria y fuente de reflexión permanente para todos los que nos dedicamos a la cosa…

 

 

[1] 1Althusser estima como fundamental la aportación del sistema escolar, que ha sustituido a otros sistemas tradicionales en la conformación de la ideología dominante, y su carácter instrumental como aparato ideológico del Estado en la sociedad capitalista (formación social): «Seguramente, buen número de estas Virtudes contrastadas (modestia, resignación, sumisión por una parte, cinismo, desprecio, orgullo, seguridad, grandeza, hablar bien y habilidad) se aprende también en las Familias, en la Iglesia, en el Ejército, en los Bellos Libros, en las Películas, e incluso en los estadios. Pero ningún aparato ideológico de Estado dispone de tantos años una audiencia obligatoria (y, es lo menos importante, gratuita…), de 5 a 6 días sobre 7 a razón de 8 horas por día, de la totalidad de los niños de la formación social capitalista.

Ahora bien, es por medio del aprendizaje de algunas habilidades envueltas en la inculcación masiva de la ideología de la clase dominante, por lo que en una gran parte son producidas las relaciones sociales de producción de una formación social capitalista, es decir las relaciones de explotados con explotadores y de explotadores con explotados. Los mecanismos que producen este resultado vital para el régimen capitalista están naturalmente recubiertos y disimulados por una ideología de la Escuela universalmente como medio neutro, desprovisto de ideología (puesto que es laico), en el que los maestros respetuosos de la «conciencia» y de la «libertad» de los niños que les son confiados (en toda confianza) por sus «padres» (los cuales también son por supuesto libres, es decir propietarios de los niños) los hacen acceder a la libertad, la moralidad y la responsabilidad de adultos por su propio ejemplo, los conocimientos, la literatura y sus virtudes «libertadoras». Althusser, Louis: Ideología y aparatos ideológicos de Estado, Ideas, Bogotá, 1974

[2] «La mayoría de los alumnos aprende a mirar cuando se les dice y a refrenar sus fantasías durante la lección. Además, esta destreza en el sometimiento a la autoridad educativa es doblemente importante porque se exigirá al alumno a que la ejerza en muchos ambientes fuera de la escuela. La transición del aula a la fábrica o a la oficina resulta fácil para quienes han desarrollado «buenos hábitos de trabajo» en sus primeros años» Cfr.Morata, Madrid, 1991. Págs. 71-72.

«Pero los hábitos de obediencia y docilidad producidos en las clases poseen un valor muy estimable en otros ambientes. Por lo que a la estructura del poder se refiere, las aulas no son demasiado diferentes de fábricas u oficinas, esas omnipresentes organizaciones en donde transcurre gran parte de nuestra vida de adultos. Así podría decirse de la escuela que es una preparación para la vida, pero en el sentido especial en que lo afirman los educadores. Puede que se abuse del poder en la escuela como en otros lugares, pero es un hecho vital al que debemos adaptarnos. El proceso de adaptación comienza durante los primeros años de nuestra vida, pero en la mayoría de nosotros se acelera significativamente el día que ingresamos en la escuela infantil» id.pág. 73.

[3] la educación ayuda a diluir y a despolitizar las relaciones de clase potencialmente explosivas en el proceso de producción y, por consiguiente, sirve para perpetuar las condiciones sociales, políticas y económicas mediante las cuales una parte del producto generado por el trabajo es apropiada en forma de ganancias» Bowles, S. y Gintis, H: La Instrucción Escolar en la América Capitalista, siglo XXI, Madrid, 1985. Pág. 22.

[4] «El sistema educativo ayuda a integrar a la juventud al sistema económico, creemos, a través de la correspondencia estructural entre sus relaciones y las de la producción. La estructura de las relaciones sociales de la educación no sólo acostumbra al estudiante a la disciplina en su puesto de trabajo, sino que desarrolla los tipos de comportamiento personal, formas de presentación propias, imagen de sí mismo, e identificaciones de clase social que son ingredientes cruciales para la idoneidad para el puesto. Concretamente, las relaciones sociales de la educación -las relaciones entre administradores y maestros, maestros y estudiantes, estudiantes y estudiantes, y estudiantes y su trabajo- son una réplica de la división jerárquica del trabajo» Op. Cit. págs. 175-176

[5] «hecho que refleja su propia experiencia laboral, la misma que ha demostrado que la sumisión a una autoridad es ingrediente esencial para la capacidad propia de conseguir y retener un trabajo constante y bien remunerado» Op. Cit. pág. 177.

[6] Refiriéndose a este segundo tipo de centros, nuestros autores explican: «hacen uso de sistemas relativamente abiertos que favorecen la mayor participación del estudiante, la supervisión menos directa, más elecciones estudiantiles y, en general, un sistema de valores que destaca la interiorización de los estándares de control» Op. Cit. pág. 171.

[7] los períodos centrales de los cambios educativos son respuestas a alternativas en la estructura de la vida económica ligados al proceso de la acumulación del capital.» Op. Cit. pág. 260

[8] «Un sistema educativo sólo puede ser igualitario y liberador cuando prepara a la juventud para una participación totalmente democrática en la vida social y para reclamar su derecho a los frutos de la actividad económica.» Op. Cit. pág. 26.

1 Comentario

  1. Muchas gracias Jesús por tu trabajo. Me parece una labor titánica y constante la que tiene la escuela por delante si quiere romper la posición social donde nos colocan las estructuras socio -capitalistas vigentes desde que nacemos. Sin embargo sólo la educación será capaz de romper esas barreras.

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