LA INSORPOTABLE LEVEDAD DEL SER

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Estamos viendo, sintiendo y captando las paradojas de la entrada en una Era o de la salida de la anterior.

Imagen: Haidy Blanch

Parece ser, que a los cambios que ya tuvimos que realizar por la pandemia, habremos de sumar los que provocan las circunstancias geopolíticas y económicas que nos arrastran y no precisamente, hacia un ciclo más humanista, en el que hombres y mujeres podamos convivir con libertad, igualdad, paz y fraternidad.

Si releemos “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera, esta brillante coreografía intelectual y meditación provocativa sobre el significado de la existencia, el destino humano y el deseo, nos encontramos de bruces con el “eterno retorno” de Nietzsche, la más pesada de las cargas.

Kundera pregunta:

«¿Qué elegiremos entonces?: la levedad libera, pero también nos eleva hacia las alturas, desprendiéndonos de la tierra y de nuestro ser terrenal, y así somos reales sólo a medias, haciendo nuestros movimientos tan libres como insignificantes. Sin embargo, la responsabilidad nos aplasta, nos hundimos debajo de ella, nos clava en el suelo”.

Imagen: lamenteesmaravillosa.com

¿Debemos resistirnos al optimismo?

La novela, se cierra con una nota de mutuo reconocimiento y aceptación del atractivo de la condición del otro, la levedad interpenetra el peso, mientras el debate de Kundera termina en un equilibrio precario y de oposiciones superadas.

Kundera sostiene que la levedad es ambigua, tanto la positiva (la libertad) como la negativa (el peso del vacío de la vida libertina). La vida es una paradoja fallida entre los ideales y el hecho de que los individuos somos libres de elegir.

Imagen: Haidy Blanch

“Quién ante el espectáculo de las deficiencias en las relaciones humanas, de su inoperancia, de su perversión, de la corrupción reinante entre los hombres, se cruce de brazos, pase de largo, y se lamente de la maldad de los tiempos, no es un hombre. Precisamente en tu capacidad para descubrir los defectos de los hombres reside la misión de hacerlos mejores. Si todo fuese ya como debería ser, no te necesitaríamos en el mundo y muy bien habrías podido permanecer en el seno de la nada. Alégrate de que no todo sea todavía como debería ser y de que tengas una tarea y puedas ser útil para algo. Buena Suerte”.

JOHANN GOTTLIEB FICHTE, “Cartas a Constant”, (1799-1800, Carta XVI, última carta, último párrafo).

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