LA INCOSCIENCIA MADRE DE LA IGNORANCIA Y DEL MIEDO

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«La ignorancia es la madre de todos los males»

RAELAIS (1494-1553)

Sócrates asocia implícitamente la sabiduría con la bondad y la ignorancia con el mal.

Así es, la ignorancia es la madre de todos los venenos de la mente, desde aquí nacen todas las emociones negativas, y es porque la ignorancia supone el desconocimiento de la naturaleza de la realidad, mientras que la  sabiduría implica la comprensión del significado del amor, la compasión y la sabiduría, logrando una consciencia de quienes somos.

Todo ello parte del acto de reversibilidad sobre uno mismo que supone el acto de pensar, lo que para muchos resulta imposible porque son incapaces de moverse al margen de ciertos estándares sociales, ideológicos o subordinados a ciertos dogmas o creencias que, no estaría mal si se utilizasen para mejorar como individuos o seres sociales, no como borregos de una comunidad o para justificar conductas injustificables basadas en ideales inconscientes por el carácter destructivo inherente al mensaje que transmiten y que usan como un comodín, narcotizados en su raquítico mundo, un mundo que por simplista es imposible darle la vuelta, aferrándose a ideas inamovibles que dentro de la total osadía del ignorante defienden vehementemente, ni siquiera por convicción, sino por cabezonería, actitud que dista mucho de la firmeza como capacidad de mantenernos constante y comprometidos en la consecución de un objetivo loable  a pesar de los obstáculos y las dificultades que se presenten en el camino.

Sólo la firmeza puede provenir de una reflexión profunda y basada en el libre pensamiento, que implica resistencia y determinación, y que puede ser crucial para superar momentos de duda o desánimo por falta de confianza en uno mismo.

Cada vez son más las personas con las que me encuentro en este camino de la vida que su único propósito es embestir a los demas como si en la defensa de un pensamiento les fuera la vida, cual toro bravo en esos encierros poopulares, llevándose por delante sin reflexion alguna a las personas con las que confrontan, por carecer de  capacidad de ir contra  contra el propio argumento o idea.

Mientras la reflexión exige un ejsfuerzo, no solo en relación a la reversibilidad de nuestro yo interno, sino también como fundamento de nuestras ideas, sin embargo, lo fácil es espetar a los demas palabras huecas o llenas de sinrazón, desde la más absoluta inconsciencia, o lo que es lo mismo, por la falta de percepción de su existencia y lo que ésta significa y del propósito de sus vidas.

De este modo,  la inconsciencia se convierte en la causa o en  el origen de la ignorancia. En otras palabras, la incapacidad de prestarle atención a lo que nos rodea o a nuestras propias acciones lleva a la falta de conocimiento o comprensión. 

Así pues, si queremos avanzar es necesario ponernos frente a nuestra conciencia, a la que normalmente damos por hecha, sin plantearnos qué es, de dónde viene, y cuál es el propósito al tenerla; dando lugar a una mente pasiva, fácilmente manipulable por el mundo externo, moldeable por patrones o formas de pensamiento colectivo, creencias culturales, medios de comunicación, presiones sociales, instituciones o corporaciones; precisamente porque carecemos de conciencia interior, lo que nos lleva a carecer discernimiento.

Sólo si tomamos conciencia de nuestro yo interno alcanzaremos ser seres libres de pensamiento y podremos salir de la muerte espiritual en la que nos encontramos, dando alas a nuestro yo interno para encontrar la conexión con un mundo superior donde alcanzaremos la verdadera luz que nos lleve a no resignarnos a una existencia material y hedonista, sino encaminada a la búsqueda de la verdadera sabiduría, que solamente lograremos alcanzar cuando encontremos la razón de nuestra existencia. Mientras tanto se trata de aprender a VIVIR alejándonos de la inconsciencia que nos impide ser totalmente libres al estar manejados por hilos que otros muevan como si fuéramos marionetas, para su propia satisfacción y no para la nuestra, comportándonos como hombres libres y de buenas costumbres.

Así que debes empezar preguntándote, al menos, quién eres realmente.

 

1 COMENTARIO

  1. Efectivamente, la cerrazón mental, que en ocasiones padecemos los seres humanos, es la malvada madrastra, junto al egoísmo, de todos los males.

    Gran artículo!

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