LA EXISTENCIA DE NUESTRA PROPIA IGNORANCIA IV. LA SOBERBIA INTELECTUAL

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“La humildad de los hipócritas es el más grande y el más altanero de los orgullos.”
Martin Lutero                          

Suele ser muy frecuente que nos escondamos en falsas humildades como recoveco para el ego insatisfecho o para esconder nuestra propia ignorancia, las dos caras de una misma moneda.

La verdadera humildad no es otra cosa que saber asumir el conocimiento y reconocimiento de las propias limitaciones y debilidades, sin pretender ser o aparentar lo que no somos y hacerlo con dignidad, sin sumisión o mansedumbre. Que perdida de tiempo y de energía, pretender aparenta lo que no somos.

Por el contrario, se puede ser maestro y esconderse en una falsa humildad para no asumir la responsabilidad o por miedo a hacerlo, porque el verdadero maestro si es humilde tiene la obligación de enseñar lo que sabe, pero sin aspavientos, en eso consiste el humanismo,  en hacer mejor a la humanidad gracias a la inteligencia, curiosidad y sabiduría.

Se dice que la soberbia es el pecado de los intelectuales, y no me cabe duda que es verdad. Cuanta jactancia y vanagloria, que necedad, que poca mesura, cuanto narcisismo y engolamiento. Un atracón  incontenible de conocimiento sin digerir, rumiantes de su verdad que buscan la confrontación o el reconocimiento.

Sin embargo, el maestro que realmente es humilde no tiene que sucumbir a la arrogancia de quien quiere estar por encima, debe afrontarla con dignidad, con el convencimiento que la prepotencia y la soberbia llevan a una felicidad pasajera, durando el tiempo que se tarda en desenmascarar al soberbio.

Tan importante es el canto rodado que forma la argamasa sobre la que se apoyan los pilares de una catedral que la piedra más pulida y labrada clave del arco de la puerta de su fachada principal y, aunque inevitable es que esta última reciba el reconocimiento y admiración de tan bella construcción, sin embargo, ¿en orden de importancia cuál lo es más, el canto rodado que es el sustento de todo lo construido o la que sujeta solo un arco?. La primera representa la fuerza y la segunda el equilibrio y la belleza, pero falta la sabiduría que es la que encierra todo el conjunto arquitectónico.

Fuerza, belleza y sabiduría; tres pilares que conforman la construcción de toda obra humana, o al menos así debería ser para que fuese perfecta, porque como dijo el poeta William Cowper: «El conocimiento es orgulloso por lo mucho que ha aprendido; la sabiduría es humilde porque no sabe más.»

 

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