LA EXISTENCIA DE NUESTRA PROPIA IGNORANCIA (III). LA PERCEPCIÓN

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«Un tonto no ve el mismo árbol que ve un hombre sabio». 

William Blake.

No se puede enseñar a quien no quiere aprender, porque la gente aprende cuando encuentra la motivación, la necesidad de enfocar la conciencia sobre una determinada experiencia, dominar el libre albedrio hacia el conocimiento de la verdad, no de una verdad, sino de las verdades que son el motor de nuestra propia existencia.

Sin percepción no hay perspectiva de lo que vemos, y sin perspectiva no hay camino por recorrer, y sin camino hay inmovilismo y, donde hay inmovilismo reina la oscuridad de la ignorancia y un campo sembrado del dogmatismo de quienes quieren imponer sus ideas.

Es una cualidad del ser humano recibir, interpretar y comprender las señales que provienen del exterior, pero sólo del que sabe enfocar su conciencia mediante el análisis y la síntesis se puede predicar la disposición al aprendizaje o lo que es lo mismo la pre-disposición para alcanzar la auténtica y adecuada visión global y unitaria fruto de nuestra observación a través del aprendizaje que, no es más que poner en armonía nuestra propia experiencia con la de los que nos rodean, con el universo infinito de la existencia.

Para que nuestra percepción sea justa y adecuada debe tener encaje en nuestro mundo exterior, de ahí la necesidad de enfocarla hacia un fin universal, porque de otra manera únicamente tendríamos una verdad relativa, nuestra verdad, habida cuenta que todos vemos lo que queremos ver y que no siempre es la verdad. Por ello, sin disposición al aprendizaje, nos quedaremos inmóviles en nuestro raquítico mundo de verdades onanistas.

Podemos quedarnos en nuestro pequeño mundo o empezar a bucear en el infinito universo del conocimiento y para ello es necesario abrir de par en par las puertas de nuestra percepción, porque como dijo el escritor y filósofo británico Aldous Huxley (1894-1963), «Hay cosas conocidas y hay cosas desconocidas, y en el medio están las puertas de la percepción».

De ahí que la percepción se modifica con  el aprendizaje y se hace maleable permitiendo organizar los objetos captados del mundo exterior por los sentidos afectivos mediante un proceso que se inicia con la estimulación, continúa a través de la organización de lo aprendido mediante la síntesis a través de la interpretación-evaluación, pasando a nuestra memoria y finalmente al recuerdo de lo aprendido.

Para encontrar la armonía con los que nos rodean, con el mundo exterior, tendremos que alcanzar una armonía interior, y esto pasa por tener conciencia y  encontrar la confianza en nosotros mismos a través de una adecuada percepción dirigida a través del aprendizaje.

En definitiva uno es libre de aprender o no, pero el que no quiere hacerlo bajo la creencia que su verdad es la única,  debe ser consciente que su ignorancia no es excusa para el mal que provenga de su ofuscada percepción, y sólo puede ser digno de la compasión de quienes hemos decido continuar en el camino infinito del  aprendizaje, porque no se puede enseñar al que no quiere.

 

 

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