LA DISTOPÍA CATALANA

 

 

Después de un año y pico de aquel referéndum por la independencia catalana, el mayor engaño a los ciudadanos de esta Comunidad Autónoma que soñaban con clavarle la daga al Estado español  basándose en una colonización ilegítima por parte de Franco, aunque otros se remontan a los Reyes Católicos, y seguro que alguno o alguna saldrá a la palestra remontándose al periodo Cuaternario; todo sigue igual o incluso peor.

 

Puede entenderse que, en tiempos en lo que todo se cuestiona basándonos en no sé qué puritanismo ideológico, es el momento, por qué no, de echar más leña al fuego y montarla con lo del catalanismo. Tren al que se han montado intelectuales de aquellos que les gusta hacer artificios con dos o tres datos que, como si de dados se tratase, meten en un cubilete dándoles todas las vueltas posibles. Unos filosofan basándose en no se qué derecho natural a la autodeterminación, otros manejan la historia a su antojo, y los más inútiles, los políticos, se suben al carro del oportunismo para pasar a la historia como héroes o patriotas de una patria que nunca ha existido como tal y que, por esta misma razón tampoco debe existir.

 

Puede entenderse que, en tiempos en lo que todo se cuestiona basándonos en no sé qué puritanismo ideológico, es el momento, por qué no, de echar más leña al fuego y montarla con lo del catalanismo.

Nadie puede negar el sentimiento catalanista, igual que no se puede negar al vasco, el gallego, el valenciano, etc, etc., hasta pasar por todas las Comunidades Autónomas, de hecho, en este sentimiento y raíces históricas se basó la división territorial del Estado en dichas Comunidades que, intentando una división o reparto  competencial entre el Estado central y aquellas, no fue más que una versión descafeinada de un Estado federal que, seguramente se hizo de esta manera para mantener contentos a los más ortodoxos respecto a la unidad territorial de España, herederos del franquismo, dispuestos a dar guerra, como así hicieron, tras la muerte del dictador para no perder sus privilegios. Por lo tanto, no puede decirse que fue un error. Todo tiene lugar en un contexto histórico y por una razón de ser. Aunque ya ha llegado el momento para que de forma sosegada se debata si este modelo territorial  puede o debe continuar, basándonos en el principal eje de cualquier tipo de política económica y social que no puede y debe ser otro que dar satisfacción a los intereses generales.

 

Pero, mantener de forma indefinida el contencioso catalán, como antes se hizo con el vasco, como moneda de cambio para sustentar las políticas estatales, no sólo es un fracaso de otros tipo de políticas que debería imperar como es precisamente la señalada, consistente en definir una estructura territorial en la que se termine con los ambages, con la cacicadas y con la dualidad competencial, y que cuando se trate de hablar se hable dentro del contexto del interés general y no del oportunismo y el chantaje, tanto por la parte independentista como también desde el gobierno central aveces con fuerza y otra sin ella, con el 155 y otras sin él y, en la mayoría de las ocasiones con la amenaza y la confrontación, porque lo único que se consigue es lo tenemos, odio, desconfianza, inmovilismo; pero lo que es peor una fractura de las políticas territoriales, económicas y sociales que, como siempre, quienes las pagamos somos los ciudadanos.

 

Hablar del catalanismo es lo mismo que hablar de ese españolismo en el que tan interesado estuvo el Partido Popular, aunque más se asemeja a la posición radicalizada que ahora pretende imponer la ultraderecha de Vox. Dos caras de una misma moneda, pero sobre todo la estupidez elevada a la enésima potencia que, como siempre, tendrán adeptos a los que les valdría más sosegarse un poco y empezar a pensar por ellos mismos que, la imposición y el totalitarismo solamente nos lleva destruir en vez de a construir, a retroceder a épocas pasadas en vez de avanzar. Pero cortos de miras siempre lo hay y los habrá, al igual que falsos patriotas y políticos de pacotilla. Pero sobre todo, de los que hay es a los que les gusta la gresca porque no saben hablar de otra manera sino mediante la violencia.

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