LA DIGNIDAD DE LA MUJER POR ENCIMA DE TODO

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dia internacional de la mujer
dia internacional de la mujer
Parece que la gente, mucha al menos, se acuerdan de las reivindicaciones cuando existe una fecha en el calendario que nos recuerda  el día que es y a qué se dedica; de manera que, parece que el resto del año no hubiese gente que sufre cáncer, diabetes, sida, hambre…, etc; o como en nuestro caso, dado el día que es hoy, parece que la mujer no tiene nada por lo que luchar luchar el resto de los 365 días. Tan sólo una manifestación y no con la repercusión nacional que debería tener, cuando una mujer muere a manos de su pareja o expareja.

Así mismo, hay algo que no deja de sorprenderme, como es el hecho de que en la lucha abierta por  determinadas feministas, y lo digo como mujer y defensora a ultranza de los derechos que nos corresponde, que siente la necesidad de poner al hombre en el blanco de una diana para sacar la espina que llevan dentro por tantos siglos de discriminación, en todos los aspectos.

Es cierto que si la sociedad aún sigue siendo machista se debe fundamentalmente al hecho de que los hombres se han encargado de crear lobies para dejar fuera a la mujer, o al menos, poner límites a nuestra pretendida igualdad con ellos, dando como resultado lo que hoy tenemos, una desigualdad en el acceso al mercado laboral, en las retribuciones y en el ascenso o promoción profesional, aunque resultemos en muchos casos estar mejor preparadas que ellos. Pero, también es cierto, que ese machismo todavía se sigue potenciando dentro de la familia, no existiendo un auténtico equilibrio de deberes entres sexos, entendible en el caso de generaciones anteriores por ser lo que han visto en sus hogares en un momento en que la mujer necesitaba la firma del marido para poder trabajar, sin derecho al sufragio, tanto activo como pasivo; incluso para abrir una cuenta corriente en una entidad bancaria.

Para luchar por unos derechos, por los nuestros como mujeres, no es necesario el uso de la violencia en sus distintas manifestaciones, abarcando por lo tanto la violencia verbal, la desacreditación del hombre como género, aunque lo tengan bien merecido por consentidores de la desigualdad de la mujer. No, no es necesario que en la lucha por nuestros derechos tengamos que hacerlo con consignas peyorativas del genero contrario, que no opuesto, puesto que,  cuando la desacreditación viene apoyada en géneros en vez de hechos reales, la confrontación es inevitable entrando en el juego que muchos de ellos pretenden para devolver la pelota con la misma equina.

De todas formas, si empleamos la lucha, el activismo en defensa de nuestros derechos, su  destino debe ser fundamentalmente contra quienes permiten a estas alturas de la película tal desigualdad que, no son otros que los gobiernos, tanto de un color como de otro, cuya única actuación se ha ceñido a la busca de la paridad en el acceso a determinados puestos o cargos públicos o campañas publicitarias con el intento de concienciar a la sociedad sobre la igualdad entre unos y otros, o en contra de la violencia de género.

Desde luego que la pretendida paridad entre mujeres y hombres ha supuesto un paso hacia adelante, aunque en determinadas ocasiones pueda dar lugar a una discriminación de la propia mujer, ya que con la busca solamente de la igualdad de numero se puede limitar en muchos casos el acceso de mujeres a determinados cargos o puestos de trabajo, estando más preparadas que los hombres. Dicho de otra manera, sin un determinado órgano o puesto de trabajo tienen que estar ocupado en su mayoría por mujeres porque estén mejor preparadas que los hombres,  ¿por que tenemos que ceñirnos a dicha paridad?, y viceversa, si son ellos, para ese determinado puesto los mejores preparados. Todo ello en orden a la eficacia y no para seguir manteniendo una lucha encarnizada donde algunos, ellos o nosotras, salgamos perdiendo.

Tampoco es entendible que la defensa se ciña solamente al mercado laboral en sus amplias manifestaciones, sino también dentro del domicilio de cada cual, pues muchas de las mujeres, como he dicho antes, son las que permiten unos roles que, salvo el de parir por cuestiones evidentes y naturales, no deberían contemplarse como compartimentos estancos, ni en relación a unos ni a otros; dicho de otra manera, no como obligaciones impuestas de hacer una u otra tarea, a veces ni siquiera fruto de una negociación, sino desde la madurez y responsabilidad propia de cada cual de arrimar el hombro para que las tareas domésticas no recaigan siempre sobre nosotras.

“… muchas de las mujeres, como he dicho antes, son las que permiten unos roles que, salvo el de parir por cuestiones evidentes y naturales, no deberían contemplarse como compartimentos estancos…”


Es por ello que, tengo que reconocer, que resulta patético y, que son poco defendibles determinadas organizaciones de mujeres, muchas cobrando subvenciones de las Administraciones Públicas, por tanto subordinadas a la voz de su amo, que en su lucha defienda la misma violencia contra la que luchan. La lucha, entiendo, debe pasar por el examen de conciencia de lo que nosotras hacemos y permitimos tanto en nuestros hogares como fuera de ellos que, ante el abuso machista de quienes dirigen determinadas empresas, nos callamos o resignamos. Pero claro, esto es una cuestión de dignidad o de perdida, en su caso, del empleo por luchar por lo que nos merecemos sobre todo como personas y como mujeres.

Defendamos, pues, la dignidad de la mujer y con ello habremos ganado esta batalla.

 

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