LA DIGITALIZACIÓN DEL CAPITALISO

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Introducción
A mi gran amigo Javier Arias le preocupaban varias aspectos de la vida política y económica de nuestro país. En concreto, a considerar dos:

  • Las pensiones presentes y futuras.
  • La robotización de los medios de producción.

 

Aspectos nada desdeñables si tenemos en cuenta que la evolución jurídica a este respecto no ha evolucionado mucho en dirección a los nuevos tiempos que corren y que llegan al uso de las nuevas tecnologías.

Cómo buen activista social, que lo era antes de político, se centraba en una organización racional del sistema de pensiones y a su vez, en que si hemos de llegar a robotizar la empresa de cualquier sector, al menos que ello repercuta de forma positiva en el mundo trabajador debido a la destrucción de empleo que ocasionaría. Sería cuestión que las empresas que usaran esta tecnología inteligente pagaran mas por usarla y compensar asi la criba de empleo producida.

Javier Arias
Javier Arias







 

Me gustaría que estuviera entre nosotros para dialogar con él lo que ahora sé. Pero al menos por ahora no es posible y digo bien, por ahora, porque la revolución que se está produciendo sin darnos cuenta modifica no sólo nuestra con opción de la vida, sino también de la muerte. Todo es relativo, porque todo es probable, es posible soñar con realidades en donde la persona será el centro de todo y de sentido a todo el nuevo sistema de producción que se avecina. Un mundo sin dinero, un mundo por descubrir y con tiempo suficiente para poder hacerlo. Un mundo no sólo con libre albedrío, sino también con libertar. Libertad, para ser tu mismo.

 

Hacia el estado del bien-que-hacer.

Vamos a imaginar. Imaginar es construir planos de la realidad que deseamos. Mis planos de la realidad que me gustaría, seria un mundo sin dinero, sin poder, sin influencia. Tan sólo de organización y de gestión de los recursos públicos, para todos. Mientras que un sistema productivo basado en la robotización sistemática de la industria y de los servicios nos libera de las tareas más pesadas y rutinarias de un trabajo agotador pudiendo dedicar más tiempo a nuestro propio desarrollo personal, a nuestros amigos, a nuestras familias, a nuestra formación para empleos más complejos y más realizantes y vocacionales.

 

«… un sistema productivo basado en la robotización sistemática de la industria y de los servicios nos libera de las tareas más pesadas y rutinarias de un trabajo agotador pudiendo dedicar más tiempo a nuestro propio desarrollo personal,»

Esto es, pasar de un estado del bien-estar a otro del bien-que-hacer. Ésta, no menos extraña construcción lingüística, no menos rara que la anterior, hace hincapié en el tiempo, mejor dicho, en lo que haces con él, en el uso que le das y como lo aprovechas. El tiempo, constucción efímera e irreal pero no por falsa e ilusoria. Intangible pero cierta. El tiempo como tal, carece de entidad, pero no es un concepto vacío, sino lleno de todo lo tuyo. De lo que haces y de aquellos que dejas sin hacer. No es anto el tiempo en sí sino la forma en que lo administras. De mucho más valor que el dinero.

Este mundo imaginado en mis planos de la realidad probable, es un futuro posible. Pero, no es menos cierto, que un mundo así no es posible sin la intervención del Estado, de todos los ciudadanos que componen una nación. He ahí la mano del dirigente político inteligente. Un sistema en el que un robot inteligente no se distinguirá del humano, podrá sentir emociones y estar triste o alegre, como un humano. Incluso podrá envejecer con el entorno como un humano.



 

Cómo reorganizamos las pensiones en este mundo. Como hacemos para reordenar los sectores y como hacemos para desarrollar una fiscalidad de lo intangible y de la satisfacción personal, porque en un mundo así no se trata de robotizar al ser humano, sino de humanizar las máquinas.

«… no se trata de robotizar al ser humano, sino de humanizar las máquinas.»

 

Tal vez mi buen amigo Javier Arias no pensaba en esa realidad pero por qué no imaginarla. Claro que no es lo mismo que la imagine yo o la imagine un dirigente del estado o de un gobierno. Lo que sí sé es que lo que no se entiende se teme y lo que se teme se termina por odiar. Dicho en otras palabras lo que se teme de acaba por controlar, con lo que obtendremos un capitalismo digitalizado, lo mismo que tenemos pero con mucho más control. Ese es el riesgo que hemos de asumir con la banalización de la política.

 
 

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