LA CUESTA DE FEBRERO

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Siempre lo hacemos al revés: primero gastamos y luego, ¿ahorramos?

Imagen: arout.net

El equilibrio entre lo que se gana, gasta y ahorra es un milagro; tampoco la cuesta es solo la de enero… En algunas ocasiones, no caemos en la cuenta de que la cuesta la provocamos nosotros, impulsados por ciertos «instrumentos» bancarios de plástico, que nos evitan ver cómo el dinero se va.

¿Por qué pagar en efectivo se percibe tan diferente? El profesor de economía del comportamiento de la Universidad de Duke, Dan Ariely, describió el apoquinar en metálico como «el dolor de pagar»:

«La agonía de separarnos de nuestro dinero tiene que ver con la prominencia de ver que ese dinero se va. Y tiene que ver con el momento en que el dinero se va al mismo tiempo que lo consumimos».

Por este motivo, las tarjetas de crédito tienen un efecto psicológico tan extrañamente fuerte en nosotros: evitar el «dolor de pagar». Este concepto también ha sido adoptado por los psicólogos del comportamiento, quienes aseveran que puede causarnos problemas económicos.

Casi todo el mundo tiene un demonio en la cartera, sí, una tarjeta de crédito, ese plástico que no debería llamarse así, sino tarjeta de préstamo.

Imagen: fool.com

En otras palabras, es más emocional para nosotros separarnos del dinero físico real. A veces queremos estar protegidos de ese sentimiento, del dolor de ver nuestra cuenta temblando y la cartera vacía, así que cuando celebramos la Navidad o nos vamos de vacaciones, por ejemplo, sacamos el plexiglés y cerramos los ojos.

El efecto adormecedor que tiene sobre nosotros pagar con una tarjeta de crédito nos hace perder el contacto con nuestros gastos y nos excedamos del presupuesto.

Hace muchos años trabajé en una Caja de Ahorros. Vi muchos desastres económicos generados por el mal uso de ese invento bancario. Desde entonces, uso efectivo casi siempre o tarjeta de débito si no tengo más remedio. Paso de las tarjetas que me anticipen lo que no tengo y que disocian el consumo en el momento del pago; si no llevo efectivo, uso mi única tarjeta de débito que, por lo menos, me da una cierta sensación de pago en el momento.

Imagen: bbc724.com

Hacerlo bien con el dinero no es ciencia infusa. Se trata de cómo te comportas. Y el comportamiento es difícil de enseñar, incluso a personas realmente inteligentes. El gran dinero, las inversiones, las finanzas y las decisiones comerciales generalmente se mueven en el campo base de las matemáticas, donde los datos y las fórmulas pueden indicar exactamente qué hacer.

Pero en el mundo real, las personas no tomamos decisiones monetarias con ayuda de una hoja de cálculo, sino en la mesa de la cena o en el salón de casa con nuestro partener, donde se mezclan las historias personales, nuestra propia visión del mundo, el ego, el orgullo, muy poco marketing y grandes incentivos extraños.

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