LA CONCIENCIA

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Todos los seres humanos tenemos conciencia, si bien algunos la pueden tener distorsionada por algún tipo de patología mental, incluso los que parecen que van de sobrados la tienen.
El conocimiento que los seres humanos tenemos de nuestra propia existencia, de nuestros estados y actos, es fundamental para encauzar nuestras acciones y, consecuente nuestras vidas.

Esto es la conciencia, la reacción consciente al ejercicio de nuestro libre albedrío. De ahí que conciencia y consciencia vayan de la mano, una sin la otra no pueden existir, sin consciencia no hay conciencia, es decir, de la percepción según nuestra moral entre lo bueno y lo malo, de su toma de razón, funcionará nuestra conciencia.

La moral tiene su sustento en una valoración personal con arreglo a lo aprendido fruto de nuestro estudio, contemplación del mundo exterior y de la meditación, entendida ésta última como la interiorización de las dos anteriores, no necesariamente con una conexión de espiritualidad religiosa, aunque también puede existir como delimitación de nuestra moral.

Hay quienes niegan el libre albedrío, precisamente por la constricción de nuestra conciencia, sin embargo, la consciencia de nuestras acciones son las que nos llevan a valorarlas y actuar en consecuencia, optando entre el bien y el mal.

Soy consciente que estamos hablando de conceptos, quizá muy abstractos y personales, sobre los que la filosofía y la antropología, amén de las religiones, han analizado y conformado de distinta manera, aunque todas confluyen en un punto común que es la transposición a nuestra consciencia de la valoración de nuestros actos, y por supuesto de sus consecuencias, que en el caso de las religiones lleva al concepto de culpa y pecado, con la consiguiente alineación de las almas, que no comparto, aunque antropológicamente también exista la conciencia de culpa, sin embargo no siempre encauzada a la condena a las penas del infierno, sino al rechazo social, incluso a su castigo por la justicia penal de los hombres, por aquello que la ley sin espada no es más que palabra, como evolución del derecho natural.

Sea como fuere, con el alcance que cada uno quiera darle, la conciencia nos diferencia de los animales, y por más que algunos quieran taparla con fundamento en falsas justificaciones, al final nos pasa factura a todos, bien en forma de castigo social o bien como remordimiento interior, siendo este último el que más asegura nuestro cambio interior hacia la enmienda, enmienda que si no existiera nos hace ser realmente culpables por reiteración de nuestra conducta, al poderse justificar la actuación inicial en la debilidad, precisamente de nuestra conciencia como único camino de nuestro crecimiento personal.

Por otra parte la debilidad de nuestra conciencia que nos hace errar, también es fruto de la debilidad de nuestra consciencia. Suele ser habitual, que los remordimientos de conciencia, esa lucha que se simboliza con el ángel bueno y el malo hablándonos al oído, al final dejemos en tablas como algunas partidas de ajedrez en las que nadie gana, buscando la comodidad dentro de nuestra zona de confort. Si no tomamos una consciencia sería de nuestras acciones erróneas estamos llamados a volver a repetirlas, con lo que no habrá crecimiento personal, siendo el resultado final que todos ven el de una personalidad débil o alterada, pero lo que es peor, seremos más infelices. Sólo las acciones buenas reportan felicidad y nos enseñará a ser más indulgentes con los errores de nuestros semejantes.

No se puede ni se debe ningunear la conciencia, no porque vayas al infierno, que eso dependerá de las creencias de cada cual, desde luego la mia no, sino porque nos puede llevar al lado oscuro de la vida, donde el desorden de nuestra personalidad nos puede llevar a convertirnos en psicópatas en potencia.

No es fácil obedecer a la conciencia, igual que no es fácil madrugar todos los dias para ir a trabajar, pero igual que es necesario el trabajo para vivir, lo mismo es trabajar lo conciencia para la supervivencia de nuestra propia personalidad y el avance social.

Hay que elegir entre el cinismo y la franqueza, porque  sino asumimos la responsabilidad de nuestras acciones, todo terminará en una conspiración de silencios y, también porque la verdad  no está en las mentiras que nos contamos los unos a los otros, sino en lo que nos decimos a nosotros mismos. Sólo  la verdad triunfará si tenemos conciencia.

 

1 COMENTARIO

  1. Tremendísimo artículo. Lo he disfrutado mucho, gracias Feliciano. La conciencia, que no la consciencia, como se suele afirmar, es lo que diferencia al ser humano de los animales; muy interesante punto. Abrazos.

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