LA CONCIENCIA COMO ALTERNATIVA AL NEOLIBERALISMO

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Dos acontecimiento han marcado el rumbo de la desglobalizazción, la pandemia y la guerra de Ucrania, ambos han puesto en evidencia la necesidad del autoabastecimiento, o sí lo prefieren de la no dependencia en productos básicos de terceros,  fue sintomático el caso de las mascarillas o los respiradores para pacientes ingresados en las UCIS con motivo de la pandemia, y el de la necesidad de diversificar el abastecimiento energético, gas y petróleo, como consecuencia de la guerra de Ucrania. Esto conlleva un giro en las estrategias comerciales, priorizar la investigación en nuevas fuentes de energía, el hidrogeno verde, y dotarse de canales de distribución fiables y eficaces. El reciente acuerdo con Francia y la posterior adhesión de Alemania al hidroducto H2Med entre Barcelona y Marsella es una muestra de ello. Esto a su vez implica nuevas política de comercialización y un marco laboral regulado en función de este nuevo paradigma, en el que la inteligencia artificial está marcando ya el camino de la nueva revolución industrial.

No conviene olvidar, según los expertos en IA, que el verdadero valor de la inteligencia artificial es automatizar procesos complejos y ofrecer soluciones ágiles a conflictos y problemáticas en los que el propio ser humano se ve superado o requeriría de mucho más tiempo. Se habla de 2025 como el año clave para la eclosión de la IA y tal es la confianza en este tipo de tecnología que previsiones del sector cifran en 30.000 millones de euros los destinados a este tipo de estrategias para esta fecha

En este nuevo escenario la izquierda es cada vez más consciente del libreto que le ha tocado interpretar en esta ópera prima del siglo XXI, haciendo causa común con las teorías de los padres de este nuevo paradigma. Entre el capitalismo progresista del que habla Stiglitz y que según sus palabras representa la mejor oportunidad que tenemos de escapar de nuestro malestar económico y político actual como alternativa al estancamiento, la desigualdad, degradación ambiental y acrimonia política que garantiza el neoliberalismo, y el productivismo de Dani Rodrik, que según expresaba en una reciente entrevista confía mucho menos en las fuerzas del mercado y en la empresa privada y mucho más en la capacidad del Estado y de la acción colectiva en general para ser una fuerza transformadora. Se trataría de desconectar el poder económico de la influencia política y priorizar en lograr un equilibrio entre los mercados, subordinados al regimen del derecho y sujetos a controles democráticos, el estado y la sociedad civil.

La amenaza que supone el auge de la ultra derecha no debe distraer a la izquierda de liderar y gestionar esta reindustrialización, asi como destinar los recursos necesarios para la investigación de nuevas energías sin que altere, aún más, el equilibrio medioambiental y entender que la investigación científica es una garantía a futuro.

Este cambio de tendencia supone una amenaza para el empleo, en cuánto a que se precisan especializaciones aún no ofertadas, suficientemente, por el sistema universitario, creándose nichos de empleo cada vez menos demandado y por lo tanto más sujeto a la voracidad de la patronal. La juventud desconfía de los politicos convencionales y de sus políticas, desconfían de los medios de comunicación al uso y sus líderes emergen de plataformas digitales a las que intentan apuntarse, para captarlos, los políticos de quienes desconfían. Esta juventud desarraigada, por cuestiones laborales, necesita seguridad económica, acceso al trabajo, atención médica y vivienda adecuada, una educación de calidad para los hijos, para asi tener las garantías suficientes de poder formar una familia.

¿Estamos ante el fin del neoliberalismo como doctrina del libre mercado? En caso de ser asi, ¿cuál sería la alternativa?

 

Escribía José Saramago que la alternativa al neoliberalismo se llama “conciencia”

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