LA CIENCIA DE DIOS

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«El cielo es mi padre, él me ha engendrado. Tengo por familia todo este acompañamiento celeste. Mi Madre es la gran Tierra. La parte más alta de su superficie es mi martriz, allí el Padre fecunda el seno de aquélla, que es su esposa e hija».

Poeta Védico

 

 

El Alma.

Es increíble el tiempo que pierden los ateos en negar la existencia de Dios, casi siempre por rechazo a la religión o mejor dicho, hacia las ortodoxias de éstas, que no son más que la conformidad con los principios de una doctrina, así como su apropiación del concepto de Dios y como intermediadores entre los divino y lo humano, como hilo conductor con la divinidad para que el ser humano sea digno de entrar en el paraíso.

Desde el momento en que la Iglesias (cualquiera de ella) no puede probar su dogma frente a las evidencias científicas, se produce  un mal intelectual que se convierte en pernicioso para la inteligencia, para el alma y, también  para la sociedad.

He aquí, otro concepto negado por muchos, el alma, en rechazo también a las ortodoxias religiosas, como aquella parte de nosotros que trasciende a nuestra muerte, y no como la fuerza de la intención humana, siendo una de las principales manifestaciones la conexión con nuestro yo espiritual y el de los demás.

No es mi pretensión convencer a nadie de nada sino evidenciar la contradicción entre la ciencia y las religiones. Y, mucho menos de insultar o descalificar a quienes no piensen como yo, cada uno es beneficiario de sus propios aciertos o convicciones  y víctima de sus propios errores. Sólo pretendo sostener que la fuerza del materialismo, del positivismo y del escepticismo no es el mejor camino para dejar que la fuerza de la intención que tenemos dentro, como equilibrio de dos fuerzas, la del corazón y la de la mente, aflore para nuestra propia felicidad y, en consecuencia de quienes nos acompañan en nuestra pasajera vida; porque sin equilibrio de tales fuerzas corremos el peligro de llegar a una falsa concepción de la verdad y del progreso, habida cuenta que la negación sistemática del alma hace que cortemos  las alas a nuestra psique, porque la razón sin la intención no es nada.

¿Resulta acaso pernicioso para el ser humano hablar de amor y compasión, de poner en conexión nuestra fuerza de la intención con la de aquellos de nuestros congéneres dispuestos a cambiar su mundo en conjunción con el de los demás?. ¿Por qué hablar de amor y respeto al resto de seres humanos se identifica con un puritanismo religioso, con una conducta propia de beatos o tragasantos?.

No es la primera vez que niego la existencia de un Dios que recorte las alas de mi alma, que limite mi andadura a un estrecho y tortuoso camino de pecado y perdón, porque de lo único que soy culpable, como un buen día me hizo comprender un buen amigo, un hermano en el espíritu, es de mi conducta ofensiva por reiteración. Esta mal que pueda meter mi dedo en el ojo de otra persona, el desagravio es necesario, pero imperdonable es que después de ese desagravio vuelva a hacer lo mismo.

No concibo a un Dios con la espada en la mano para castigar y perdonar, porque sería una concepción raquítica de lo que considero como  infinito. Sólo concibo al Dios del Universo, en el que la fuerza de la unión de la intención de todos los seres humanos de buen corazón se transforma en una energía que sumada a otras del Cosmos, se transforma en una energía infinita y positiva que da significado al Todo y al Nada.

Y eso es lo que hace que sea cada día más feliz a pesar de mis infinitos errores, tantos como las aristas de una piedra disforme, el investigar en el conocimiento, porque la sabiduría sólo existe cuando se cataliza el imperio de la razón a través del imperio del alma, pero para que la razón sea excelsa debemos haber explorado todo el universo de la ciencia y, tú y aquellos que negáis la existencia de Dios, acaso conocéis hasta donde llegan los límites del universo conocido, si es que tiene límites, cuando ni siquiera sabemos descifrar, salvo unos pocos, la teoría de la relatividad de Einstein. El conocimiento no es sabiduría sino pasa por el filtro de nuestra alma.

No soy de los que imploran en un púlpito el perdón o la ayuda continua de la divinidad, sino que trato de acércame a ella con mis acciones, incluso con las malas, porque  también son parte de mi, pero siempre con el compromiso de investigar los misterios del alma, y también de la ciencia y el conocimiento.

Sólo sabiéndolo todo podría disponer de datos para negar la existencia de Dios, ahora sólo puedo afirmarla ante la inmensidad de lo desconocido y de la suma de las energías de todas las almas errantes como la mía. Muchos considerarán esto como un oximorón y no les falta razón, pero hablando de lo infinito qué no lo es, todo lo que está arriba está abajo, para que haya luz tiene que haber existido la oscuridad. Y, esos mismo dirán, precisamente porque no conozco y nada me evidencia la existencia de Dios, no creo en Él, entonces mi respuesta es que no saben mirar, a mi me sobra ver un alma como la mía pera pensar que eso es Dios y, a diario veo muchas que me hacen sentir el milagro de la vida, aún con la desgracia presente, porque la vida es eso, un oxímonon infinito de luz en la oscuridad.

 

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