HOY HABLO DE UNA PARTIDA DE AJEDREZ Y DE LA CONSCIENCIA DE UN DESTINO LIBRE

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Hablo del otro día, que recuerdo que gané, contra pronóstico, una partida de ajedrez “on line” asistido nada más de torre, alfiles, un caballo y unos cuantos peones, manteniendo mi adversario las piezas principales, hablo del otro día en el que, como en la vida a veces pasa, pareces destinado al fracaso o a la pérdida y no es así, hablo de cuando del fracaso y de la derrota deberíamos compensar y participar unos con otros sus efectos, algunos devastadores pero otros positivos y muy pedagógicos, hablo del otro día y del destino aparente que luego revuelves en el interior y resulta que te da una victoria, hablo de lo que pensaba el otro día y hoy me lleva a pensar y a escribir, bendita palabra, sobre las cosas que ruedan a tu favor cuando todo el mundo piensa que operan en contra, porque, sí, hay que hablar de qué es lo que consideramos anclajes y hay que hablar de las apariencias con las que malvivimos, y de las realidades profundas que cimientan los destinos más nobles, hay que hablar de ello porque habitamos una sociedad timorata que se agarra a los flotadores menos estables y desprecia a los que parecemos náufragos cuando, sin embargo, solo ocurre que vivimos, siendo el vivir, fíjese el lector, lo único que pide el cuerpo desde que naces y lo único a lo que estamos convocados, pero resultando, claro es, que vivir es estar en el medio de la tensión de la existencia siendo quien eres, enarbolando tu bandera, sosteniendo tú el timón, soportando tormentas y tempestades, llorando luego en la calma el recuerdo de la batalla, riendo las alegrías y soñando despierto mirando al horizonte, hablo de la vida que en verdad digo que es auténtica, y lo hago en contraposición a la perversa de la que parece pero no es, aquella de arranque pronto pero trémulo que luego se detiene antes del compromiso y amaga el vivir prefiriendo la dulce muerte de existir anestesiado, hablo de que es mentira que triunfes cuando todo tu cuerpo te dice que no lo estás haciendo, y hablo de que una partida de ajedrez no está perdida hasta el último momento, hablo de que vivir es jugar esa partida habiendo perdido piezas, es decir, estando herido pero no vencido e incluso vivo aunque ya estés muerto.

Recuerdo que ayer fui consciente de que aunque parece que mi deriva pudiera observarse como una situación inquietante, resulta que soy el único que gana en todo esto y que, por otra parte, además, está ocurriendo lo que debe suceder, es decir, no hay en esta deriva nada más que un proceso que me ubica en el destino de lo que debe ser una vida libre y rica en muchos órdenes, recuerdo que acabo de recordar que soy y estoy libre desde hace años, pues ser libre es un estado natural de todo hombre que nace y luego se alimenta del pensamiento y el desarrollo interior para predisponerlo y para, del pensar, hacer nacer una voluntad correspondida con la realidad, pues estar libre es tener disponibilidad para amar, trabajar, sentir, decir, esto es, la libertad requiere tener vacío un espacio tuyo para ti y para otro, porque si quieres ser amado debes estar libre para hacerlo, como libre ha de estarlo aquel que te ama; si buscas trabajo debes estar desempleado y el empleador sin trabajadores; si quieres compartir la vida, sea la que sea, la del amor, la social, la de la amistad, tanto el otro como tú tenéis que estar libres, no bastando solo tu entera libertad, si la tienes, claro, ya que la libertad es un estado que previamente hay que preparar vaciándose antes y de verdad para recibir y ser recibido, para comprometerse y recibir los compromisos de quien te da trabajo, te da amor, amistad, y todo ese etcétera de esperanzas a las que nos abocamos, es eso y desocupar, también, los estantes de nuestro interior donde se acumula la gravedad del error, ese que todos cometemos casi siempre y siempre se reitera porque es el despertador de la consciencia.

Hoy hablo de una partida de ajedrez ganada contra pronóstico, porque la vida me dice lo mismo, que, aunque provisto de menos armas, estoy vivo y libre, dispuesto para lo que venga.

 

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