HIJA SEÑALADA PARA SEGUIR VIVIENDO

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SÁLVAME Y SU PUNTO DE MIRA

Decir a priori que rechazo rotundamente la violencia de género, aunque parezca una forma de justificarme ante la peña, al menos la femenina, del contenido de mi reflexión sobre determinados programas de televisión y de quienes los alimentan, donde determinadas hordas de seudo periodistas parece, por lo menos a mi,  mantienen una confrontación permanente contra el sexo masculino, para reivindicar los derechos de la mujer, como si todos los hombres fuéramos los culpables de su desigualdad o porque no opinemos lo que la mayoría piensa, no por destacar, sino porque la globalización del pensamiento o el pensamiento borreguil rara vez es acertado.

Desde luego que el trabajo pendiente como sociedad tenemos para conseguir una auténtica igualdad de sexos es, todavía a estas alturas, enorme, pero no por ello considero justificadas ciertas reflexiones generalistas que, por tal motivo, se convierte en falacias ad populum, en sofismas populistas que implican la respuesta a un argumento o a una afirmación refiriéndose a la supuesta opinión que de ello tiene la gente en general, en lugar de una reflexión propia, sosegada y fundamentada.

Esta es la tendencia actual de una sociedad mediocre en su raciocinio cuya máxima representación son las redes sociales, y ciertos programas de televisión, donde algunos de sus colaboradores o contertulios,  famosos por  su macarrería sentimental o por ser «hijos de», «esposos o esposas de»… y demás correlaciones o vínculos  familiares, es la única seña de su aparente intelectualidad.

El virulento alcance de ciertos posts en las referidas redes suele ser la demagogia de sus contenidos, el populismo y las afirmaciones generalizadas de acciones que si en particular podrían ser justificadas, sin embargo, suponen un desvarío descarado cuando se sacan de contexto. Lo mismo, en  esos programas cuyos protagonistas venden su vida para alcanzar cierta popularidad que le reporte suculentos ingresos, no sólo sin el menor pudor, sino también sin el menor respeto a ellos mismos y, lo peor aún,  a esa familia que les convierte en famosos de oportunidad, destruyendo su imagen o poniéndola en tela de juicio, de forma merecida o no.

Aterrizando en el tema, sobre el que todo lo anterior ha sido un preámbulo, pretendiendo analizar, con el respeto que merece cualquier persona , a cierta mujer que decidió contar su vida para seguir viviendo, aunque ello haya sido a costa de asesinar la imagen de su hija y por rebote de su hijo, a causa de un grave error que cometió en un determinado momento de su vida, donde la edad hace tortuosas a las personas, como es la propia de la adolescencia, sino además en nuestro caso por  ser víctima antes que la madre de la escabrosa y violenta separación que, por el momento en que se produjo, posiblemente la falta de madurez de ambos cónyuges fuese el detonante  de un ruidoso final televisado,  ello sin prejuzgar las aparentes, aunque presuntas infidelidades del padre y su aparente maltrato.

Con el rechazo y condena a cualquier tipo de violencia, y posicionándose al lado de la presunta víctima en nuestro caso, presunta debido a que el juzgado competente  con las pruebas aportadas en su momento no admitió a trámite la querella presentada por la hija de la más grande, Rocío Carrasco; no entiendo y, por ello no puedo justificar el destrozo de su hija y menos aún, que en ese programa estrella por su mordaz cotilleo, no se proteja su imagen, por el momento en que tan denostable acción de pegar a una madre tuvo lugar durante su minoría de edad.

Meter en el saco del feminismo o de la defensa de la víctima de una agresión machista, la recibida también, en connivencia o no con el padre, de una hija en un momento complicado de su vida, me parece sólo,  no querer conciliar la relación materno filial, sino es más, dinamitarla, convirtiendo además  en cooperadores necesarios a los palmeros colaboradores de ese programa de la cadena del cotilleo donde la maltratada se ha abierto hueco tras la parada ocasionada por sus secuelas psíquicas, vendiendo su vida como forma definitiva de superar una depresión.

Pero, no es la primera vez que en ese programa se suben al tren de la manipulación mediática de vidas ajenas vendidas por padres y madres, hermanos y hermanas, hijos e hijas, y demás familias, enarbolando banderas de justicia sin un juicio previo con garantías para el acusado o acusados que correspondería en cualquier caso a los juzgados y tribunales de justicia dentro de un estado de derecho, donde la presunción de inocencia debe ser el eje donde basculen nuestros derechos y libertades, además de la responsabilidad por nuestros errores o acciones. El resto sería difamación y, por tanto, una actuación punible, convirtiendo esos programas en la plaza pública donde el pueblo lapida a los que ellos consideran culpables erigiéndose en jueces supremos  e infalibles, como no, bajo la batuta de los amos del cortijo Jorge Javier Vázquez y Carlota Corredera,  en donde quienes discrepan son señalados como machistas o como enemigos de la propia cadena o productora del programa,  y que en otras ocasiones no han dudado poner en tela de juicio aún procediendo de determinadas mujeres por usar su libertad en la manera que han considerado adecuada, sólo por no resultar para ellos políticamente correcta, cuando han atacado al programa por invasión sobre de su libertad de pensamiento y, consecuentemente, de actuación.

Mercadear con el presunto maltrato la propia víctima, sobre todo con una cadena líder por sus programas de alcahuetas a sueldo, no sólo hace que en cierto modo me chirrie la historia que me cuentan, máxime si se cuestiona a los propios tribunales de justicia como únicos garantes de un estado de derecho en su competencia y su deber propiciar un juicio justo, por el hecho de no admitir a trámite una querella, cuando existen recursos contra este tipo de autos de inadmisión y, sobre todo, porque si cuestionamos nuestro sistema judicial por algunos de sus errores evidentes, ¿qué nos queda?, máxime cuando la crítica a este sistema no se acompaña de fundamentos que hagan evidente la injusticia de su decisión. En todo caso, existe la posibilidad de volver a acudir a ellos, si nuevas pruebas constituyen indicios suficientes para volver a abrir el proceso.

Tampoco con ello quiero decir que las víctimas en general de cualquier tipo de violencia tengan que estar calladas o deban abstenerse de acudir a los medios como forma de hacer publica su denuncia,  si estos son serios y objetivos en la forma de tratar la noticia. Sólo digo que las alcahuetas siempre distorsionan el mensaje en aras de conseguir audiencia, siendo éste el modus operandi de ese periodismo  amarillento por su trayectoria de chismorreos y poca catadura moral en tratar la imagen de  personas que convierten en personajes, quizá de forma merecida por participar en el circo mdiático de su programación, en el que aquí también hay que meter a la hija de quien hablamos. Al igual que tampoco nada tengo que objetar que quien cuanta su dolorosa vida ante una concurrida audiencia lo haga como fin de alcanzar su paz interior, sin embargo, no lo comparto si se hace a costar de destruir la imagen de quien igual que ella ha sido víctima de la violencia doméstica.

El fin de la película, no puede ser otro: hija señalada para seguir la madre viviendo de la cadena que le ha comprado su amarga vida….Ayyy si la más grande levantase la cabeza, ella que se hizo grande por su profesión como artista, no como su descendencia por vender su vida… aunque sea para vivir matando.

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