Me dices que me falta firmeza, y no te digo que no tengas razón. Pero quizá, no te des cuenta que no se deba a una falta de seguridad, si bien es cierto que en una sociedad donde impera la tan vertiginosa, prolija y cambiante informacion que se convierte en desinformación, resulta complicado ser ferreo a determinadas posiciones. Tampoco por falta de audacia o tibieza, sino porque me cansa sobremanera la discusión, sobre todo, cuando tu interlocutor no está dispuesto a escuchar, tan sólo el marcaje de tus ideas. Dicho de otra manera, imponer su razón aunque no la tenga.

Uno va cumpliendo años y, si bien es cierto que cuando te quedan menos por cumplir que los ya cumplidos nada tiene de especial tener la razón o no tenerla, ni siquiera tener más o menos conocimientos. Bien es cierto que el saber no ocupa lugar y, nada me satisface más que acostarme cada noche habiendo aprendido algo nuevo; pero sabio no sólo es el que se come los libros sino el que interioriza lo leido y, si algo te dan los años, es la sabiduría de la experiencia, donde la máxima, al menos en mi caso, no es dar una imagen, sino entenderte a ti mismo y ser coherente con lo que piensas.
Sólo me importa hacerme entender lo mejor posible para comunicarme correctamente, para conectarme con el mundo que me rodea y no perder la razón en el deseo de tenerla, y sobre todo, no perder el eje de mi personalidad, sin preocuparme de las consecuencias de caer bien o mal a los demás, porque en el largo camino recorrido honores tengo ganados y perdidos, unos merecidos y otros sin merecer en ese inevitable encuentro con ángeles y demonios, quizá reflejo de los que tengo dentro.
No pretendo medallas, ni cargos, ni oficios y menos de los que pueda hacer depender mi honor y dignidad. No deseo brillar más de lo que ya he brillado, ni necesito sacar brillo a mi alma sino es para ganar el paraíso de mi existencia, aquí… y quien sabe si también en el más allá, de cuya existencia cada vez dudo más.
Me dices que necesito firmeza, y no te falta razón, pero no quiero la firmeza de una roca que quiebra a determinadas fuerzas exteriores, sino la de un junco que se mece por el viento sin romperse y que unido a otros consigue la fuerza suficiente frente a mareas y tomentas que la roca han desgastado.

Si, ncesito más firmeza para seguir viviendo con arreglo a mis principios, esos que me ensañaron mis padres, sin necesidad de codigos de ética impuestos y de filosofías barastas, o encontrados en libros de autoayuda, princpios que no son muy diferentes a los tuyos; firmeza para no abandonar el camino de mi progreso espiritual; firmeza para seguir siendo sincero y honesto, aún a pesar de los traidores que mancillan mi nombre y dificultan mi camino; firmeza en defender y apoyar a todos con los que comparto mi vida; firmeza en decir lo que pienso de manera fundada, racional y con generosidad y belleza, intentando no molestar a nadie; firmeza sin confrontación y, menos aún dando lecciones, pues no soy maestro de nada pero si aprendiz de todo; firmeza de seguir amando la vida a pesar de las piedras que dificultan mi caminar, aveces; firmeza para alejarme de los tibios, pero también de los que piensan que el poder es un privilegio y no un servicio y que lo anhelan con el deseo doblegar e imponer su fuerza; firmeza para seguir estando a tu lado sin peder de vista el amor que de ti recibo.






Magnífico artículo.
Sin firmeza nada en el mundo se sostendría. Cuánta falta hace la firmeza!!!