FIGMUND SREUD

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Cuenta Leonardo da Vinci que en cierta ocasión, a una edad muy temprana, un milano se posó junto a él, abrió su boca con la cola, y golpeó muchas veces sus labios con la susodicha.

Unos cuantos cientos de años después, vino el salido de Sigmund Freud, diciendo que esta fantasía se basa en el recuerdo de chupar el pezón de su madre, e hizo notar el evidente simbolismo fálico de la cola, haciendo un paralelismo entre «chocar la cola contra la boca» y una felación. Sigue el austriaco, hoy checo, fabulando aún más:
al vivir solo con su madre, en ausencia de padre, con el posterior descubrimiento de que la mujer no tiene pene, este anhelo se transforma a menudo en su contrario y da lugar a una aversión que en los años de la pubertad puede convertirse en la causa de la impotencia física, la misoginia y la homosexualidad permanente.

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Transformó el mamar del pecho materno en el hecho de ser amamantado, es decir, en pasividad, y por tanto en una situación de indudable carácter homosexual. A eso le suma la dominación que la madre tuvo sobre el hijo cuando apenas era unEl bueno de Sigmund suelta algunas perlas más acerca de Leonardo y su universal «Gioconda», llegando a contemplar la posibilidad de que la sonrisa de la dama del cuadro, no fuera otra que la deCaterina, su madre.

Es obvio que las pajas mentales del Doctor Freud son tan mayestáticas como discutibles. Y como muestra, elegiré mi propia persona como conejillo de Indias. Veamos qué obtendría el inventor del psicoanálisis de mi pobre bagaje vital.

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«Cómo hijo único criado con dos figuras femeninas, su madre y su abuela, amén de un padre que pasaba no demasiado tiempo en el hogar celular, la influencia visual de cuatro pezones desde el comercio de su existencia, ha generado en el individuo objeto de estudio, una inconsciente atracción por las vacas lecheras y sus cuatro ubres; una diríamos obsesión que, en último término ha llevado a C.M. a una compulsiva obsesión por los cuernos y el semen -fluido que mana de una única ubre: el pene-; de modo que este sujeto tendrá una fijación natural, una imperiosa necesidad de eyacular dentro de las vaginas de mujeres entradas en carnes y con vitiligo. El cuerno, los cuernos vacunos símbolo de la infidelidad, conducirán al pobre miserable a un frenesí tal que, de tanto fornicio, terminará sus días consumido por la sífilis o algo peor. La imagen de su padre perdurará en el tiempo como ese gilipollas que siempre quiso ser…»

No comentaré la razón por la cual no afirmo ni niego los aciertos o desaciertos de las conjeturas que un momentáneamente resucitado Sigmund Freud ha dibujado de mi alma; sólo diré que la sonrisa de Lisa Gherardini, tiene su origen en la curiosa costumbre del maestro de Anchiano, de pintar complemente desnudo; razón por la cual y dado el inmenso tamaño de su miembro viril, solía producir picaronas y misteriosas sonrisas entre sus modelos.

Henri Matisse

En realidad, las verdaderas obras maestras tenían lugar delante de las tablas y lienzos después de terminada la sesión de posad

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