¿EXISTE DIOS?

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La definición más común de Dios es la de un  ser supremo, omnipotente, omnipresente y omnisciente; creador, juez, protector y, en algunas religiones, providente y salvador del universo y de la humanidad; sin embargo desde mi concepción panteísta de la divinidad, salvo los tres primeros adjetivos, con el resto no coincido mucho; incluso con el atributo del «ser» tengo mis reservas, si con él se pretende dotar de humanidad a unas propiedades permanentes e infinitas.

Mi concepción de la divinidad es la que identifica con el universo y la naturaleza. No como.un ente, sino la suma de lo que es, fue y será. De otra manera entiendo una concepción de una divinidad raquítica e infantil que se aleja del carácter inconmensurable con la que la percibo; incluso tiránica como juez del que depende el juicio final de premiar a los buenos con la salvación eterna y castigar a los malos a las penas más horribles en el infiero, sin posibilidad de redención, más que aquellas almas que pasan por el purgatorio, lugar similar al infierno pero, a diferencia de éste, temporal, cuyo existencia admitida por la Iglesia Católica emerge por primera vez en el Tractatus de Purgatorio Sancti Patricci, un texto en latín del año 1180 escrito por el monje inglés Henry de Saltrey, y no precisamente porque haya vuelto alguien del más allá para demostrar su existencia.

He oído decir a algunas personas, para afirmar la existencia de la divinidad que, si Dios no
existiera lo crearíamos o lo tendríamos que inventar, lo cual viene a confirmar la necesidad
del ser humano en creer en un ser superior que dirija nuestras vidas y nuestro destino, y así ha sido desde el homo sapiens hasta la actualidad; prueba de ello son las pinturas
rupestres que se han encontrado en lo más profundo de algunas cuevas, donde se buscaba la conexión en la intimidad con esa divinidad como respuesta a todo aquello que se escaba al entendiendo y control por el ser humano o de su perpetuación más allá de la muerte, y que, trasladado a la colectividad y al dominio sobre ésta, ha dado origen a las diferentes religiones.

Para otras personas, es difícil hablar de Dios sin vincularlo a las religiones, gran error. Hoy
en día, por influencia de las monoteístas, se representa en la iconografía religiosa
a un dios antropomorfo, que como dijo Friedrich Wilhelm Nietzsch, con otras palabras,
muestra la osadía del ser humano de crear a un dios a su imagen y semejanza,
consecuencia de la vida decadente, como refugio para los que no pueden aceptar la vida
con sus claros y oscuros; incluso en algunos casos identificándose con Él, como los
faraones de Egipto hace 4.000 años

En el mismo sentido Jenófanes de Colofón, dijo:

«Chatos, negros: así ven los etíopes a sus dioses.

De ojos azules y rubios: así ven a sus dioses los tracios.

Pero si los bueyes y los caballos y leones tuvieran manos, manos como las personas, para dibujar, para pintar, para crear una obra de arte, entonces los caballos pintarían a los dioses semejantes a los caballos, los bueyes semejantes a bueyes, y a partir de sus figuras crearían las formas de los cuerpos divinos según su propia imagen: cada uno según la suya.»

Sea como fuere, son las religiones las causantes de esa concepción tan limitada de lad divinidad, dotándola de una magia eterna que confronta con la ciencia y la racionalidad, tan denostada y castigada por el catolicismo, con sustento en una largar trayectoria histórica que emerge desde la antigüedad, como origen de las religiones, además de lao continuidad y unidad doctrinal basada fundamentalmente en la fe.

Es cierto, que existe una conexión entre el monoteísmo y el panteísmo con el que  me identifico, aunque solo en que ambos parten de una única verdad, de que Dios es la causa, sustancia primaria o materia que constituye al mundo, materia de la que participa la existencia del ser humano, por lo que, aunque pueda resultar sacrílego para algunos, el hombre por ser una parte de Dios se convierte en Dios, pues se unifica con el resto de la existencia del universo como parte del mismo, como esencia del mismo, lo que al final se transforma en un Dios demiurgo que se de mina identificándose con el universo.

De manera que, el que Dios sea la causa primigenia del universo, no es relevante, lo
relevante es la propia existencia del Universo que desde mi percepción identifico con la
Deidad, no como un ente, sino como la ley natural, es decir, la dada por la naturaleza de las cosas, por la propia existencia, más allá del tiempo y del espacio, abarcando otras dimensiones que no somos capaces de percibir con nuestros sentidos de la que nos habla la física cuántica, y que en definitiva, desemboca en el universo conocido y desconocido.

Por supuesto que, privando a la existencia de Dios de la magia eterna que le dan las
religiones monoteístas, las dudas que se generan en mi cabeza al intentar moldear la
inconmensurabilidad de la divinidad con mi limitada percepción personal, estoy perdiendo
la posibilidad de tranquilizar mi conciencia con unos moldes basados en el perdón y en la
salvación de mi alma, pero no me importa, no porque me permita acercarme una postura
libertina o de estar por encima del bien y del mal, sino todo lo contrario, porque genera en
mi la necesidad permanente de seguir buscando en mi interior el milagro de la propia
existencia.

He dicho.

1 COMENTARIO

  1. Excelente artículo.
    Creo que en el fondo es el tema que más nos preocupa a los seres humanos, ya nos declaremos ateos, agnósticos o creyentes.

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