EVERYBODY LOVES TONY

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El 10 de junio del 2007 se emitió el último capítulo de la serie más importante de todos los tiempos. Sí, LA MÁS IMPORTANTE DE TODOS LOS TIEMPOS. Y esta afirmación no es gratuita, antes de 1999 la línea que separaba la televisión del cine era nítida e intrazable, para la pantalla gigante estaban reservadas las escenas explicitas de violencia y de sexo, el ritmo profundo del desarrollo de la trama y los personajes principales de ambigua moral con los que no compartiríamos ni un café en la vida real, pero amamos en la ficción. Sin embargo, un buen día HBO se preguntó ¿Si en el cine se puede empatizar con un antihéroe por dos horas, que podemos hacer con seis temporadas? Así nació The Soprano.

La trama es bastante sencilla, Tony Soprano es un padre de familia, y como todo cabeza de familia procura lo mejor para los suyos: se preocupa por el desarrollo de sus hijos, trata de mantener vivo el romance con su esposa y busca proveer el mejor estilo de vida para su senil madre; no obstante, como todo hombre de familia su trabajo lo absorbe por completo, por lo cual empieza a asistir a la terapia con la esperanza de encontrar un  necesario equilibrio emocional, por cierto olvide mencionar que su trabajo es ser el jefe de la mafia de New Jersey.

Durante las seis temporadas que duro The Soprano nos permite acercarnos al mundo del crimen humanizándolo a tal punto que en una escena asistimos a la cena familiar del matrimonio Soprano y en la siguiente vemos a Tony golpear, torturar y asesinar al rival de turno; entendiendo luego de todo que no existen buenos y malos, ni todo es blanco y negro, sino que existe una inmensa escala grises que nos hace preguntarnos ¿Por qué sentimos tanta empatía por estos personajes complejos, violentos y atormentados? ¿Acaso somos como ellos o que queremos serlo?

No, todos admiramos, tememos o amamos a Tony, pero no queremos ser como él. La afinidad que genera el personaje obedece al universo en que se desarrolla, The Soprano es la historia de Tony Soprano contada por Tony Soprano (a través de sus sesiones con la terapeuta), en este contexto tan vulnerable observamos realmente las tristezas, temores y preocupaciones del hombre común, encontramos en los problemas del personaje las dificultades que padecemos en el día a día, salvo por el contexto criminal, Tony es uno de los nuestros.

Finalmente, haciendo ejercicio de memoria, recordemos lo que pensamos cuando vemos a Ray Liotta siendo un buen muchacho o a Frank Costello infiltrando la mafia irlandesa en el FBI, sinceramente ¿Quién no quiere ser Gordon Gekko en Wall Street? Es por ello que no exagero al afirmar: Everybody loves Tony.

 

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