El verbo “soltar” tiene catorce acepciones en la R.A.E., muchas me parecen para esas dos sílabas. Alguna definición contraria a otra, por ejemplo:
-
Hacer al vientre evacuar con frecuencia.
-
Explicar, descifrar, dar solución.

Y esta otra, la que al menos yo, conozco mucho, pero utilizo poco:
- Desasir lo que estaba sujeto.
Está de moda utilizar esa palabra para referirse a: alejarse, separarse o dejar ir a alguna persona, como si fuera un globo lleno de helio atado a la muñeca, al que solo basta con deshacer la lazada para que vuele lejos.
Dejar ir como si lo tuvieras preso en una cárcel, cuando el que está encerrado es el sostenedor y no el sostenido.
Mientras esa idea gira en la cabeza abro la boca, obediente al diccionario, deseando que escapes en un aullido; pero sigues dentro, tumbado entre las costillas sin querer moverte. Y no es que yo no suelte, quiero que te vayas y que no dejes ningún rastro de haber pasado por mí, que te lleves todo lo tuyo, hasta ese pedazo de corazón comido por la carcoma, los arañazos en las tripas y los restos de semen repartidos por el cuerpo.
Tengo todos los orificios del cuerpo abiertos, igual que entraste te puedes marchar, pero ¿cómo cierro yo los caminos excavados por tu lengua? ¿Qué puedo plantar en los huecos de tus dientes que me sirva de alimento? ¿Dime de qué manera puedo hacer desaparecer el rastro de un sexo que todavía no está cansado ni vacío, que aún le queda tiempo y espacio para aguardar?
Sal corriendo, tú qué sabes cómo, nunca te gustaron los grilletes, salvo para las muñecas ajenas. Quizá sea una acepción la solución a lo que no se explica, como dice la Lengua de la Academia Real, hacerte evacuar de mi vientre sostenido por las patas de las decenas de mariposas que lo habitan, ellas son libres también. Abandónalo, mi vientre, ese lugar donde tus manos cubren cada hondonada haciendo llanas las alturas.
Me doy cuenta de que en la escatología de esa definición se encuentra la entrega y la libertad absoluta, y ya es extraordinario encontrarla entre la mierda. Te regalo mi fantasía para que escapes en ella, como a hombros de la alfombra de Aladino, te empujo para que aprendas a volar y te suelto con la sensación de no haberte sostenido nunca.







Me ha dolido al leer tu artículo porque (aunque no lo se con certeza) intuyo que sale de lo más íntimo.
Yo me apuntaría a la acepción catorce: “empezar a hacer algo”. Es decir: dar un primer paso. Tras ese, vendrán más por sí solos, que irán marcando distancias. Y con la distancia de lo que causa dolor, paz y sosiego.
Toda mi solidaridad y apoyo contigo.
Sí, la verdad es que esa es la mejor. Gracias, Teófilo, por la lectura y tus palabras.